Rosario Mohedano ha querido vestirse esta semana de artista disputada. Preguntada por la periodista Beatriz Cortázar, la cantante ha asegurado que le llueven las propuestas para volver a la pequeña pantalla y que, sin embargo, las rechaza una tras otra: «Me hacen ofertas todas las semanas para trabajar en televisión, pero me niego». La frase dibuja el retrato de una diva por encima del medio, de quien puede permitirse el lujo de decir que no. El problema es que su propia hemeroteca, y no la nuestra, desmonta esa pose en apenas un par de titulares.
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El desdén de quien hace un año celebraba volver
Para calibrar el tamaño del gesto conviene rebobinar apenas doce meses. En julio de 2025, la hija de Rosa Benito y Amador Mohedano reaparecía en Telecinco, en Fiesta, tras más de una década de ausencia, para cantar a dúo con Amor Romeira. Y lejos de mostrar desapego alguno hacia la televisión, se deshacía en gratitud por regresar «a esta que fue mi casa». No solo eso: dejaba una declaración que hoy le explota entre las manos. «Ahora sigo trabajando en la televisión, porque los artistas necesitamos la televisión, y estoy feliz de volver», proclamaba entonces, sin rastro de la altivez que ahora exhibe.
Aquella misma tarde repartió las dosis de dramatismo habituales en la saga —el «yo toqué fondo», el «perdono, pero no olvido», la «paz interior» que dice haber conquistado—, pero el titular real era otro: una artista que reconocía, con todas las letras, que necesitaba el plató. Que entre 2025 y 2026 haya pasado de suplicar el regreso a presumir de rechazar ofertas semanales no habla de un ascenso meteórico en su cotización, porque tal ascenso no ha existido. Habla, más bien, de una narrativa a la carta que se reescribe según convenga al relato del día: ayer, la superviviente agradecida; hoy, la estrella esquiva. La coherencia, como tantas veces en este universo, es la primera víctima.
La televisión que sí acepta: la que le vende el próximo single
Porque hay un matiz que la frase orgullosa se cuida mucho de aclarar: Rosario Mohedano no rechaza la televisión, rechaza cierta televisión. La que no le sirve de escaparate. En cuanto ha tenido un producto que colocar, la vemos aparecer sin remilgos y en cadenas rivales a la vez. El pasado mes de mayo, sin ir más lejos, paseó su nuevo tema, Maestra de emociones, por medio país televisivo en cuestión de días: lo presentó primero en Fiesta, en Telecinco, y lo cantó en directo poco después en Y Ahora Sonsoles, en Antena 3, ante Sonsoles Ónega. Ninguna de esas visitas, por lo visto, entraba en el saco de las ofertas que se declina con la nariz levantada.
La distinción, en el fondo, es tan reveladora como sencilla. Lo que Rosario Mohedano dice rechazar son las colaboraciones de plató, la tertulia, el trabajo televisivo que exige estar y opinar semana tras semana sin nada que promocionar a cambio. Lo que acepta, en cambio, es el minuto de oro para cantar su single de turno. Es decir: dice que no a la televisión que da de comer y que sí a la que hace de tienda. Presentar esa elección puramente interesada como un acto de integridad artística, como quien renuncia a un caramelo envenenado, es donde la pose se resquebraja del todo. No es que sobre a la televisión: es que la necesita, y mucho, pero solo cuando tiene mercancía que despachar.
La compositora que vive del apellido
El desajuste se agranda cuando uno repara en la mercancía. La gran apuesta musical de Rosario Mohedano en este 2026 no es un salto creativo ni una reinvención, sino Maestra de emociones, un homenaje a su tía Rocío Jurado lanzado al calor del vigésimo aniversario de su muerte, con una portada que rescata una foto de su infancia junto a la tonadillera y unos versos —«y sigo interpretando tus canciones, sabiendo que no hay nadie como tú»— que resumen sin querer toda una carrera. Porque esa es, en esencia, la propuesta: seguir interpretando a la tía. En sus espectáculos, ella misma lo ha contado, mantiene temas de Rocío Jurado como «Muera el amor», el primero que cantó con ella con Cuatro años. El apellido y el repertorio heredados sostienen buena parte del edificio.
Y sin embargo, la autopercepción vuela mucho más alto que los datos. Rosario Mohedano se define compositora y productora, presume de que «no solo canto canciones, sino que además las compongo y las cantan otros artistas», asegura ser «músico» desde que se levanta hasta que se acuesta y coloca entre sus referencias, sin pestañear, a Alejandro Sanz, «uno de los grandes de este país». Un ego de diva consagrada que no termina de encajar con una trayectoria cuyo hito más reciente y más promocionado es una balada dedicada a su tía. La conclusión se cae por su propio peso: quien de verdad tuviera esa agenda repleta de ofertas y esa dimensión artística no necesitaría anunciar por la prensa que las rechaza. Que Rosario Mohedano sienta la necesidad de proclamar su desdén hacia una televisión a la que, por su propia confesión, acude encantada en cuanto tiene un single que vender, dice mucho más de lo que pretendía contar. La estrella que puede permitirse decir que no, sencillamente, no dice que ha dicho que no.
