Tania Llasera ha roto el silencio sobre las cláusulas físicas y los pulsos de poder que vivió bajo el mando de Paolo Vasile en Mediaset. La presentadora desvela que su fichaje en 2010 no fue por su currículum, sino por una insólita capacidad de «caer bien a las mujeres», un valor que la cadena intentó moldear a base de exigencias sobre su peso y su imagen personal.
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El «superpoder» de la empatía femenina
La entrada de Llasera en Telecinco tuvo un origen puramente estratégico. Paolo Vasile, entonces consejero delegado del grupo, le confesó con total crudeza el motivo de su contratación: «Tienes algo muy raro en una presentadora, y es que caes muy bien a las mujeres. Eso es tan raro que por eso te doy trabajo». Para el directivo, la ausencia de envidia que generaba Tania era un activo comercial que debía explotarse en formatos de gran audiencia como La Voz o Gran Hermano.
El pulso por el tupé: «Del pelo no opinas»
A pesar de ser su «ojito derecho» por su conexión con el público, Llasera tuvo que plantar cara a las obsesiones estéticas de Vasile. El italiano le exigió en repetidas ocasiones que se dejara el pelo largo para encajar en el canon tradicional de las presentadoras de la casa. Tania, consciente de que desafiar al jefe máximo podía costarle el contrato, se negó en redondo: «Podrás opinar de todo, pero del pelo no». Fue su primera gran victoria contra el rodillo de uniformidad de la cadena.
Dietas por contrato: la báscula como guionista
Lo más oscuro de aquel periodo fueron las presiones sobre el cuerpo de las trabajadoras. Llasera ha revelado que las presentadoras tenían prohibido por contrato alterar su físico. La vigilancia era asfixiante: «En las pruebas de estilismo venía la directora del programa y, dependiendo de cómo me quedara de ajustado, me pedía que comiera más o menos el fin de semana». Años después, esa misma directiva se disculpó con Tania, reconociendo que ambas fueron «víctimas de otros tiempos y otros estándares de belleza».
El hambre en el despacho de Vasile
La experiencia de Llasera no es aislada. Sonsoles Ónega también ha recordado recientemente la dureza de las negociaciones con el ex CEO. Ónega relata que pasó «mucho hambre» encerrada en su despacho durante las horas que duró la comunicación de su salida hacia la competencia. Vasile intentó «lo posible e imposible» para que se quedara, pero el control absoluto que ejercía el directivo terminó por desgastar a figuras que, como Llasera, buscaban evolucionar fuera de esos rígidos moldes.
