Un joven de 18 años que ya estaba entre rejas figura como presunto cabecilla de un grupo que preparaba secuestros, robos y agresiones contra grandes fortunas en Francia. Cuando los funcionarios de prisión le requisaron dos teléfonos móviles en la celda, los investigadores encontraron dentro veintiséis direcciones de cantantes, futbolistas, joyeros y empresarios adinerados. Una de ellas era la de Kylian Mbappé.
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Kylian Mbappé, delantero del Real Madrid, aparece así, sin comerlo ni beberlo, en el sumario de una investigación que dirige la justicia francesa y que no va contra él, sino contra quienes presuntamente lo tenían apuntado. El señalado como presunto cerebro de la organización se llama Clément L., tiene 18 años y era conocido en redes por el seudónimo Lester Z. Habría coordinado parte de las operaciones desde la cárcel, valiéndose de Snapchat para hablar con sus cómplices del exterior. Él lo niega: ante los investigadores admitió parte de los hechos, pero rechazó ser el cerebro de nada y aseguró que actuaba únicamente como intermediario.

Una caja vacía en la puerta de un relojero
Todo arrancó el 25 de abril en Neuilly-sur-Seine, uno de los municipios más acomodados del área de París. Tres hombres se presentaron en casa de un relojero haciéndose pasar por repartidores y llevando una caja. El propietario sospechó y no llegó a abrir la puerta. Los falsos mensajeros huyeron dejando atrás el paquete, y esa marcha precipitada es la que terminó abriendo el caso: la caja estaba vacía, pero conservaba huellas dactilares aprovechables. Días después, dos hombres armados asaltaron la relojería y se llevaron once relojes de lujo valorados en 150.000 euros.
A partir de ahí entró en escena la Brigada de Represión del Banditismo de París, la unidad especializada en bandas organizadas, que empezó a tirar del hilo de aquellas huellas y de los movimientos posteriores del grupo. Las pesquisas acabaron conduciendo hasta un nombre que ya estaba fichado y que, además, ya estaba encerrado: Clément L. cumplía prisión por otros procedimientos ajenos a este. Pese a su edad, arrastraba dos condenas por delitos relacionados con las drogas y otra por robo con violencia.
Veintiséis direcciones y un futbolista en la lista

El giro llegó dentro de la propia prisión. Los funcionarios le incautaron dos teléfonos móviles y, al volcarlos, los investigadores se encontraron con un listado de veintiséis direcciones. No eran nombres al azar: cantantes, futbolistas, joyeros y empresarios acaudalados, todos con el mismo denominador común, un patrimonio elevado y una vivienda localizable. Entre los posibles objetivos figuraban varios millonarios, y dos destacaban por encima del resto. Según una fuente judicial, el joven también quería atacar a un conocido rapero, cuya identidad no ha trascendido, y al propio Kylian Mbappé.
El detalle que más ha llamado la atención de los investigadores es que la privación de libertad no habría frenado nada. Desde su celda en la prisión de Villepinte, al noreste de París, Clément habría seguido operando con el alias Lester Z para presuntamente dar instrucciones a los suyos en la calle. Un listado de objetivos, un canal de mensajería efímera y un presunto responsable al que ninguna reja había desconectado del negocio.
Bridas, cinco móviles y una segunda detención
El 19 de agosto los investigadores lo detuvieron cuando salía del juzgado de Bobigny, donde ese día tenía que ser juzgado por un asunto relacionado con proxenetismo que finalmente quedó aplazado. Poco después fue arrestado un segundo sospechoso. En los registros que siguieron, los agentes encontraron bridas de plástico y cinco iPhones que todavía están siendo analizados. Dos días más tarde, el joven fue imputado por robo organizado y quedó encarcelado y en régimen de aislamiento.
Este miércoles volvió a defender su versión ante la sala de instrucción de Versalles. «Sé que los hechos son graves», reconoció con voz entrecortada, mientras pedía salir del aislamiento. El joven, que dejó los estudios durante el primer curso de formación profesional de cocina, sostuvo delante del tribunal que quiere rehacer su vida. «De verdad quiero ser chef; ha sido mi sueño desde niño». El tribunal decidió mantenerlo encarcelado y aislado mientras la investigación sigue abierta.
El manual del asalto a las fortunas en Francia
El caso encaja en un patrón que la policía francesa lleva tiempo describiendo y que aquí aparece completo: el falso repartidor como llave de entrada, la caja como excusa para que alguien abra la puerta, el relojero y la joyería como objetivo de mercancía fácil de mover, y una lista de domicilios de gente conocida elaborada como si fuera un catálogo. Las bridas halladas en los registros apuntan a que el guion no terminaba en el robo. Los deportistas de élite son, en ese esquema, un blanco especialmente rentable: su patrimonio es público, su calendario es público y su domicilio es a menudo un secreto a voces.

La otra cara del asunto es el contraste con la vida que el futbolista hacía mientras todo esto se instruía. Hace apenas unos días se le veía paseando por Madrid de la mano de Ester Expósito, con total naturalidad. Ninguna de las dos escenas se ha cruzado hasta ahora en el sumario, y no hay indicio alguno de que la actriz tuviera nada que ver con la lista, pero juntas explican por qué veintiséis direcciones en un móvil dan tanto miedo.
Ese romance viene rodando desde la primavera, cuando la pareja dejó de esconderse en una escapada por la costa de Cerdeña que terminó con fotografías a bordo de un yate y una cena con dedicatoria en un restaurante de Cagliari. Desde entonces han normalizado los planes cotidianos a la vista de todos. Un catálogo de domicilios ajenos convierte esa rutina en un asunto de seguridad.
