La música de Aitana ha cruzado el Atlántico, pero lo ha hecho con la boca tapada. Una de las aspirantes de Operación Triunfo USA, la versión estadounidense del formato que acaba de estrenarse al otro lado del océano, eligió Superestrella para presentarse ante el jurado en la gala inaugural del concurso. Y quienes conocen la canción de memoria detectaron enseguida la anomalía: faltaban trozos. La producción del programa había maquillado la letra hasta dejarla irreconocible en dos de sus versos más reconocibles.
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No hubo censura ideológica, ni veto artístico, ni un pulso entre la cantante catalana y la cadena. Hubo, sencillamente, una ley. Y sin embargo el episodio ilustra a la perfección la distancia cultural que separa a los dos países que ahora comparten una misma marca televisiva, y explica por qué un tema que en España suena cada tarde en la radio sin que nadie levante una ceja resulta impublicable en una televisión estadounidense a las siete de la tarde.
Los dos versos que desaparecieron
La primera amputación llegó pronto. Donde la versión original dice «mierda, quizá eres mi próximo error», la concursante entonó una fórmula limpia, despojada de la palabrota que le daba a la frase su sabor de confesión adolescente. La segunda intervención fue todavía más quirúrgica: el «fuck, está en la barra y viene directo a mí», ese anglicismo soltado con descaro que funciona como chispazo de la canción, quedó reducido a una versión aséptica. Dos tachones que no alteran la melodía pero sí desactivan buena parte de la actitud que hizo del tema un éxito.
La razón hay que buscarla en la normativa audiovisual de Estados Unidos, mucho más restrictiva que la europea en lo relativo al lenguaje malsonante. La legislación federal prohíbe emitir palabrotas en televisión en abierto entre las seis de la mañana y las diez de la noche, la franja considerada de protección al menor, y el concurso ocupa el prime time temprano, a las siete de la tarde. Ninguna cadena se arriesga a una sanción por un exabrupto cantado. De hecho, la propia artista dispone desde hace tiempo de una versión oficial expurgada de la canción, precisamente para escenarios como este, así que el arreglo no la ha pillado por sorpresa.
Un tema de «Cuarto Azul» convertido en carta de presentación

Que una concursante norteamericana escoja un tema en castellano de una artista española para su estreno televisivo dice más del momento que atraviesa la catalana que cualquier certificación de ventas. Superestrella pertenece a Cuarto Azul, el disco con el que la intérprete cerró su etapa más confesional y con el que dio el salto definitivo a los estadios. La canción, un ejercicio de pop luminoso con letra de resaca emocional, se ha convertido en uno de sus himnos generacionales y en la pieza que mejor resume su capacidad para hablar de inseguridad en un envoltorio de fiesta.
La intérprete, por el momento, no se ha pronunciado sobre el asunto. Ni una publicación en redes, ni un comentario irónico, ni el más mínimo gesto de contrariedad. Su silencio, tratándose de una artista que suele reaccionar con humor a lo que ocurre alrededor de su música, resulta llamativo, aunque también comprensible: ver una canción propia en la audición de un concurso extranjero es, en el fondo, una forma de consagración que compensa cualquier tachón en el papel.
La aventura americana del formato, con Bisbal como gran reclamo

El episodio llega en pleno arranque de la aventura estadounidense de la academia más famosa de la televisión española. La adaptación se emite en Telemundo y en la plataforma Peacock, la conduce Natalia Téllez y cuenta con un jurado formado por Ana Bárbara, Ximena Sariñana y, como gran reclamo internacional, David Bisbal, que regresa así al programa que lo hizo célebre veinticinco años después de pisar aquel plató como aspirante. El almeriense es, de hecho, el gran puente sentimental entre las dos versiones del formato.
La gala inaugural dejó además otro motivo de orgullo doméstico: entre los aspirantes que superaron el corte figura una joven madrileña afincada en Nueva York que dejó al jurado sin respuesta con una versión de un clásico del cine. Entre ella y la canción censurada de la catalana, el estreno americano del concurso ha terminado teniendo un acento español mucho más marcado de lo que nadie esperaba.
Queda, como poso, una paradoja divertida. La misma industria que exporta con orgullo sus formatos, sus voces y sus canciones se topa, al llegar a destino, con la tijera de una normativa que considera intolerable en antena una palabra que en España se pronuncia sin pestañear en un anuncio de refrescos. La música viaja. Las palabrotas, no siempre.
