El showman venezolano visita a Marc Giró en ‘Late Xou’ y no se deja nada en el tintero. Desde su «belleza desperdiciada» en la juventud hasta su respuesta más tajante a quienes le llamaron «estereotipo»: la pluma no se negocia, se celebra.
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Juntar a Boris Izaguirre y a Marc Giró en un mismo plató es jugar con nitroglicerina: sabes que va a explotar, pero de risa y carisma. El escritor ha visitado el ‘Late Xou’ de RTVE recién cumplidos los 60 años (sopló las velas el pasado septiembre) y ha demostrado que está en su mejor momento. Lejos de la crisis de la edad, Boris ha tirado de su ironía habitual para celebrar las «ventajas» de la madurez, como los descuentos en Renfe, pero la conversación ha virado rápidamente hacia un terreno mucho más personal y reivindicativo: su identidad.
Ante la pregunta de Giró sobre qué rasgo se ha mantenido intacto tras seis décadas de vida, Boris no ha titubeado: «La pluma, indiscutiblemente. Yo nací con ella, estoy muy dotado». Pero detrás de las risas, el presentador ha querido ajustar cuentas con un pasado que no siempre fue amable con él, ni siquiera dentro de su propia «casa».
«El colectivo se ofendió conmigo»
Hubo un tiempo, cuando Boris reventaba audímetros en la televisión de los 90, en el que su forma de ser no encajaba en los moldes de lo «políticamente correcto» para ciertos sectores. Izaguirre ha confesado que su desparpajo le trajo problemas serios: «El colectivo LGTBI se puso muy ofendido porque decían que yo representaba un estereotipo».
Lejos de amedrentarse o masculinizarse para encajar, Boris tomó una decisión que hoy reafirma con más fuerza que nunca. Se dio cuenta de que le daba «exactamente igual» lo que pensaran los puristas de la imagen. Y lanza un aviso a navegantes para sus haters (o los que queden): «Si no te gusta mi pluma, ahora te vas a fastidiar más todavía porque va a haber más. Y con 60 años, ¡todavía más!». Para el venezolano, esto no es una pose, es «ADN que hay que disfrutar».
El dilema definitivo: ¿Belleza o Pluma?
La entrevista también ha tenido hueco para la nostalgia y el espejo. Boris ha reconocido que ha tardado años en valorar el físico que tenía en su juventud: «Me he dado cuenta de mi belleza de entonces ahora. Nunca la aproveché», se lamenta con humor.
Pero Marc Giró, hábil como pocos, le ha puesto en una encrucijada: si tuviera que renunciar a una de las dos cosas, ¿cuál sacrificaría? Boris lo tiene cristalino. «A la belleza, por supuesto. A la pluma no renunciaría nunca». ¿La razón? Una sentencia que debería imprimirse en camisetas: «La pluma mejora con el tiempo; la belleza necesita mucha ayuda».
No te pierdas el vídeo con la entrevista completa y el alegato de Boris, porque es historia de la televisión y una lección de autoestima.
