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Televisión

Otra tarde, otra versión: Ángela Portero destapa que las fotos del piso de las Campos se hicieron con Terelu y Alejandra dentro, y la coartada se hunde del todo

Pedro Serrano González
5 min 29
terelu carmen borrego

Cada tarde una versión nueva, y cada versión nueva desmintiendo a la anterior. La supuesta indignación de Terelu Campos y Carmen Borrego por el anuncio de venta de la casa de su madre en Málaga ha entrado en la fase más difícil de sostener: la de las mentiras que se pisan unas a otras en directo. Este mismo viernes, en De lunes a viernes, la colaboradora Ángela Portero ha dinamitado la coartada oficial con una frase que lo cambia todo: «Las fotos que se subieron a Idealista se hicieron cuando estaban en esa casa Terelu y Alejandra Rubio».

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Es decir: las imágenes del interior del piso que ambas juraron no saber cómo habían llegado a un portal inmobiliario se tomaron, según la periodista, con ellas dentro. Y cuando le preguntaron por qué mienten entonces, Portero no se anduvo con rodeos: «Porque les hemos reventado una exclusiva, porque ellas querían decir públicamente que vendían la casa y cobrar esa exclusiva». Toda la indignación, resumida en una operación comercial que se les torció.

Un relato que se cae a pedazos, versión a versión

Conviene poner la cronología en fila, porque el desmoronamiento es de manual. Todo arrancó cuando De lunes a viernes destapó que la lujosa vivienda que María Teresa Campos compró en 2006 en el barrio malagueño de Pedregalejo estaba anunciada en internet por 1.525.000 euros, con fotos del salón incluidas. Terelu, en directo, se llevó las manos a la cabeza: «¿Quién ha podido poner esto? No ha sido ni mi hermana ni yo». La sorpresa, el sobresalto, la víctima de una filtración anónima.

La coartada duró poco. Al día siguiente, el periodista Antonio Rossi reveló que la mayor del clan «no había sido del todo sincera»: no hubo una visita al piso, sino dos, y ambas «con el permiso de las dos» hermanas. O sea, no sabían lo de las fotos colgadas, pero sí que había gente entrando a ver la casa. Primera grieta.

La segunda la abrió el propio responsable del anuncio, Nacho Picatoste, con una excusa tan pueril que ni se sostuvo sola: dijo que el piso a la venta era «el de abajo» y que se equivocó de fotos. Patricia Pardo la fulminó en directo con la única pregunta sensata: «¿Cómo vas a publicar unas fotos por error? Eso es un absurdo». Y ahora, con la versión de Ángela Portero, se cierra el círculo: las fotos se hicieron con Terelu y su hija dentro. Difícil seguir sosteniendo la teoría del malvado desconocido.

La pregunta que nadie de la familia responde

Descartado el allanamiento, la conclusión es la que ya apuntaban desde los platós: alguien de la familia autorizó que una agencia entrara a fotografiar la casa y la pusiera a la venta. No hay tercera vía. Y ahí es donde la palabra «mentira», que suena fuerte, deja de ser un exceso para convertirse en la descripción más ajustada de lo que el espectador lleva días viendo: una sucesión de versiones que se contradicen entre ellas hasta el ridículo.

Lo más revelador es el móvil que apunta Portero. Si el objetivo era vender la propiedad y cobrar por contarlo en exclusiva, entonces todo el numerito de la indignación (las manos a la cabeza, el «yo no he sido», el anuncio de medidas legales) no sería más que gestión de daños tras habérseles adelantado la jugada. La ofendida se transforma, con ese relato, en la estratega a la que le han estropeado el negocio. Y la casa de la madre, ese supuesto templo sentimental intocable, en un activo de 1,5 millones que se estaba moviendo con discreción.

El «gran error» que ya diagnosticó una de los suyos

Todo esto encaja, además, con el certero diagnóstico que esta misma semana lanzó Concha Galán, discípula y «madre televisiva» de María Teresa. En el podcast Tele de Plasma sentenció que el docu-reality de la familia «fue el gran error» de la periodista, porque «nunca la volvieron a considerar la gran periodista que fue». La frase adquiere hoy un sentido casi profético: la matriarca convirtió a los suyos en personaje, y tres años después de su muerte el legado que se ventila en televisión no es su carrera, sino un piso y una guerra de versiones sobre quién intentó venderlo a escondidas.

Nada de esto sería posible sin un altavoz que lo amplifique cada tarde, y ese altavoz tiene nombre: Telecinco. La cadena lleva días dando cuerda al culebrón, exprimiendo cada nueva contradicción como si fuera una revelación, alimentando a los mismos protagonistas cuyo relato no aguanta un segundo visionado. El espectador, mientras tanto, asiste a un espectáculo agotador que explica bastante bien el rechazo que la saga genera en buena parte de la audiencia.

Queda por ver qué versión tocará mañana, porque a este ritmo habrá una nueva. De momento, la única certeza es que ni Terelu ni Carmen han logrado explicar de forma creíble cómo acabaron en un portal inmobiliario las fotos del salón de su madre. Y cada intento de aclararlo las ha dejado un poco peor que el anterior. La dignidad, que era lo único que les quedaba por conservar en este asunto, es también lo que más rápido se está gastando.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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