Entre la ilusión de un amor recién estrenado y el peso de un conflicto familiar enquistado. Así se encuentra Philippe Roger, viudo de la mítica reina de la noche marbellí Olivia Valère, que ha decidido romper su silencio en Y Ahora Sonsoles para relatar la agria batalla judicial que mantiene con los hijos de la socialité a cuenta de la herencia. «Después de pasar conmigo 40 años, los hijos de Olivia me han decepcionado terriblemente», ha confesado el abogado francés, visiblemente dolido.
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Acusaciones de hurto y ocupación de vivienda

Lejos de andarse con rodeos, Philippe Roger detalló ante las cámaras del programa una serie de episodios que, siempre según su testimonio, reflejan hasta qué punto se ha quebrado la relación con sus hijastros, Karen y Arnaud. El letrado apuntó directamente a presuntos hurtos y a la ocupación de una de sus propiedades: «Uno vino a robar los cuadros cuando estaba en un tratamiento por un derrame cerebral, y la otra fue a conquistar mi casa de París con su hijo. No he podido echarlos hasta ahora», relató con evidente amargura, dibujando un panorama de desencuentros que se ha ido enconando con el paso del tiempo.

El relato del viudo, cargado de reproches, retrata una guerra abierta por el legado de Olivia Valère, la empresaria que durante décadas convirtió su nombre en sinónimo del glamour y la exclusividad de la noche de Marbella. Roger, que compartió cuatro décadas de vida junto a ella, se muestra hoy incapaz de comprender cómo aquella convivencia ha derivado en un enfrentamiento judicial que lo enfrenta a quienes considera parte de su propia familia.
El origen del litigio: una herencia sin separación de bienes

Tras las declaraciones del viudo, la periodista Beatriz Cortázar, colaboradora del espacio, se encargó de contextualizar el origen de un conflicto que, según explicó, no es ni mucho menos reciente. La comunicadora apuntó que la herencia recayó en Philippe Roger al no existir separación de bienes en el matrimonio, una circunstancia que habría alimentado las desavenencias surgidas tras el fallecimiento de Olivia Valère. Es decir, el patrimonio de la socialité pasó a manos del viudo, dejando a sus hijos fuera de un reparto que ellos consideraban legítimo.
Beatriz Cortázar fue más allá y enumeró algunos de los bienes que habrían formado parte de esa disputa patrimonial, poniendo cifras a un pulso que ha llegado hasta los tribunales. «El hijo se llevó un Jaguar valorado en 300.000 euros, cuadros, fotografías… Por orden judicial tuvo que devolverlo», concluyó la periodista, dejando claro que la justicia ya ha tenido que intervenir para dirimir parte de las reclamaciones cruzadas entre las dos partes.

El nombre de Olivia Valère está indisolublemente ligado a la época dorada de la noche de Marbella, de la que fue reina indiscutible durante décadas al frente de uno de los locales más exclusivos y célebres de la Costa del Sol, punto de encuentro habitual de la alta sociedad, la aristocracia y las estrellas internacionales. Su fallecimiento no solo dejó un vacío en aquel universo del ocio de lujo, sino que abrió, como ahora se comprueba, un capítulo mucho menos glamuroso: el de una herencia disputada que ha terminado enfrentando en los tribunales a quienes compartieron con ella sus últimos años, en una batalla que mezcla dinero, obras de arte y viejos rencores familiares.
Un nuevo amor en medio de la tormenta
Lo llamativo es que Philippe Roger afronta este espinoso capítulo judicial en pleno estreno sentimental. El viudo hizo pública recientemente su historia de amor con una joven brasileña 58 años menor que él, un romance que ha acaparado titulares y que contrasta con la crudeza del relato que ahora comparte sobre su familia política. Así, la ilusión de esta nueva etapa personal convive con el desgaste de una batalla legal que se niega a cerrarse.
Con su testimonio en Y ahora Sonsoles, el abogado ha querido llevar a la palestra televisiva un conflicto que hasta ahora se dirimía en la discreción de los despachos, poniendo voz y rostro a una herencia envenenada que ha dinamitado los lazos de toda una vida. Habrá que esperar para conocer la versión de Karen y Arnaud, que de momento no se han pronunciado, en una guerra familiar que promete seguir dando titulares y que demuestra, una vez más, que las grandes fortunas rara vez se reparten sin heridas.
