La historia empezó de madrugada con un cabreo y ha terminado, apenas unas horas después, con un suspiro de alivio a bordo de un avión de Ryanair. A Kiko Rivera le robaron el coche esta pasada noche en Tomares, lo denunció, pidió ayuda a sus seguidores por redes sociales… y el aviso funcionó. Su Audi Q7 gris, un todoterreno valorado en unos 100.000 euros, ha aparecido. «Todo ha quedado en un susto», ha resumido el DJ.
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El desenlace ha sido tan rápido como el revuelo que provocó el robo. Por la mañana, el hijo de Isabel Pantoja grababa un vídeo visiblemente contrariado para contar lo sucedido: «Anoche me robaron el coche en la zona de Tomares. Lo digo públicamente por aquí por si alguno lo ve, que se ponga en contacto directo con la policía». Ya había puesto la denuncia, pero confiaba en que la difusión acelerara las cosas.
Casi 900 «me gusta» en cuatro horas y un guiño a la Guardia Civil
Y así fue. Horas más tarde, el artista publicaba un segundo vídeo, esta vez desde el asiento de un avión, para comunicar a sus seguidores que el coche había aparecido. Quiso dar las gracias a todas las personas que compartieron su mensaje de alerta, que en apenas cuatro horas acumulaba casi 900 «me gusta», y tuvo un reconocimiento especial para la Guardia Civil, que, según trascendió, sería quien ha localizado el vehículo.
El músico, que viajaba junto a su pareja, Lola García, no ha precisado hacia dónde se dirigía ni cuándo podrá recuperar físicamente el coche, que sigue en manos de las autoridades a la espera de los trámites. Pero el tono había cambiado por completo respecto a la mañana: del enfado inicial al alivio de quien da por cerrado un mal rato sin daños que lamentar.
«Detrás de cada coche hay un esfuerzo y horas de trabajo»
En su primera reacción, cuando aún no sabía si volvería a ver su vehículo, Rivera había dejado claro que lo que le dolía no era el capricho, sino lo que representa el bien: «Me da mucha rabia porque detrás de cada coche hay un esfuerzo, horas de trabajo, es una herramienta necesaria hoy en día para todo». Un matiz nada casual en alguien cuyo oficio le obliga a desplazarse constantemente de una sala a otra para pinchar.
Aun en pleno disgusto, el DJ tiró de la filosofía que ha repetido durante toda la jornada: por encima del valor material del coche, lo importante era que nadie había sufrido daño alguno. «Lo importante es que no nos ha pasado nada a ninguno», insistió. Con el vehículo ya localizado, esa frase se ha quedado en una anécdota afortunada.
Un susto en medio de un verano movido
El robo llegó, además, en unos días especialmente ruidosos para el artista. Apenas unas horas antes había protagonizado titulares por su enfado con el programa de Mediaset El verano se mueve, que bromeó con un vídeo de Lola García limpiando el césped artificial del chalet, algo que buena parte de la audiencia leyó como una pulla hacia el entorno de su exmujer, Irene Rosales. Ante los reporteros, el DJ perdió los nervios y respondió con exabruptos que hasta el presentador tuvo que moderar en directo.
No es la única polémica que le acompaña estos días. El artista mantiene un pulso público con su exmujer que ha ido subiendo de tono, con un boicot a la marca de frutos secos que ella anuncia incluido, y arrastra además el runrún permanente sobre su ritmo de lanzamientos musicales, que algunos atribuyen al uso de Inteligencia Artificial, algo a lo que él resta importancia. En ese contexto de sobreexposición constante, un robo real tiene algo de recordatorio: por muy mediática que sea una vida, hay sustos que llegan igual que a cualquier vecino.
Con el coche recuperado, el capítulo se cierra en el mejor de los escenarios posibles: sin heridos, sin pérdidas y con una lección de eficacia sobre lo que puede lograr un aviso viral bien difundido. Kiko Rivera, que sigue instalado en la actualidad del corazón un día sí y otro también, puede al menos tachar este sobresalto de su lista. Se lo llevaron de madrugada y, antes de que acabara el día, ya estaba de vuelta.
