La estirpe de los Soto se resiste a abandonar los escenarios y prepara un nuevo desembarco en las plataformas digitales. En una entrevista a Vanitatis, Rocío Soto, la hija más reservada del cantante José Manuel Soto, anuncia que ha decidido dar un paso al frente para profesionalizar una carrera musical que arrancó de forma casi clandestina en los chiringuitos de Galicia. Tras años refugiada tras las cuerdas de su guitarra para combatir una timidez crónica, la sevillana rompe su cascarón mediático con un proyecto de versiones que toca directamente la fibra del cancionero paterno. Una jugada respaldada por una oficina de management y que promete prolongar el apellido familiar en las listas de reproducción de las nuevas generaciones. El movimiento no es casualidad; llega en un momento de absoluta ebullición para la crónica social sevillana, donde los herederos de las grandes sagas folclóricas buscan su sitio en la industria sin pedir permiso.
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La trayectoria de Rocío Soto no se ha forjado en los despachos corporativos de las multinacionales, sino en un proceso de descompresión personal tras los meses de confinamiento. Formada originalmente como auxiliar veterinaria y con experiencia laboral en clínicas de mascotas y caballos, la joven encontró en el norte de España el escenario perfecto para cantar sin el peso de los apellidos. Tras quedarse sin blanca en un viaje, un amigo le prestó el dinero para comprar su primera guitarra, el instrumento que la ha acompañado desde los trece años como un auténtico escudo contra el mundo. Aquel refugio adolescente terminó convirtiéndose en su principal herramienta de trabajo cuando las calles se vaciaron por la crisis sanitaria y las redes sociales pasaron a ser el único escaparate disponible para los nuevos talentos.
«Me solté porque cuando menos te conocen, más libre te sientes y menos vergüenza te da», confiesa al recordar aquellos bolos improvisados en la costa gallega. Las señales del público anónimo la empujaron a subir covers en sus perfiles sociales, un escaparate digital que terminó provocando un aluvión de llamadas para actuar en bodas y eventos privados en Sevilla. El verdadero punto de inflexión llegó cuando grabó en estudio su propia versión de «Volver a empezar», uno de los himnos más célebres de su padre. La elección de esta pieza no fue un tiro al aire, ya que se trataba del tema que mejor conectaba con el espíritu de reconstrucción que exigía la sociedad tras los meses de encierro doméstico. El lanzamiento llamó la atención de Malvaloca, la agencia de representación que hoy pilota su salto definitivo al circuito profesional.
El tributo nupcial a los himnos tradicionales de José Manuel Soto

El nuevo desafío discográfico de la intérprete ve la luz este mismo sábado con una declaración de intenciones muy clara: rendir un homenaje explícito a la discografía del hombre que le enseñó a vivir entre guitarras y caballos. El proyecto recopila algunas de las composiciones más emblemáticas de José Manuel Soto, adaptadas a la sensibilidad y el registro de su hija, pero respetando el compás de la rumba andaluza tradicional. Las sesiones de grabación se han cuidado al milímetro para no desvirtuar la esencia de unos temas que forman parte del patrimonio sentimental de miles de hogares españoles.
«Quería hacerle ese homenaje, respetando la rumba de siempre pero con otra voz y registro. Es una forma de hacer que la música siga viva, nunca hay que dejarla morir», explica Rocío, quien todavía se declara demasiado pudorosa para desnudarse emocionalmente componiendo sus propias letras. Entre las joyas de la corona que integran este tributo se encuentran títulos históricos como «Tú serás mi amanecer» y «Para olvidar un amor». El objetivo comercial va más allá de la nostalgia, buscando que los hijos de la generación que escuchaba al cantautor en el coche descubran ahora esos mismos acordes con un sonido renovado. Se trata de un relevo generacional orgánico, donde los antiguos casetes de gasolinera se transforman en archivos de reproducción digital para el público centennial.
Alianza fraterna tras las luces de la feria de Sevilla

El clan musical no se detiene en el catálogo de versiones de estudio. Rocío Soto compagina actualmente este lanzamiento con su participación activa en la gira de directos de su progenitor, una experiencia que le sirve de entrenamiento intensivo para coger soltura y tablas encima de un escenario. Un rodaje donde la soledad habitual de la carretera se combate compartiendo furgoneta con sus hermanos, Jaime Soto y Marcos Soto, que ya operan en la industria bajo el nombre artístico de Mi Hermano y Yo. Esta fórmula de cooperativa familiar les permite protegerse de los sinsabores de un negocio que suele devorar a los artistas noveles que viajan sin un entorno de máxima confianza.
La complicidad fraterna va a materializarse de forma inminente en un estudio de grabación. La vocalista ha desvelado en primicia que, justo después del cierre de la temporada de ferias, los tres hermanos lanzarán al mercado un tema conjunto escrito por Jaime. Una alianza familiar que busca consolidar el sello de los Soto en el mercado del pop acústico, demostrando que la máxima que siempre les repite su padre en casa se cumple a rajatabla: «De una cosa sale otra». El plan de trabajo está trazado y la hoja de ruta no contempla frenazos; la rumba de los Soto tiene cuerda para rato y ahora cuenta con una nueva voz dispuesta a defender el negocio familiar en los festivales veraniegos.
