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Televisión

«De la misma manera que vino, de repente dejan de llamarte»: Liborio García cuenta en un plató por qué se marchó de la televisión cuando aún podía elegir

Pedro Serrano González
5 min 18
liborio y ahora sonsoles

Hay una frase de Liborio García en el plató de Y Ahora Sonsoles que resume el oficio mejor que cualquier ensayo sobre la televisión: «De la misma manera que vino, de repente dejan de llamarte». Lo dice uno de los rostros más reconocibles de la televisión española de finales de los noventa y principios de los dos mil, sin rencor y sin épica, sentado en un plató al que ha vuelto para contar por qué se fue.

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Porque no le echaron de un día para otro ni hubo un portazo. Lo que hubo fue un goteo, y él lo vio venir antes que nadie: «Empecé a ver que no contaban tanto conmigo y decidí irme rápidamente a lo mío detrás de las cámaras, a dirigir contenidos». Esa es la clave de toda su historia y lo que la hace distinta de las decenas de «qué fue de» que se emiten cada verano: no le apartaron, se apartó él. Y lo hizo cuando aún le quedaba cuerda.

De reportero en Galicia a animal televisivo

El recorrido empezó lejos de los focos grandes. A Liborio García se le conoció primero como reportero en Galicia, y de ahí dio el salto que le cambió la carrera: la presentación de ‘Noche de impacto’, uno de esos formatos que definieron una época concreta de la televisión española, la del entretenimiento de sobremesa y madrugada que se veía en familia y del que hoy quedan sobre todo los recuerdos. Su perfil de showman —la definición que se le aplicaba entonces era la de «animal televisivo»— le convirtió en una cara reconocible en la calle.

Que aquello no era un papel menor lo dice la compañía que tenía delante y al lado. Compartió plató con Ana Obregón, Silvia Jato e Isabel Gemio: es decir, con el escalafón alto de la televisión de aquellos años, el de los nombres que abrían programa y sostenían una noche entera. No era un secundario al que se recuerda por un detalle, era uno de los que se sentaban a esa mesa. Y sin embargo hoy es de esa lista de quien hay que preguntar «qué fue de», no porque le fuera peor, sino porque se apartó de la parte del oficio que deja huella pública.

«No me importaba dejar de ser famoso»

La frase que da título a su intervención es la que menos se oye en este oficio, y por eso llama la atención. Dejar de ser famoso suele contarse como una desgracia, un castigo o una injusticia; casi nunca como una opción. Él lo plantea sin dramatismo: dejó de importarle. No dice que le doliera, no reprocha a nadie y no reclama un hueco. Se limita a describir un mecanismo que conoce de dentro —primero te llaman menos, después dejan de llamarte— y a explicar que prefirió adelantarse a ese final en vez de esperarlo sentado.

Y hay un matiz que conviene no perder, porque cambia el sentido de todo: no se fue de la televisión. Sigue trabajando en ella, solo que del otro lado de la cámara, dirigiendo contenidos. Lo que abandonó no fue el medio, fue la exposición. Esa distinción es justo la que casi nunca se hace cuando se habla de los rostros que desaparecen de la pantalla: se da por hecho que quien no sale es que no está, cuando en muchos casos lo que ha cambiado es el sitio desde el que se trabaja, no el trabajo.

Lo que su caso dice del oficio

El valor de esta entrevista no está en la nostalgia, que es lo que suele venderse en estos formatos, sino en lo que revela sobre cómo funciona la carrera de un presentador. Nadie firma un despido: simplemente el teléfono suena menos. Y en un sector donde la continuidad depende de decisiones ajenas y de ciclos que nadie controla, saber leer esa señal a tiempo es una habilidad más valiosa que cualquier golpe de suerte. Él la leyó y actuó en consecuencia, con la ventaja de que aún podía elegir a dónde ir.

Queda por saber si su historia es una excepción o el final natural de casi todas. La televisión de aquellos años produjo decenas de caras conocidas, y de la mayoría no se vuelve a hablar salvo cuando un programa las recupera durante quince minutos de tarde de verano. La diferencia, en su caso, es que él no ha vuelto a recordar lo que fue: ha vuelto a contar lo que hace ahora.

El contraste con los nombres con los que compartió aquellos platós termina de colocar su decisión. Ana Obregón sigue ocupando titulares cada verano, y este año dejando caer que quizá sean sus últimas vacaciones en la casa de siempre; Isabel Gemio volvió a la radio reclamando lo que considera que le quitaron, lamentando que le cortaran la radio cuando aún tenía audiencia y reconociendo que aquello le dolió, que es exactamente el reproche que él no hace. Y la propia presentadora que le entrevista sabe lo que cuesta el otro lado: Sonsoles Ónega ha tenido que salir a defenderse de quienes usan su nombre y la memoria de su padre para estafar. Esa es la factura que no aparece en los «qué fue de», y la que él dejó de pagar hace años.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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