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Rebecca Luna, la tiktoker de 49 años que contó su alzhéimer precoz durante quince meses, adelantó su muerte asistida y grabó un vídeo tres días antes para explicar por qué

Pedro Serrano González
7 min 17
rebecca portada

A la una y cuarto de la tarde del sábado, en su casa de Victoria, en la Columbia Británica canadiense, y rodeada de los suyos, murió Rebecca Luna. Tenía 49 años, un diagnóstico de alzhéimer de inicio temprano desde abril de 2025 y más de 95.000 personas siguiendo en TikTok el relato diario de su enfermedad. No fue la enfermedad la que eligió el momento: fue ella. Se acogió al programa canadiense de asistencia médica para morir, el MAID, y tres días antes grabó un vídeo para contarlo.

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El aviso llegó a sus seguidores por la misma vía por la que llevaba quince meses contándolo todo. «Durante las dos últimas semanas he estado tomando una decisión, y tengo que deciros que ha sido la decisión más difícil que he tenido que tomar», explicó mirando a cámara. La familia confirmó la muerte horas después con un mensaje breve en su cuenta, en el que situaba el fallecimiento el 25 de julio hacia la una y cuarto de la tarde, rodeada de sus seres queridos, y pedía a los seguidores una sola cosa: «Gracias por vuestro apoyo y por respetar su privacidad».

Adelantó la fecha porque su cuerpo iba más rápido que el calendario

El procedimiento estaba fijado para principios de agosto y ella decidió adelantarlo. La explicación que dio no tiene nada de abstracta: «Estoy viviendo en un cuerpo en el que ya no me siento cómoda, segura ni bien. No me siento bien en absoluto; se siente terrible. La idea de esperar dos semanas más me parecía demasiado». En ese último vídeo, publicado el 22 de julio, contó también que durante el año y medio anterior el calendario no había dependido de ella —había plazos legales y médicos que cumplir—, y que solo en las dos últimas semanas había tenido la decisión en su mano.

Contó además quién estuvo esos días alrededor. Su médica de cuidados paliativos y la mujer que la acogía en casa iban a verla y le repetían una y otra vez que el proceso era suyo y que podía pararlo cuando quisiera. De ahí salió una frase que sus seguidores han repetido más que ninguna otra en las horas siguientes: «Este es el momento en el que puedo darme prioridad a mí misma, y eso es algo que no he hecho en toda mi vida». Habló también de lo que había aprendido en el camino, y dijo que, con todo lo que le había tocado atravesar, había llegado a saber quién era y a entender que tenía «un buen corazón».

El reloj que corre en contra cuando la enfermedad ataca a la cabeza

MAID son las siglas de Medical Assistance in Dying, y en Canadá es un procedimiento legal para las personas que cumplen determinados requisitos médicos. La organización estadounidense Compassion & Choices, en la definición que reproducen los medios que han contado el caso, lo describe como la opción sanitaria de final de vida por la que un adulto mentalmente capaz y con una enfermedad terminal puede pedir a su equipo médico la receta de un medicamento que puede elegir tomar para morir en paz. Las dos palabras que importan en su caso están al principio de esa definición: mentalmente capaz. El procedimiento exige lucidez para pedirlo, y la suya era justamente la enfermedad que se dedica a quitarla.

Rebecca agarrando la mano de su hija en sus últimos momentos de vida

Por eso su relato de los últimos meses es, entre otras cosas, la crónica de una carrera contra un plazo. Ella misma lo dejó escrito en su recaudación: accedía al programa porque su deterioro había llegado más rápido de lo que esperaba. Adelantar la fecha de principios de agosto al fin de semana pasado no fue un capricho ni un arrebato, sino la manera de asegurarse de que todavía era la persona con derecho a decidir cuando llegara el momento. En España la eutanasia está regulada por la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, cuya entrada en vigor abrió aquí un debate que en Canadá llevaba años resuelto.

Una madre sola, una recaudación para el final y quince meses de diario público

Abrió el canal en abril de 2025, y lo abrió con la incomodidad por delante: dijo estar en las primerísimas fases de un diagnóstico de alzhéimer precoz, que tenía 48 años y que exponerse así le resultaba muy raro y la dejaba muy vulnerable. La razón que dio para hacerlo fue práctica: al empezar a explorarlo con su neuróloga se dio cuenta de que casi no había recursos para gente joven con esa enfermedad, y de que, aunque había conseguido conectar con unas pocas personas, el diagnóstico resultaba aislante. A partir de ahí subió los cambios, las pérdidas de capacidad y las dificultades del día a día sin edulcorarlos.

Fue madre soltera toda su vida, y esa condición explica el último trámite que dejó resuelto. En junio abrió una recaudación en GoFundMe para cubrir los gastos del final, con un texto que ella misma escribió y en el que explicaba que había sido madre soltera, y orgullosa de serlo, toda su vida, y que fueron sus propios seguidores quienes le sugirieron abrirla para los gastos del final, de modo que no dejara a sus seres queridos esa responsabilidad encima de su propio duelo. Su hija mayor, Maya, fue quien difundió el aviso de la muerte a través de esa misma página.

Lo que contó del alcohol, las drogas y los años de sobriedad

Hubo una parte de su biografía que no dosificó. Contó que había atravesado una etapa muy dura marcada por experiencias traumáticas y por la adicción al alcohol y a las drogas, y que había conseguido mantenerse sobria tras años de esfuerzo y de recuperación. Ese pasado no lo usó como coartada ni como material dramático: lo puso encima de la mesa para explicar de dónde venía la fortaleza con la que estaba encarando lo que le tocaba ahora.

De ahí salió lo que ella misma señaló como su mayor orgullo, que no fueron los seguidores ni la repercusión: haber recibido un diagnóstico de alzhéimer a los 48 años y no haber vuelto a consumir ni una sola sustancia. Mantenerse alejada del alcohol y de las drogas en el peor momento imaginable era, según su propia lectura, la prueba de que aquel proceso de recuperación había servido para algo. En su último vídeo explicó a quién creía estar defendiendo con todo aquello: a la niña de cinco años que fue y por la que, según contó, no dio la cara nadie.

El encargo que dejó a quienes la seguían no iba de enfermedades ni de leyes. Dijo esperar que, si se marchaba de este planeta, lo único que enseñara y lo único de lo que alguien sacara algo fuese esto: que a quererse se llega actuando, obligándose, y que si ella había podido, cualquiera puede. Fueron sus últimas palabras públicas. Su muerte ha tenido eco entre creadores de contenido y en organizaciones dedicadas a la concienciación sobre el alzhéimer en medio mundo, y su biografía en TikTok sigue describiéndola igual que el viernes: alzhéimer de inicio temprano y activista del MAID.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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