«Bertín no remonta, no remonta». La frase es de uno de sus mejores amigos, después de que el cantante haya tenido que suspender la actuación que tenía prevista en las fiestas de la Virgen del Carmen, en el barrio madrileño de Chamberí. No hay ninguna otra fecha en el horizonte: por el momento no está previsto que retome compromisos profesionales, y en su entorno se teme que no llegue a recuperarse para volver a cantar.
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Lo llamativo es el calendario. Ese mismo fin de semana, José Luis López, El Turronero, empresario andaluz, amigo íntimo y socio suyo en varios negocios, decía justo lo contrario delante de los micrófonos. La distancia entre las dos versiones se mide en horas.
Dos versiones del mismo enfermo con dos días de diferencia

El sábado, en plena boda de Susanna Griso en la Costa Brava, El Turronero aseguró a la prensa que el cantante se estaba recuperando poco a poco y que era muy posible que este mismo verano se reencontrara con Gabriela Guillén y con el pequeño David, el hijo de dos años que ambos tienen en común. Esa versión optimista circuló todo el domingo y siguió rebotando de medio en medio durante este lunes, con la reconciliación familiar como titular y la recuperación dándose por hecha. Cuarenta y ocho horas después de aquello, el mismo medio, informalia, que sostiene la primicia recoge la versión contraria de otro amigo del círculo íntimo, este sin dar su nombre, y la resume en dos palabras repetidas: no remonta.
Las dos frases no son necesariamente incompatibles —una habla de intenciones y de encuentros familiares, la otra de capacidad física para subirse a un escenario—, pero dibujan un entorno que no se pone de acuerdo sobre en qué punto está. Hay además un dato objetivo que se coloca del lado del pesimista: la agenda. Un cantante de 71 años que cancela y no reprograma es un cantante que, a día de hoy, no está para cantar. Desde la pandemia, el artista madrileño ha encadenado distintas recaídas que han ido afectando tanto a su vida diaria como a su actividad profesional, y lo que aporta la información de esta noche es que ese parón ya no tiene fecha de caducidad prevista.
El aire que le falta desde la neumonía

El origen del problema tiene nombre médico. La actuación suspendida es la que tenía comprometida para las fiestas de la Virgen del Carmen, y el motivo que se dio en su momento fueron las secuelas de una neumonía. Él mismo lo resumió entonces con una frase que no admite mucha interpretación cuando el oficio es cantar: «Me falta el aire». Una neumonía deja huella en la capacidad pulmonar durante semanas o meses, y un recital de dos horas exige un fuelle que ahora mismo no tiene. Lo que ha cambiado desde entonces no es el diagnóstico, es el calendario: doce días después, sigue sin haber nada apuntado.
El propio entorno lleva meses instalado en la preocupación. En julio del año pasado ya se habló abiertamente de que dejaba la música, y desde entonces ha ido alternando anuncios de vuelta con cancelaciones de última hora. Lo que aporta la información de este lunes no es tanto un diagnóstico nuevo como una previsión: por primera vez alguien de su círculo pone sobre la mesa la posibilidad de que la retirada de los escenarios no sea temporal. Nadie de la familia ha confirmado nada en ese sentido, y él tampoco se ha pronunciado.
Los 835.000 euros de la lista de morosos y la protesta del PSOE
Al asunto médico se le había sumado uno político. Días antes de la fecha prevista para la actuación de Chamberí, el nombre del cantante apareció en la lista de morosos de Hacienda con una deuda de 835.000 euros, y el grupo municipal del PSOE protestó por que un artista en esa situación ocupara un escenario del Ayuntamiento de Madrid, como es el Auditorio de la plaza de Chamberí. La cancelación llegó después, aunque el motivo que se dio fue el de la salud.
La versión del cantante sobre la deuda es distinta, y tiene su lógica administrativa. Durante la pasada Feria de Sevilla aseguró a una periodista que el día anterior había pagado hasta el último céntimo que debía a la Agencia Tributaria. Expertos fiscales consultados por Informalia explican que las listas de morosos que se publican a mediados de cada año reflejan las deudas del ejercicio anterior, de modo que su nombre pudo figurar en la relación de impagados de 2025 aunque en mayo de 2026 ya estuviera al corriente. Una cosa no desmiente a la otra: puede ser cierto que pagara y que apareciera en la lista.
El verano que le esperaba con Gabriela Guillén y el pequeño David

El plan que su amigo anunció el sábado tenía un contenido concreto. El Turronero situaba en julio o agosto el reencuentro del cantante con todos sus hijos, incluido David, el niño que tuvo con la esteticista paraguaya. La relación entre ellos ha recorrido un camino largo: ella tuvo que obligarle a someterse a una prueba de paternidad, él llegó a afirmar que se negaba a ejercer como padre —una postura que le costó una tromba de críticas— y con el tiempo ha ido virando hasta la relación cordial de ahora. Él mismo ha contado que pasa tiempo con el pequeño, que se han bañado juntos en la piscina de su finca y que es un niño divertido y cariñoso.
El resto del expediente de este último año y medio también ayuda a entender por qué su entorno anda tan pendiente de él. En abril pagó un millón de euros a Hacienda y se reconcilió con el hijo de Gabriela Guillén; a finales de junio salió a defenderse de la lista de morosos enseñando el justificante; y el 15 de julio canceló el concierto de Chamberí por motivos de salud. Con ese historial encima, que un amigo diga en voz alta que no remonta pesa bastante más que una cancelación suelta.
