El cartel del descanso más caro de la historia del fútbol acaba de sumar otro nombre de calibre. Justin Bieber actuará en el espectáculo de medio tiempo de la final del Mundial 2026, según ha confirmado la FIFA, y se une así a un elenco que ya reunía a Madonna, Shakira y BTS. Serán once minutos de música en el estadio de Nueva Jersey el próximo 19 de julio, y por primera vez en los noventa y seis años de historia del torneo, la final tendrá un show en el descanso al estilo de la Super Bowl.
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El anuncio, difundido por el organismo en asociación con la organización Global Citizen, cierra prácticamente un cartel que ha ido creciendo por goteo durante semanas y que aspira a convertir un partido de fútbol en el acontecimiento televisivo del año. La recaudación del espectáculo irá destinada a un fondo educativo impulsado por ambas entidades, un detalle que la organización ha subrayado con insistencia y que sirve de coartada benéfica a una operación comercial de dimensiones colosales.
Chris Martin, el arquitecto invisible del espectáculo

Detrás de la selección de artistas no hay un comité de la federación, sino un músico. La dirección artística del espectáculo recae en Chris Martin, líder de Coldplay, que ejerce de comisario del evento y que ha diseñado un cartel deliberadamente heterogéneo, capaz de barrer de un plumazo todas las franjas de edad y todos los mercados del planeta. La producción corre a cargo de Live Nation y Done + Dusted, la maquinaria que suele estar detrás de las grandes ceremonias del entretenimiento estadounidense.
El resultado es un catálogo casi inverosímil. Junto a los cuatro cabezas de cartel actuará el nigeriano Burna Boy, uno de los grandes embajadores del afrobeats. Habrá también sitio para la música clásica, con el venezolano Gustavo Dudamel al frente de la Filarmónica de Nueva York, y para el coro infantil PS22, que interpretará una pieza junto a la banda del propio comisario. Y por si el cóctel no fuera lo bastante improbable, la organización ha confirmado la presencia de personajes de Barrio Sésamo y de los Teleñecos. Difícil imaginar un guion más ambicioso, o más disparatado, según se mire.
Shakira, la única con doble papel

De todos los nombres, hay uno que llega al estadio con una relación especial con este Mundial. La colombiana no solo actuará en el descanso: es la intérprete de Dai Dai, el himno oficial del torneo que grabó precisamente junto al artista nigeriano y que se ha convertido en el primer tema mundialista de la historia en alcanzar el número uno de la lista global de Billboard al margen de Estados Unidos. La cantante viene además de encadenar una gira arrolladora por el continente americano y de anunciar su regreso a los escenarios españoles.
El caso del canadiense es distinto y tiene morbo propio. Su carrera atraviesa una etapa de reconstrucción tras años difíciles, marcados por los problemas de salud, las cancelaciones de gira y un regreso discográfico que dividió a crítica y público. Que la federación le confíe uno de los escaparates más vistos del planeta supone, en la práctica, un aval de rehabilitación pública que muy pocos artistas reciben.
Once minutos para mil millones de personas
La cifra de espectadores que seguirá el partido convierte esos once minutos en el escaparate más codiciado de la industria musical, solo comparable al descanso de la final de la liga estadounidense de fútbol americano. La diferencia es sustancial: mientras aquella cita se dirige esencialmente a un público interno, esta se emitirá simultáneamente a prácticamente todos los países del mundo, con la audiencia acumulada de una final de Mundial, un fenómeno que ningún otro acontecimiento deportivo iguala.
El escenario será el estadio de Nueva Jersey que la organización ha rebautizado para la ocasión, el mismo recinto donde se decidirá el campeón del torneo que se disputa a tres bandas entre Estados Unidos, México y Canadá. Y llega en un momento en el que la Selección Española sigue viva en la competición y afronta este viernes sus cuartos de final, con lo que la posibilidad de que el espectáculo termine sirviendo de antesala a un título español no es, ni mucho menos, descabellada.
Queda por ver si el experimento cuaja. Trasladar al fútbol una tradición nacida en el deporte estadounidense tiene sus riesgos, empezando por el más obvio: el descanso de un partido de fútbol dura quince minutos y los jugadores necesitan un césped intacto para la segunda parte. La federación asegura tener resuelto ese problema. Los futbolistas, que son quienes se juegan el Mundial mientras alguien canta sobre su terreno de juego, todavía no han opinado.
