Mario Vaquerizo ha contestado este miércoles a quienes le acusan de intrusismo por fichar como maestro de ceremonias del musical Cabaret, y lo ha hecho con una sola frase. «No hay mejor desprecio que no hacer aprecio». El mismo día en que se le discute si está cualificado para subirse a ese escenario, han salido a la luz las cuentas de la carrera que se lo ha dado: seis pisos en la Gran Vía de Madrid, la portería del edificio comprada y convertida en vestidor y el plan de quedarse con el inmueble entero.
Te recomendamos

Maxi Iglesias y Aitana Sánchez-Gijón dejan de esconderse y el periodista Javi de Hoyos los retrata abrazados por Trujillo cinco meses después de aquel beso en Madrid

Sara Carbonero enseña en Instagram las cicatrices de su abdomen y responde con una sola frase al año que empezó en un quirófano y en el que despidió a su madre

Ortega Cano descubre que gusta a Aramís Fuster desde siempre, sonríe y asegura que no la recuerda, y su hija Gloria Camila habla de propuesta indecente

Nuria Roca rescata la foto de su hijo Pau de niño para felicitarle los 20 años y recuerda cuando le ataba los zapatos, con su hija Olivia ya en Estados Unidos
La acusación de intrusismo y la frase con la que la zanja

Mario Vaquerizo anunció en sus redes sociales que a partir del próximo mes de octubre se convierte en el maestro de ceremonias de Cabaret, y definió la oportunidad como un «regalazo». Junto a los aplausos y las felicitaciones llegó lo otro: usuarios que dudan de su capacidad y que hablan directamente de intrusismo laboral. La crítica con nombre y apellidos la firma Iván Elliot, actor y cantante, que sostiene que el teatro musical es un oficio que exige preparación y estudios y que recuerda un dato del sector para explicar por qué le duele: «un 72% de paro».

Iván Elliot no carga contra Mario Vaquerizo, sino contra la industria que lo contrata habiendo actores preparados para desempeñar el papel. Pone como ejemplo a Abril Zamora, de quien recuerda que «sí» es actriz y que «lo hizo muy bien» cuando le tocó ejercer de maestra de ceremonias, y sostiene que al vocalista de las Nancys Rubias ya se le han dado oportunidades antes y «no ha llegado a los mínimos que una producción así requiere», citando el doblaje. La respuesta del aludido ha sido breve y sin entrar al cuerpo a cuerpo. «La vida es un cabaret», «afronto todo bien» y ese «no hay mejor desprecio que no hacer aprecio» con el que da por cerrada la conversación.

Seis pisos en la Gran Vía, una portería convertida en vestidor y un edificio entero por delante
Ese mismo día se han detallado las cifras del patrimonio que ha levantado con el trabajo que ahora se le discute, y son seis viviendas en el centro de Madrid. «Me gusta mucho el dinero, disfruto ganando dinero y trabajo mucho. Me encanta tener las seis casas en la Gran Vía porque es lo que quería desde pequeño», ha explicado. La primera la compró con Alaska cuando su carrera empezaba a despegar, poco después de que se conociera su relación con la cantante de Fangoria. «El primer piso que me compré con Alaska fue en la Gran Vía. Ahora tengo seis». Sigue viviendo en ese mismo edificio.

Su criterio de inversión lo ha resumido sin rodeos. «Creo en el ladrillo porque es lo que te queda. No creo en los fondos de inversión, ni en los bonos. Creo en el ladrillo porque eso siempre va a valer dinero». Y se define como «muy hormiguita», aunque matiza en el acto que «también gasto». El siguiente paso ya está decidido: después de hacerse con la portería del edificio en el que residen y convertirla en su vestidor, el objetivo de la pareja es comprar el inmueble completo. «Nuestra idea es montar un hotel donde vivimos para cuando seamos mayores y quedarnos nosotros con la casita rosa».
«Cuando tenga 80 años no voy a seguir actuando, por eso invierto en ladrillo»
Preguntado por el motivo de fondo, lo ha situado lejos de la acumulación. «Cuando tenga 80 años no voy a seguir actuando, por eso invierto en ladrillo. No lo hago con afán de amasar dinero, sino por la tranquilidad del futuro». Acaba de cumplir 52 años y no ha bajado el ritmo: sigue girando por toda España con las Nancys Rubias, grupo del que es vocalista, y acompañando a su mujer en sus bolos. A veinte años vista se coloca en el mismo sitio en el que quiere acabar: con ella «en una de sus casas, los dos serenos, tranquilos, viendo la vida pasar».

Ahí es donde su relato empalma con la discusión sobre Cabaret, porque a quien le preguntó por las seis casas le contestó que nadie le ha regalado nada. «No he parado de trabajar. He sido muy hormiguita y todo lo he conseguido con mucho esfuerzo, haciendo mi colchoncito para mañana». Se define como «una working girl» que eligió una vía y no otra. «Hay gente que invierte en Bolsa y quien prefiere hacerlo en pisos. Tengo la suerte de que mis aficiones se han convertido en mi medio de vida y nunca he dejado de trabajar». Es exactamente el oficio cuya legitimidad se está debatiendo estos días.
De las Nancys Rubias a la casa rosa: cómo se ha construido todo esto
El patrimonio no sale de una sola ventanilla. Es vocalista de las Nancys Rubias desde 2004, con discos, derechos de autor y una agenda intensa de conciertos y fiestas patronales por toda España; el salto de escala llegó con el reality Alaska y Mario, en MTV, del que fue coproductor y protagonista durante cinco temporadas. A eso se suman los cachés de programas de máxima audiencia como El Hormiguero, MasterChef Celebrity, Tu cara me suena o La voz, las campañas publicitarias —donde tiene un tirón que suele superar a lo que cobra por televisión—, los libros y las colaboraciones en radio y revistas. Antes de todo eso trabajó como periodista y representante de artistas a través de su propia agencia de comunicación.
Las propiedades están concentradas entre la Gran Vía y Malasaña, en un edificio de arquitectura clásica madrileña a pocos metros de la calle San Bernardo, y funcionan más como museo privado que como vivienda al uso: cuadros de Costus, recuerdos de la Movida, carteles de cine y estatuas a tamaño real, con interiorismo del diseñador Juan Gatti. La casa rosa es la vivienda habitual; la casa azul, contigua, se destinó a biblioteca, vestidor y espacio de reuniones. La faceta de gastador que él mismo reivindica tiene su ejemplo más citado en los 25.000 euros que pagó por una cazadora de Balmain, que justificó de la manera más corta posible. «Me las compré porque me dio la gana». Tampoco es la primera vez que contesta de golpe a lo que se dice de él: ya plantó cara a los rumores sobre su matrimonio con una frase igual de corta, y este mismo año pasó por el quirófano y cambió de hábitos antes de meterse en el proyecto que ahora le discuten.
