Sara Carbonero ha publicado en Instagram, donde la siguen 3,6 millones de personas, una fotografía en la que enseña las cicatrices que le recorren el abdomen. Posa en una playa de Cádiz, con el rostro casi fuera del encuadre y un top de abertura frontal que deja las marcas a la vista, y debajo escribió una sola línea. «Qué alivio cuando dejamos de ser solo lo que nos pasó». No añadió nada más: ni relato, ni agradecimiento largo, ni una fecha. La publicación se llenó de mensajes en cuestión de horas y ella siguió sin explicar nada. La frase llega al final de ocho meses en los que la periodista empezó el año en un quirófano y en abril enterró a su madre.
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Una fotografía, una línea y una avalancha de respuestas
La imagen que ha compartido Sara Carbonero es de este verano y la tenía guardada. En ella se ve el torso, un pantalón bombacho y un look bohemio fiel a su estilo de siempre, y junto al texto colocó tres etiquetas que sitúan el momento sin contarlo: el verano de este año. «Cai» y «mi estrella». Nada más. La periodista, que cumplió 42 años en febrero, no ha vuelto a escribir sobre la fotografía ni ha respondido públicamente a ninguno de los mensajes que ha recibido desde entonces. Es la primera vez que muestra las marcas del vientre con esta claridad, después de años enseñándolas de una en una y casi siempre de refilón, en imágenes donde apenas se intuían.

La respuesta llegó por los comentarios. Paula Echevarría, que este mismo mes ha pasado por la muerte de su padre, le dejó un «te quiero tanto, amiga». Raquel Perera, empresaria y amiga suya, le escribió. «Admiro todo lo que eres». Marisa Jara, que también ha contado en público su propio proceso oncológico, le respondió «qué bella eres, mi Sara», y la actriz Raquel Meroño resumió la publicación en dos palabras, «presente perfecto». También comentaron Paz Vega, Paloma Cuevas, Ariadne Artiles y Anabel Pantoja, junto a médicos y a mujeres que le agradecieron la imagen. El mensaje más explícito lo dejó el cantante Marwan. «Cuando uno consigue aceptar que lo que le ha pasado no tiene por qué marcar su identidad, todo cambia a un nivel inimaginable. Enhorabuena por eso».
Ocho meses entre un quirófano, un entierro y una medalla

El año empezó mal y empezó pronto. A principios de enero, mientras pasaba las fiestas en la isla canaria de La Graciosa, un dolor abdominal muy intenso la llevó a ingresar de urgencia. Fue intervenida y permaneció once días hospitalizada antes de recibir el alta. Un mes después, el 3 de febrero, por su cumpleaños, escribió lo que entonces no había contado. «Cerré el 2025 con una lista cortita de deseos, pero la vida tenía otros planes. Ha sido duro. Todavía lo es, aunque ya veo los rayitos de sol entre tanto nubarrón». En el mismo texto añadió una idea que vuelve ahora. «Hace apenas un mes entré a un quirófano llena de incertidumbre y entonces habría firmado poder estar como estoy hoy. Ya no duele. El miedo ha dado paso a la gratitud, a la serenidad y a la calma». Y puso un límite. «No me gusta romantizar los problemas de salud, ojalá nadie tuviese que pasar por ellos».
El 12 de abril despidió a su madre, Goyi Arévalo, en Corral de Almaguer, su localidad natal, después de años de enfermedad. En junio recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha por su trayectoria en el periodismo deportivo, y en el acto se emocionó al recordarla. El verano lo ha ido contando a cuentagotas, sin ponerle nombre a nada: primero fue el brindis con sus «comadres» y la silla vacía que dedicó a su madre, y ahora esta fotografía en la que no esconde nada. Entre una cosa y otra, la periodista ha seguido trabajando y viajando sin dar explicaciones sobre su estado de salud.
Las costuras que lleva años nombrando
Las marcas vienen de atrás. En mayo de 2019 le detectaron un tumor de ovario, pasó por quirófano y le quedó una cicatriz que le recorre el abdomen hasta debajo del ombligo; en 2022 volvió a ser operada y desde entonces se somete a revisiones periódicas. Sobre el ingreso de este enero no se dieron detalles: quedó en el aire si guardaba relación con aquel diagnóstico, aunque la información que se publicó entonces apuntaba a que no. Ella nunca ha entrado a aclararlo. Lo que sí ha hecho, y desde hace tiempo, es hablar de las cicatrices. En 2022 escribió. «Me miro en el espejo y me gusta lo que veo mientras abrazo la imperfección. Mi cuerpo es otra forma de recordar el camino. El tiempo y sus costuras. No tengo ningún problema en seguir coleccionando marcas que cuenten historias con final feliz».
Tardó cinco años en decir la palabra en voz alta. Fue a finales de 2024, en una gala benéfica para recaudar fondos contra la enfermedad, y lo dijo entre lágrimas. «Cáncer, una palabra de la que he huido durante años. Creía que, si no la nombraba, no sería una realidad. Me ha costado tiempo aceptar que esto es una carrera de fondo, que yo voy a ser siempre una paciente oncológica y que conviviré con la incertidumbre, he aprendido a abrazarla». Meses más tarde explicó para qué le había servido contarlo. «A raíz de pasarme a mí esto, a muchísimas amigas de mi alrededor les cambió muchísimo la vida.
Aprendí, como decía Pau Donés, que vivir es urgente y lo llevé a la práctica literalmente».
