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Daniel Sancho habría reclamado silencio a los tres conocidos que le estarían mandando dinero a la cárcel de Tailandia, y el hermano de Íñigo Onieva no está entre ellos

Pedro Serrano González
7 min 18
sancho44

Un grupo muy reducido de conocidos de Daniel Sancho le habría hecho llegar dinero a la prisión de Surat Thani, en Tailandia, para que «su día a día sea algo mejor». No es una colecta multitudinaria ni una cifra llamativa: serían tres personas y, según la información que se ha puesto sobre la mesa este jueves, cantidades pequeñas. Y hay un nombre que se cae de esa lista pese a haber estado hace apenas unas semanas al otro lado del cristal.

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Tres conocidos, cantidades pequeñas y un desmentido

La periodista Leticia Requejo ha explicado en El verano se mueve que algunos allegados de Daniel Sancho decidieron organizarse desde España para hacerle llegar apoyo económico mientras cumple condena a miles de kilómetros. La fórmula, según su relato, ha sido una colecta entre un puñado de personas con un objetivo muy concreto: contribuir a que «su día a día sea algo mejor» dentro de un centro penitenciario cuyas condiciones no se parecen en nada a las de una cárcel española. La periodista ha sido especialmente cuidadosa con las cifras, y lo primero que ha hecho ha sido rebajar el globo que se había hinchado en los últimos días. «Me cuentan que son cantidades pequeñas, no estaríamos hablando de 3.000 euros», ha señalado, desmintiendo así el importe que había circulado antes en otros espacios.

Requejo también ha acotado el círculo. No se trata de un movimiento colectivo del entorno del condenado ni de una iniciativa abierta a quien quiera sumarse: serían únicamente tres conocidos los que estarían detrás. Y entre ellos, ha precisado, no figura Jaime Onieva, hermano de Íñigo Onieva, pese a que su viaje a Tailandia para visitar al hijo de Rodolfo Sancho fue una de las noticias del mes en el caso. El nombre que más ha sonado en las últimas semanas asociado al apoyo al condenado no aparece, por tanto, entre quienes habrían puesto dinero.

«No quiere que se sepa cómo está siendo su día a día»

A ese grupo mínimo, el propio condenado les habría reclamado absoluta cautela a la hora de hablar de él. «Ha sido el propio Daniel quien ha pedido discreción máxima porque no quiere que se sepa cómo está siendo su día a día», ha afirmado la periodista. La instrucción, si se cumple, explica por qué la información que llega desde el entorno más cercano es tan escasa y tan contradictoria según quién la cuente, y por qué los detalles sobre su rutina han terminado llegando por terceros y no por quienes le visitan.

La misma información deshincha otro de los relatos que se habían instalado, el del séquito de admiradores. Requejo ha negado que exista un club de fans propiamente dicho y ha rebajado a apenas dos las cartas que Sancho habría recibido de desconocidos, muy lejos del aluvión de correspondencia que se había descrito. «No les ha dado la mínima importancia», ha manifestado la tertuliana sobre la reacción del joven a esos mensajes. Queda así una fotografía bastante distinta de la que venía circulando: ni una legión de seguidores escribiéndole, ni un rescate económico de miles de euros, sino tres conocidos, unas cantidades modestas y una petición expresa de que nadie hable de ello.

Doce horas de vigilia, una comida básica y una videollamada a la semana

Para entender qué significa «mejorar el día a día» en ese contexto hay que mirar cómo es la rutina en Surat Thani. El escritor y periodista Joaquín Campos, residente en Asia y autor de Muerte en Tailandia, la ha descrito en ese mismo espacio y su retrato no coincide con el estereotipo de la cárcel violenta. «No hay bandas, ni navajazos ni peleas». Lo que hay es otra cosa. «En Asia no se rehabilita al preso, es un castigo constante», resume. La jornada arranca de madrugada y se cierra con la luz. «Te levantan a las 5 de la mañana cuando amanece y te meten en la celda a las 5 de la tarde cuando anochece». En esas doce horas, apenas hay nada estructurado. «Salvo comer cuando te toca, una comida muy básica y muy repetitiva, no hay nada que hacer. No hay actividades como puede haber en una cárcel de España, no se lee, la televisión es una broma porque es un serial en tailandés».

A ese vacío se suma la barrera del idioma, que deja al español sin acceso siquiera a la programación del centro, emitida íntegramente en tailandés. «El día a día a nivel psicológico es durísimo. Pierdes el sentido de la realidad, no tienes acceso a nada de lo que ocurre fuera», describe Campos. El contacto con el exterior es igual de estrecho: tiene las llamadas restringidas y solo se le permite una videollamada semanal. Sobre ese suelo se entiende para qué puede servir un ingreso pequeño en el economato de la prisión, la vía por la que un interno accede a comida y productos básicos distintos de los que reparte el centro. Campos aportó además un dato que choca con el relato oficial de la defensa: sostiene que Silvia Bronchalo ha viajado a verle al menos un par de veces en los dos últimos años y que su padre no ha vuelto desde la lectura de la sentencia.

Una condena firme y un traslado que sigue en el aire

Todo esto ocurre mientras el frente judicial sigue abierto. Sancho fue condenado por el crimen del cirujano colombiano Edwin Arrieta y cumple cadena perpetua en Tailandia, con un equipo legal encabezado por Marcos García Montes que trabaja para lograr su traslado a una prisión española. Nosotros contamos hace unos días que el tribunal de Phuket cerró la fase de recursos y dejó su condena en el momento decisivo, y también que Tailandia ultima una normativa que lo dejaría más lejos que nunca de volver a España. La visita del hermano de Íñigo Onieva, que llegó a la prisión a los tres años del crimen, fue el último gesto visible de su entorno antes de este movimiento económico.

Aquel viaje lo confirmó en su día la portavoz de la familia, Carmen Balfagón: tres amigos muy cercanos se desplazaron hasta el país asiático para verle unos minutos, en un momento en el que las llamadas telefónicas estaban restringidas y el contacto con el exterior se había reducido al mínimo. Ese mismo círculo pequeño es el que ahora aparece detrás de la ayuda económica, aunque con nombres distintos a los que se han venido dando por hecho. Mientras tanto, la defensa mantiene abiertas dos vías en paralelo: la del recurso, que pide una nueva vista o la repetición del juicio, y la del traslado a una prisión española, que solo puede pedirse cuando la condena sea firme. Cualquier movimiento en esa segunda vía depende de una fecha que todavía no está puesta en ningún calendario.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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