Hay artistas que llenan estadios y artistas que llenan pueblos enteros. Leticia Sabater pertenece a una tercera categoría, mucho más difícil: la de quienes multiplican por veinte el censo del lugar donde actúan. Este viernes, la cantante y presentadora catalana desembarca en Losanglis, una pedanía oscense de la comarca de la Hoya de Huesca, perteneciente al municipio de Ayerbe, que tiene medio centenar largo de habitantes —cincuenta y uno, según el último padrón— y que esa noche verá cómo su plaza se convierte en una discoteca al aire libre con entrada gratuita. «Tengo muchas ganas de ir a Losanglis. Me encantan los pueblos de Aragón», ha declarado la artista, antes de rematar con la frase que ya es marca de la casa: «Os quiero, aragoneses».
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Un chupinazo, una plaza y una fiesta que desborda el censo
El concierto se enmarca en las fiestas patronales en honor a Santiago, que la Asociación Cultural y Recreativa Santiago de Losanglis organiza del 17 al 19 de julio con la colaboración del Ayuntamiento de Ayerbe. El programa oficial arranca el viernes con el chupinazo a las ocho y media de la tarde y reserva la noche entera para ella: la actuación llegará en la franja nocturna —el propio programa de fiestas la sitúa pasada la medianoche—, y a continuación tomará el relevo la discomóvil hasta que el cuerpo aguante. El sábado quedará para la charanga Garrampa y la Orquesta Caramelo, y el domingo, para la misa mayor, la chocolatada y la traca. Pero el reclamo, el que va a llenar los aparcamientos improvisados de media provincia, es ella.
Y va a ser, como siempre, un espectáculo de participación. La artista ha prometido un repertorio pensado para que nadie se quede quieto y ha anunciado que, al terminar, se hará fotografías con todo el que se lo pida, un ritual que forma parte inseparable de su liturgia y que explica buena parte de su vigencia. No hay barrera de seguridad emocional en un concierto suyo: hay bailes imposibles, coros desafinados, adolescentes y abuelas cantando lo mismo, y una comunión festiva que muy pocos artistas de este país saben provocar. En Losanglis, además, se dará una circunstancia estadísticamente insólita: la asistencia superará varias veces el número de vecinos empadronados.
Aragón, su territorio: «Es seguramente mi comunidad favorita del país»

Nada de esto es casual. La cantante lleva año y medio construyendo en Aragón un feudo particular, y ella misma se ha encargado de explicarlo sin rodeos: «Muchas veces me preguntan que por qué actúo tanto en Aragón. Y yo les contesto que he encontrado la que es seguramente mi comunidad favorita del país. Tengo mucha sintonía con los aragoneses porque tenemos muchas cosas en común. Es un privilegio poder actuar en sitios como Losanglis, es una maravilla». La afirmación tiene detrás una hoja de servicios apabullante: mil personas en Singra (Teruel) el pasado diciembre, bailando con el alcalde incluido; las fiestas de Urrea de Jalón en enero; una Semana Santa multitudinaria en Aliaga, un municipio de trescientos cuarenta y cuatro habitantes que reunió a mil personas; La Salchipapa bailada en Samper del Salz, ochenta y dos vecinos censados; el Parque Venecia de Zaragoza en junio; dos mil personas a finales del mismo mes en la capital. Y ya tiene cerrada una actuación en las Fiestas del Pilar.
El patrón es siempre el mismo y siempre funciona: pueblo diminuto, aforo desbordado, entrada gratis y un fenómeno sociológico que hace tiempo que dejó de ser una broma. A Sabater se la ha ridiculizado durante dos décadas y ella ha convertido esa burla en un modelo de negocio inagotable, girando por la España vaciada mientras artistas mucho más «respetables» pelean por cachés en festivales urbanos. La única sombra reciente de esa carrera aragonesa llegó en enero, cuando PACMA la denunció por subir un poni al escenario en una de sus entradas más surrealistas.
Del rescate del Orgullo de A Coruña a la plaza de Losanglis
La cita de Huesca llega apenas cinco días después de que la artista protagonizara otro de esos episodios que definen su carrera: el rescate de última hora. El Atlantic Pride de A Coruña anunció el domingo, mediante un comunicado, que Soraya Arnelas causaba baja por motivos de salud —la organización le deseó una pronta recuperación y le trasladó todo su ánimo— y que su hueco lo ocuparía ella. Sabater se plantó en los Jardines de Méndez Núñez a las diez y media de la noche, en la última jornada de la séptima edición del festival, y despachó un repertorio de artillería pesada: ‘Yo quiero bailar’, ‘La Morocha’, ‘La Salchipapa’ —para la que subió a más de una docena de personas al escenario— y ‘Mandanga Style’. El público no dejó de cantar ni un minuto. En el cartel de esa noche también estaban Ricky Merino y María Isabel.
De los jardines de A Coruña ante miles de personas a la plaza de un pueblo de cincuenta vecinos en cuatro días. Ese es el rango de una artista a la que se ha llamado de todo menos irrelevante y que ha entendido, mucho antes que muchos, dónde está la fiesta de verdad en el verano español: no en el circuito de festivales con pulsera y cerveza de patrocinador, sino en la plaza del pueblo, con la traca preparada, el chupinazo aún caliente y ganas de bailar hasta que salga el sol. El viernes, Losanglis dejará de tener cincuenta habitantes durante unas horas. Y nadie va a echar de menos el silencio.
