Laura Matamoros ha contado en sus redes sociales que arrastra un mes de médicos, urgencias y medicación por una reacción que atribuye a un tratamiento estético que se puso en la cara hace un año, y ha lanzado un aviso a sus seguidores. «Haz lo que quieras con tu cuerpo, pero mucho cuidado».
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Un mes de urgencias y una cara que «iba a explotar»

Laura Matamoros, hija de Kiko Matamoros y Marián Flores, ha explicado ante su casi millón de seguidores en Instagram lo que le ha ocurrido durante las últimas semanas. Según cuenta ella misma, la inflamación le subió desde el paladar hasta la cabeza y le dejó la sensación «de que iba a explotar», con el dolor que acompaña a una hinchazón así. No fue un malestar de un día: describe una sucesión de consultas, de pruebas y de visitas a urgencias hasta que alguien le puso nombre a lo que le pasaba. «Llevo un mes de médicos, de medicación, en concreto corticoides, antibióticos y diuréticos muy fuertes para bajar la inflamación… hasta que un médico especialista supo diagnosticar qué me pasaba», relata. La frase con la que resume su estado no deja mucho margen a la interpretación. «No os imagináis mis días en urgencias, mi cara y mi preocupación, porque cada día que me levanto es una puñetera lotería».

Lo que Laura Matamoros sitúa en el origen de todo es un retoque que se hizo hace un año y del que, asegura, no notó nada raro en su momento. Se inyectó en el rostro polinucleótidos, unas moléculas de origen natural que se extraen habitualmente del ADN de salmón o de trucha y que se usan para regenerar la piel desde dentro. Durante meses no hubo señales; el cuerpo, cuenta, ha terminado respondiendo mucho después. Esa distancia entre el pinchazo y la reacción es precisamente lo que ella subraya al hablar del asunto, porque le impidió relacionar una cosa con la otra hasta que se lo dijeron en una consulta. Laura Matamoros no ha detallado en qué clínica se lo puso ni ha señalado a ningún profesional: ha contado lo que le ha pasado a ella y ha dejado ahí el aviso.
«Esto no me lo vuelvo a pinchar»
El mensaje que ha querido dejar a quien la sigue está medido y no va en tono de sermón. «Haz lo que quieras con tu cuerpo, pero mucho cuidado, porque tu cuerpo no tiene por qué responder mal inmediatamente ni responder como el mío, pero esto no me lo vuelvo a pinchar», ha escrito Laura Matamoros. En esa misma frase deja claro que no le dice a nadie lo que tiene que hacer con su cuerpo y que su caso no tiene por qué repetirse en otro, pero cierra con una decisión personal que no admite matices sobre volver a ponerse el producto.

La decisión de enseñarlo tampoco es menor viniendo de donde viene. Su perfil se sostiene sobre la imagen y sobre una relación muy directa con quien la sigue, y lo que ha mostrado son las consecuencias de una reacción en plena cara, no un antes y un después favorecedor. Es la misma línea de otras veces en las que ha salido a hablar de su físico sin filtro, aunque en esta ocasión lo que hay detrás no es una crítica ajena sino un problema de salud que, por lo que ella describe, todavía no está cerrado del todo. En su relato el diagnóstico llegó tarde y de la mano de un médico especialista, después de un mes entero encadenando consultas sin que nadie diera con la causa, y la medicación que enumera —corticoides, antibióticos y diuréticos muy fuertes— iba dirigida a bajar una inflamación que ella describe subiéndole del paladar a la cabeza. De ahí la imagen con la que resume cómo amanece cada día: una lotería.
Qué son los polinucleótidos y por qué se llaman «esperma de salmón»
El apodo popular con el que circula el tratamiento no es un invento de redes. Los polinucleótidos son bioestimuladores cutáneos compuestos por fragmentos de ADN que se extraen generalmente del esperma de salmónidos, y de ahí viene el nombre con el que se ha popularizado. Se emplean para promover la regeneración celular, estimular la producción de colágeno y de elastina e hidratar la piel en profundidad. El procedimiento se considera poco invasivo: consiste en microinyecciones o pápulas repartidas por zonas como el rostro, el cuello o el escote, y lo habitual es necesitar entre dos y tres sesiones espaciadas para ver un resultado definitivo. El precio medio en España se mueve entre los 250 y los 450 euros por sesión, según la clínica y el producto que se utilice.
Se comercializa como un tratamiento muy seguro por su alta biocompatibilidad, pero no está exento de riesgos. Junto a los efectos inmediatos y leves —hematomas, enrojecimiento o edema pasajero— pueden aparecer complicaciones tardías poco frecuentes, aunque graves: granulomas, infecciones secundarias o reacciones inmunológicas e inflamatorias de hipersensibilidad retardada, que llegan a manifestarse incluso meses después de la aplicación. Ese último apartado es, precisamente, el que encaja con el calendario que ella describe: un pinchazo hace un año y un cuerpo que reacciona ahora.
Los retoques, un asunto recurrente en la familia

El clan al que pertenece lleva tiempo hablando de quirófanos y de consultas sin demasiados rodeos. Su padre enseñó el resultado de un lifting cervical profundo y su hermano Diego Matamoros mostró en primera persona cómo fue su recuperación tras pasar por el quirófano, faja incluida. En esa costumbre familiar de contarlo todo delante de la cámara encaja lo que ha hecho ella ahora, con una diferencia de fondo que salta a la vista en cuanto se compara: allí se enseñaba un resultado buscado y aquí se enseña un susto que nadie había previsto, con la cara todavía por desinflamar y las visitas al médico sin terminar.
Ella misma ya había plantado cara en agosto a un seguidor que le afeó el cuerpo en un vídeo con su hijo en brazos, con un «y tú cerebro de mosquito» que corrió por redes. Su actividad pública se reparte desde entonces entre ese perfil, en el que reúne a casi un millón de personas, y la televisión, donde fichó como colaboradora de las tardes de Telecinco a finales de junio, junto a Santi Acosta y Beatriz Archidona, después de haber ganado GH VIP y de haber pasado por Supervivientes.
