El día en que José Antonio Reyes habría cumplido 43 años, su viuda ha contado en televisión algo que había llevado en privado: el Cáncer que le diagnosticaron después de quedarse sin él. Noelia López lo ha explicado en Y Ahora Sonsoles, con el detalle de que ya no había opción de operar y solo quedaba el tratamiento, y con la frase que resume lo que aquello le cambió por dentro. «Entendí que no tenía que cerrarme tanto».
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«Afronté con esperanza lo que se me venía encima»

El diagnóstico llegó años después del accidente de José Antonio Reyes y lo afrontó, dice, con «muchísimo miedo», porque no sabía cuál iba a ser el desenlace y porque para entonces la cirugía ya no era una posibilidad: la única vía era someterse al tratamiento. Lo que hizo Noelia López en ese punto fue buscar casos reales de gente que hubiera pasado por lo mismo, personas desconocidas que habían contado su proceso y que ella empezó a leer como quien busca una prueba de que se puede salir. «Confié en Dios, en la medicina y las historias reales de éxito las hice mías», ha contado.
De ahí sale la frase que ha dado título a su intervención, y que no habla de la enfermedad sino de lo que la enfermedad le enseñó sobre sí misma. «Entendí que no tenía que cerrarme tanto, porque hasta entonces era protección total a mis hijas, no me dejaba querer, compartir… Pero me di cuenta de que gracias a gente generosa yo tenía esa esperanza de sobrevivir», ha explicado. Durante el proceso prefirió no contárselo entero a las niñas, que eran muy pequeñas, hasta que la mayor se lo preguntó directamente y ella se lo confirmó. El episodio, además, la devolvió a la fe después de una etapa de enfado por la muerte de José Antonio Reyes y la de su propio hermano.
Lo más duro de criar sola. «Hacerles llorar con la verdad»

La otra mitad de lo que ha contado tiene que ver con sus dos hijas, de trece y nueve años, de las que dice que la han salvado «desde el principio hasta ahora». Estos siete años los ha dedicado a que su infancia fuera lo más feliz posible «y que esa ausencia que ha marcado su vida no pesara mucho», y ahí sitúa la parte que peor lleva. «Hay muchos momentos duros, pero es sobre todo hacerles llorar con la verdad. Decirles que esto es lo que ha pasado y no se puede cambiar. Y, bueno, no poder hacer nada como madre para calmar ese dolor, esa rabia, ¿no? Hacerles daño sin querer, porque la verdad duele».

Las niñas eran muy pequeñas cuando su padre murió, así que están construyendo su recuerdo con el de los demás: preguntan cada vez más por él y les gusta ir a Utrera y que los vecinos les cuenten cosas. Ella misma ha ido cambiando la forma de manejar la fecha: al principio no era capaz de decirles nada del cumpleaños, y ahora prefiere lo contrario. «Van evolucionando, van entendiendo, van madurando y a mí me gusta hacerlas partícipes de la realidad, de su padre, que aunque no esté, sigue estando presente». Este 1 de septiembre, además, los tres hijos del futbolista —el mayor, José Antonio, de dieciocho años, y sus dos hermanas pequeñas— lo han celebrado juntos, como a él le habría gustado.
Siete años del accidente de Alcalá de Guadaíra

José Antonio Reyes murió el 1 de junio de 2019 en un accidente de coche en Alcalá de Guadaíra, a pocos kilómetros de Utrera, el pueblo sevillano en el que nació y del que nunca se despegó. Tenía 35 años y una carrera que había pasado por los banquillos y los vestuarios más exigentes del fútbol español y europeo, y su muerte dejó un hueco que en su casa se sigue midiendo en fechas como la de hoy. Ella lo define como «el amor de su vida» y describe la historia que vivieron como «muy intensa».
Siete años después, Noelia López dice que sigue teniendo conversaciones con él y que son esas conversaciones las que la empujan a seguir. Y que el cáncer, ya superado, le dejó una idea encima de todas las demás: que «vivir es un regalo». Es la conclusión con la que ha cerrado su intervención, y la que explica por qué ha elegido precisamente el cumpleaños de su marido para contar en voz alta una historia que hasta ahora se había quedado en casa.
