Icíar Aragón, la hija mayor de Emilio Aragón a la que todos llaman Ichi, ha contado entre lágrimas la depresión y la ansiedad que le pararon la vida durante meses. Lo ha hecho en el pódcast Somos Estupendas, sin adornarlo, y con la pregunta que se repetía a sí misma cuando no entendía qué le estaba pasando. «Pero por qué yo tengo depresión si yo tengo una familia estupenda, tengo un trabajo que me gusta, mis amigos…».
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«Tu cuerpo sigue pero tu cerebro ya no puede más»

La hija de Emilio Aragón ha descrito el punto en el que el cuadro se le volvió incompatible con la vida normal. «No podía salir de casa sola al principio, tu cuerpo sigue pero tu cerebro ya no puede más», ha explicado sobre unos meses en los que, dice, tenía todos los motivos objetivos para estar bien y ninguna forma de estarlo. La confesión llega de alguien que hasta ahora había mantenido su vida fuera del foco pese al apellido, y que ha decidido contarlo en crudo: las lágrimas aparecen en la propia grabación.

El momento que lo precipitó todo fue una noche concreta en casa de la hija de Emilio Aragón. Su marido estaba fuera de Madrid por trabajo y ella se quedó sola en casa con sus tres hijos, y no fue capaz de sostenerlo. Llamó a una amiga. «No fui capaz de dormir sola. Ella durmió conmigo y me dijo: «Necesitas ayuda, mañana vas a pedir la baja»», ha relatado. El diagnóstico que llegó después lo negó de entrada, porque es autónoma y pararse no entraba en sus cálculos, y esa negación alargó el proceso.
El ordenador en la calle para fingir que no pasaba nada

Lo que ha contado de la fase más aguda es la parte que menos suele contarse: los apaños con los que uno sostiene la apariencia mientras por dentro no hay nada. Ichi Aragón se refugiaba en el cuarto de baño con ruido blanco puesto en el teléfono para sentirse segura, y salía a la calle cargada con el ordenador para aparentar normalidad delante de los demás. Alrededor fueron apareciendo los síntomas físicos y las conductas compulsivas con las que intentaba mantener algún control sobre el día.
Ella los enumera sin rodeos. «No dormía, abría y cerraba WhatsApp y el email constantemente. Si las personas no me contestaban en segundos, me daban taquicardias. Me levantaba un día y no salía de la esquina del sofá y lloraba sin parar». La medicación que le recetaron fue, según cuenta, lo que le permitió poner distancia con el dolor y empezar a mirar de dónde venía todo aquello, en lugar de seguir tapándolo.
«Yo no tengo que ser ni como mi abuelo, ni como mi padre»

Preguntada por el origen, no señala a un golpe concreto sino a una exigencia sostenida durante años. Venir de una familia trabajadora y muy conocida le puso encima una vara de medir que ella misma se fue subiendo hasta que dejó de poder con ella. «Llega un momento en que es agotador. Yo no tengo que ser ni como mi abuelo, ni como mi padre», ha dicho. El proceso de recuperación se ha alargado de 2021 a 2026, sigue yendo a terapia y ha aprendido a leer las señales con las que su cuerpo avisa, como la afonía que le vuelve en las épocas de estrés. Reconoce que ha perdido parte de la chispa hiperactiva que la definía antes, y que a cambio ha ganado la calma de ir más despacio.
Su mensaje final va dirigido a quien esté ahora donde estuvo ella. «Para sanar hay que vivir en la incomodidad. Pedid ayuda de verdad, hablad con vuestra pareja, padres o amigas. Para resurgir y mutar a una mariposa, primero tienes que ser un gusano. Cuesta, pero se consigue». Su hermana, Macarena Aragón, ha reaccionado en redes subrayando por qué importa que lo haya contado así. «Hablar de la depresión con esta cercanía, con palabras tan reales y sin adornarlo, ayuda muchísimo más de lo que a veces pensamos». Y la actriz Candela Peña se lo ha agradecido en público. «Gracias infinitas por tu testimonio, por hablar de tu herida, y relatarte… y la chispa tiene incontables formas y colores».
