Edmundo Arrocet ha decidido contar en primera persona lo que le está ocurriendo. El humorista, que espera los resultados de las pruebas que le hicieron después de que los médicos le vieran una mancha y un bulto en un riñón, asegura que asume estar «en la recta final» de su vida «sin dramas» y adelanta que rechazará el tratamiento si resulta duro o si le obliga a depender de una máquina.
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«Asumo que estoy en la recta final de mi vida sin dramas»

La frase la pronuncia Edmundo Arrocet con todas las letras en la entrevista que protagoniza en el nuevo número de la revista Semana. «Asumo que estoy en la recta final de mi vida sin dramas», dice el cómico después de varios días de espera y de silencio, con las pruebas hechas y el diagnóstico todavía sin cerrar. El humorista, popular en España por ‘Un, dos, tres… responda otra vez’, se sometió a varios análisis y pruebas después de que los médicos le vieran una mancha y un bulto en un riñón, y desde entonces espera el diagnóstico. «Me han visto una mancha y un bulto en el riñón», dijo el cómico cuando saltó el asunto. Los especialistas están volcados en su caso.
El propio humorista sostiene que está tranquilo y que no tiene miedo al destino, y lo dice ahora que varios de sus planes se han torcido de golpe. Tenía intención de viajar y los médicos se lo desaconsejaron: le pidieron que no saliera de España y que esperase a los resultados antes de tomar ninguna decisión. Tampoco ha vuelto a hablar de las memorias que quería escribir. «Si tengo algo malo lo asumiré», añade. Asegura que está gestionando bien la noticia y que no le preocupa lo que está por llegar; su vida, dice, ha sido plena. A sus 76 años sigue en activo, con proyectos abiertos que ahora quedan supeditados a lo que digan los análisis. Su trabajo y el resto de compromisos han pasado a un segundo plano, y se apoya mientras tanto en su entorno más cercano y en sus amigos.
«Si el quiste es malo y tiene difícil tratamiento, no lo quiero»

Arrocet pone por delante una condición antes incluso de saber a qué se enfrenta. «Si el quiste es malo y tiene difícil tratamiento, no lo quiero. Tampoco si me obliga a depender de una máquina». El humorista fija ese límite antes incluso de que ningún médico le haya planteado ese escenario. En la misma conversación repite que se niega a ser una carga para nadie, bajo ningún concepto, y quiere que su entorno lo sepa antes de que lleguen los resultados.

Edmundo Arrocet habla también de sus hijos, por los que le preguntan expresamente después de confirmarse el problema de salud, y de las críticas que ha recibido estos últimos días. «El 85 % de mis amigos y familiares han fallecido», desliza al responder sobre su miedo a la muerte. El propio humorista despidió hace apenas unas semanas al mago Juan Tamariz, con quien había coincidido en aquel concurso de sobremesa, y recordó entonces varias anécdotas junto a él. Días después se conoció su problema de salud. También responde en la entrevista a las preguntas sobre su relación con la muerte y sobre los recuerdos que sigue guardando de María Teresa Campos.
Una carpeta, un banco y una llamada a la salida del hospital

El asunto salió a la luz porque a Arrocet lo fotografiaron a las puertas de un hospital de Madrid, y las imágenes contaban por sí solas lo que él todavía no había dicho. En ellas se le ve salir del centro acompañado por un sanitario, que le lleva hasta la puerta y camina un rato con él antes de despedirse con un abrazo. Lleva una carpeta encima, se sienta en un banco a repasar el informe y hace una llamada de teléfono con el gesto serio. Así lo describió el director de la revista, Jorge Borrajo, en el programa ‘El verano se mueve’, de Telecinco, donde detalló que el cómico se había sometido a varios análisis y pruebas y esperaba respuesta. Fue este verano cuando le comunicaron que algo no marchaba bien.
El humorista llevaba un tiempo con un perfil más bajo, lejos del ruido en el que se movió durante años como pareja de María Teresa Campos, una relación de más de seis años que le convirtió en personaje fijo de la prensa del corazón y que sigue asomando cada vez que su nombre vuelve a un plató: de ahí venían tanto los reproches públicos que le lanzó Alejandra Rubio como el ruido que se levantó alrededor de la pensión que la presentadora quiso dejarle. El humorista tenía además en la cabeza unas memorias en las que pensaba hablar de esos más de seis años, un proyecto que ha quedado parado. El diagnóstico debía conocerse en cuestión de días y de él dependen todos sus planes.
