La factura de la maternidad se paga de madrugada. Apenas cinco días después de despedirse entre lágrimas de la lactancia, Estela Grande ha vuelto a abrir su cuarto a los seguidores para contar lo que está viviendo cada noche con Luca y Liah: los mellizos se despiertan literalmente cada hora. La influencer, incapaz ya de sostenerlo sola, ha anunciado que ha contratado a una asesora del sueño para reconducir el descanso de los pequeños. «Creo que están teniendo alguna crisis gorda de regresión», ha reconocido, con una sinceridad que no busca aplausos sino salvavidas.
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El relato lo ha desgranado la modelo en sus historias de Instagram, donde ronda el medio millón de seguidores y donde lleva meses convirtiendo la crianza en un diario sin maquillaje. «Es que podemos flipar, literalmente CADA HORA», escribía, con las mayúsculas haciendo de grito contenido, para describir el rosario de despertares que encadenan sus bebés desde hace días. La consecuencia, para ella, es un agotamiento que ya ni disimula: «Noches intensas, litros de café», resumía al describir cómo afronta unas mañanas que empiezan sin haber terminado de dormir la anterior.

«Son muchos cambios ellos»: el destete que lo explica todo
La propia creadora de contenido apuntaba, casi de pasada, a la clave que ata este episodio con el anterior. Junto a la hipótesis de la regresión del sueño —ese fenómeno bien conocido por cualquier madre en el que un bebé que ya dormía del tirón vuelve de golpe a los despertares constantes— añadía otra explicación: «o simplemente también son muchos cambios ellos». Y de cambios, en esa casa, ha habido uno enorme y reciente: hace apenas cinco días la modelo puso fin a cinco meses de lactancia, y lo hizo con una carta que terminó de escribir llorando. «Nunca imaginé que despedirme de algo que tantas veces me agotó también me fuera a romper un poquito el corazón», confesaba entonces.
Aquel adiós al pecho no fue un trámite. Llegó después de un camino durísimo que ella misma documentó sin edulcorar: a finales de marzo describía un panorama descarnado —«tengo el pecho fatal, los pezones con sangre y grietas»— y confesaba su miedo a recaer en una mastitis por no lograr vaciarse bien. Buscó ayuda especializada, siguió las pautas al pie de la letra y salió adelante. Ahora, cuando por fin cerraba esa etapa «con el corazón lleno», la crianza le ha presentado una nueva prueba: unos bebés que han perdido el sueño justo cuando su madre más lo necesitaba. La ironía es cruel y ella la asume sin dramatismos, con la misma naturalidad con la que ha contado cada bache.
La decisión: profesionalizar el descanso
Lejos de resignarse al café y a la trinchera, la andaluza ha optado por un camino que cada vez eligen más familias y que sigue generando debate: poner el sueño de los niños en manos de una experta. «Voy a empezar a trabajar con una asesora del sueño para mejorar cositas con los bebés», ha explicado a su comunidad, prometiendo además ir contando los avances del proceso. Es un gesto muy suyo: cuando algo se le hace cuesta arriba, pide ayuda y lo cuenta en alto, convirtiendo su experiencia privada en un manual de supervivencia para las miles de madres que la leen a las cuatro de la mañana con un biberón en la mano.
No es la primera vez que recurre a un especialista para descifrar a sus hijos. El pasado mes de febrero ya pidió consejo profesional al detectar señales que apuntaban a una posible intolerancia o alergia alimentaria en los pequeños, y terminó reorganizando su propia alimentación con un experto en nutrición para no comprometer ni su bienestar ni el de ellos. Es el mismo patrón: detectar el problema, no callárselo, buscar a quien sepa. Una actitud que, en un ecosistema digital donde la maternidad suele venderse en tonos pastel y con luz de estudio, la ha convertido en una voz creíble precisamente por enseñar las ojeras.
Una crianza contada sin filtros desde el minuto uno

Conviene recordar de dónde viene esta familia para medir el desgaste. Luca y Liah nacieron el pasado 20 de enero y convirtieron en padres primerizos a la modelo, de 32 años, y a su pareja, el futbolista del Getafe CF Juan Iglesias, de 28. Tampoco aquel estreno fue plácido: la recta final del embarazo se complicó con una amenaza de parto prematuro y uno de los mellizos tuvo que permanecer ingresado sus primeros días antes de que la familia pudiera reunirse por fin en casa. Desde entonces, la exconcursante de Gran Hermano VIP no ha dejado de narrar el proceso en tiempo real, con sus alegrías y con sus derrumbes.
Y ahí radica el valor de un testimonio como este. Porque detrás del titular hay algo más que unas historias efímeras de Instagram: hay una madre de mellizos de cinco meses que lleva días durmiendo a trozos, que acaba de renunciar al vínculo físico de la lactancia y que, en lugar de fingir que todo va bien, levanta la mano y pide ayuda. Las noches, de momento, siguen siendo largas. Pero la asesora ya está contratada, el café sigue caliente y ella ha prometido contarlo. Si la crisis de regresión pasa, sus seguidores lo sabrán; y si no pasa, también.
