La actriz, que según muestra hace su vida normal, está pasando por uno de los momentos más delicados de su vida teniendo en cuenta los acontecimientos políticos entre el país donde nació y el país donde reside.
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Todo parece normal en la vida de Ana de Armas si se observa su perfil en redes sociales. Pero a su alrededor están ocurriendo cosas que es imposible que le dejen indiferente, y que lejos de eso, están provocando que viva uno momento cuando menos tenso y delicado. En una de sus publicaciones recientes aparece luciendo un collar de alta joyería de Louis Vuitton, una pieza con más de 4.700 diamantes vinculada a una de sus campañas con la firma. La imagen se integra en su actividad profesional y no denota que exista nada fuera de lo normal. Ella sigue con su vida, intentando aparentar toda la normalidad posible y tratando de no dejar de trabajar, pero a su alrededor el mundo sigue girando y en esta ocasión lo hace de manera que inevitablemente, le incumbe. Pero parece que siga esa máxima que Rocío Carrasco nos contó que seguía su madre: “que se queme la casa pero que no salga el humo”.
Y es que esa imagen de normalidad convive con un contexto que no aparece en sus publicaciones. La relación entre Cuba y Estados Unidos atraviesa una etapa de tensión, con medidas económicas muy estrictas, control interno en la isla y presión internacional que está llevando a vivir a los cubanos una crisis energética y económica muy agravada. En los últimos meses, se han mostrado dificultades en el acceso a productos básicos, problemas en el suministro y un aumento de la migración. Al mismo tiempo, desde Estados Unidos se mantienen restricciones que condicionan las relaciones entre ambos países y afectan a la vida diaria en la isla. Este marco sitúa a quienes tienen vínculos entre ambos territorios en una posición expuesta y complicada.
Y más en el caso de la actriz, que vive en un país y nació en el otro. Ana de Armas nació en La Habana y vivió su infancia en Cuba junto a su familia antes de trasladarse a España a vivir con su abuela, donde inició su carrera como actriz en televisión y cine. Años después dio el salto a Estados Unidos, donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria reciente. Ese recorrido entre países forma parte de su perfil público y explica el interés que despierta su figura cuando la actualidad pone el foco en la isla.
Y a este recorrido, que es más bien casual, se suma el que tiene un componente mucho más personal. La actriz mantiene una relación con Manuel Anido Cuesta, abogado e hijastro del presidente cubano Miguel Díaz-Canel. Este dato conecta su nombre con la realidad institucional de Cuba en un momento marcado por la tensión política entre la isla y Estados Unidos, el país donde trabaja. Anido es hijo de Lis Cuesta Peraza, la actual pareja del presidente, y aunque en los últimos años ha estado viviendo en Madrid y formándose tras sus estudios iniciales de abogacía, en la prestigiosa (y costosa) universidad IE University Business School, también ha hecho labores de asesor de su padrastro y le ha acompañado en viajes institucionales. Es decir, no se puede decir que quede al margen de la política.
También es muy controvertida en este momento para Ana de Armas la figura de su hermano, Javier Caso, fotógrafo y activista. En los últimos años ha mostrado una postura crítica con el gobierno cubano y ha participado en acciones de protesta. Entre ellas, una huelga de hambre en apoyo a otros activistas, y la divulgación de obras de arte en contra del régimen le llevaron a ser investigado, algo acerca de lo que su hermana no se ha pronunciado jamás. De hecho, hace años que los hermanos no son vistos juntos, ni siquiera a través de las redes sociales donde ella si comparte alguna pincelada de su día a día. Cuando Ana comenzó en 2024 su relación con Anido muchos la acusaron de traición, lo que se desconoce es si su hermano también lo hizo.
Sea como fuere, es evidente que el hecho de tener una pareja (o expareja) tan cercana al presidente de Cuba, un hermano activista contra el régimen, y su propio origen cubano mientras trabaja en Estados Unidos en medio de la tensión actual no debe ser sencillo. El equipo de comunicación que asesora a Ana debe estar trabajando a fondo para que no haya una sola palabra o hecho que pueda tomarse como una manifestación política, porque le guste o no los ojos están puestos sobre ella, y la situación es complicada.
Mientras tanto, Ana de Armas mantiene su aparente normalidad, sigue trabajando, publicando y viviendo. Sin que se note si todo esto le está afectando lo más mínimo y casi con toda seguridad esperando que pase rápido. No ha hecho declaración alguna al respecto y no parece probable, atendiendo a su trayectoria, que vaya a hacerlo. Y es que, si nos ponemos en sus zapatos, es fácil adivinar el miedo a exponerse, porque debe ir de la mano con el miedo a perder su trabajo.
