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Corazón Digital

El apoyo en la sombra de Irene Rosales: la persona que ha logrado que dijera ‘sí’ al polémico anuncio de Kiko

Noelia Zazo
6 min 47

Irene necesitaba seguridad, tranquilidad y control. Ahora tiene las tres cosas. Siente que ha llegado su momento de comerse el mundo y, aunque ese camino lo ha recorrido ella sola, también tiene alrededor a personas que le recuerdan cada día que puede hacerlo.

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He hablado con Irene Rosales, aunque en realidad no era necesario hacerlo para entenderla y ponerse en su lugar. Pero sí he averiguado algo nuevo: de dónde ha sacado gran parte de la fuerza para decir «sí» a un trabajo al que, sin ninguna duda, habría dicho «no» hace unos años. Porque sí, eso ha pasado. Irene, esa mujer que según su exmarido, Kiko Rivera, no quiere trabajar, ha rechazado no una sino muchas oportunidades laborales a lo largo de los últimos once años. Mientras tanto ha hecho otro trabajo, uno de esos que no cotizan en titulares ni suelen aparecer en LinkedIn: conseguir que su familia —y no voy a hablar de menores, pero ya me entendéis— tenga una rutina, un hogar, un plato de comida sobre la mesa y una vida normal. Parece magia, pero normalmente detrás de eso hay alguien dedicando tiempo, energía y esfuerzo. En este caso, Irene. Esa persona de la que se dice que no trabajaba.

Pero ahora sí trabaja. Y además lo hace pensando por primera vez en sí misma. Sin medir constantemente las consecuencias que sus decisiones puedan tener para otros, siempre dentro de los límites del respeto. Y eso es nuevo. Mirar hacia ella misma es nuevo. No hace falta que lo explique porque los ejemplos llevan años delante de nosotros. En 2020 trabajaba en el desaparecido ‘Viva la vida’ y, después de todo lo ocurrido con Kiko Rivera en ‘La herencia envenenada’, terminó abandonando el programa. Todo giraba alrededor de él. Ella no podía opinar con libertad porque había decidido ejercer un papel muy concreto: el de apoyar a su marido, tuviera razón o no la tuviera. Irene siempre estuvo ahí.

Ahora, en cambio, él dice que ella no piensa. Que no es capaz. Resulta curioso que tenga esa impresión sobre una mujer de la que durante años aseguró que era «perfecta». Qué extraño mecanismo ese por el que algunas mujeres dejan de ser perfectas justo el día que empiezan a decir lo que piensan. ¿Ha dejado ella de serlo o simplemente él ha perdido el sentido del humor?

Porque todo esto viene por una lona publicitaria colgada en pleno centro de Madrid en la que Irene protagoniza una campaña de Grefusa con el lema: *»Un mix con un mal Kiko es un mal mix»*. Una referencia evidente al maíz, sí. Y para quien quiera buscar una segunda lectura, también a un mix que claramente no ha funcionado. ¿Es realmente tan ofensivo como para decir que tu exmujer no piensa por sí misma, recordarle públicamente el fallecimiento de su madre y anunciar acciones legales que nadie termina de entender en qué se sostienen?

Para Kiko parece que sí. Y a Irene parece haber dejado de importarle. Ese cambio no se explica únicamente por el divorcio ni por las palabras que ha tenido que escuchar durante años. Se explica por el enorme trabajo que ha hecho consigo misma y por las personas que tiene a su alrededor. Su familia se ha volcado en apoyarla, sus hermanos desempeñan un papel fundamental en su bienestar y cuenta además con un equipo profesional que la respalda sin condiciones.

Pero si hay una persona clave en esta historia, esa es Guillermo. Es quien ha conseguido que vuelva a confiar en sí misma. Quien le recuerda que puede aceptar trabajos sin pedir perdón por ello. Quien le da alas para no descartar proyectos por miedo al qué dirán. Quien le ha enseñado que decir «sí» no siempre tiene que ir acompañado de culpa. Y este anuncio es la prueba perfecta.

La Irene de hace unos años jamás habría aceptado una campaña así. Sabía perfectamente el ruido que iba a generar. Quizá no imaginó la magnitud de la reacción de Kiko, pero sí sabía que habría comentarios. Cuando hablé con ella encontré a una mujer tranquila, segura de sí misma y sorprendentemente distante de todo lo que pudiera venir de él. Como quien escucha una tormenta desde dentro de casa mientras se toma un café. Está viviendo por primera vez una relación sana que ocupa una parte importante de su vida y que le permite sentirse acompañada y querida como no ocurría desde hacía mucho tiempo. Y eso se nota. Es la misma serenidad con la que habló del asunto en ‘El tiempo justo’, donde por fin puede opinar libremente de lo que quiera y como quiera. Y aun así lo hace sin rencor.

«La vida son dos días. Es una publicidad con humor. Si te lo quieres tomar bien, bien, y si no, es tu problema», decía con absoluta calma. Y añadía: «No me afecta lo que él pueda decir y comentar de mí. Si quisiera entrar en un conflicto de verdad hubiese aceptado las entrevistas, pero lo he rechazado. No estoy tirando por los suelos a nadie». Irene es feliz. Está en otra etapa. Y Guillermo la acompaña. En silencio. En la sombra. Ahora la figura mediática es ella y, probablemente por primera vez en mucho tiempo, siente que puede controlar lo que ocurre en su vida. Puede poner límites. Puede elegir. Y él simplemente está ahí. Apoyando. Sin hacer ruido. Dando «me gusta» a las publicaciones que la defienden o a vídeos como uno que publiqué recientemente en mis redes sociales y que dejaba algo bastante claro: que la actitud de Kiko resulta difícil de justificar y que, al menos de momento, si esto fuera una competición, Irene va claramente por delante en el marcador.

Noelia Zazo
Escrito por Noelia Zazo

Periodista con más de 15 años de experiencia. Ha trabajado como reportera, redactora, coordinadora, redactora digital y creadora de contenido en medios como Lecturas, ABC y LOC (El Mundo).

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