Se definía como «uno más entre mil». Fue, en realidad, el hombre que llevó la primera estrella Michelin al occidente asturiano y uno de los que reescribieron esa cocina antes de que nadie hablara de producto y territorio. Paco Ron ha muerto, y entre la avalancha de despedidas destaca la de su amigo Pepe Rodríguez, jurado de Masterchef.
Te recomendamos

Quequé cuenta su noche en el calabozo tras ser detenido a plena luz del día en su bar: «la intención es meter el miedo en el cuerpo»

Sara Carbonero, Rozalén y Lorena García rompen la euforia del Mundial para pedir auxilio por el mayor incendio que ha visto Castilla-La Mancha

Álex Baena escribió «esta vez seremos 27» antes de viajar al Mundial y en Cibeles se cumplió: el capitán paró la fiesta para pedir un aplauso por María Caamaño

«Solo quería disculparme por el objeto que cayó sobre el micrófono»: Robbie Williams desactiva con dos caramelos de menta el vídeo que le señaló en la final del Mundial
La estrella que cambió un mapa: Viavélez, 1999

Su nombre quedó para siempre unido a la Taberna de Viavélez, el restaurante con el que logró en 1999 la primera estrella Michelin del occidente asturiano. No es un dato menor ni una nota al pie: hasta entonces aquella zona no figuraba en el mapa de la alta cocina española, y su reconocimiento colocó allí un punto que ya no se movió. Su historia, sin embargo, había empezado bastante antes, en la Asturias de los años ochenta, donde emprendió junto a sus hermanas Cristina, Carmen y Sara.
Las dificultades de comunicación de aquella época acabaron llevándolo, con sus ideas y sus fogones a cuestas, a Madrid, la ciudad en la que en realidad había nacido. Allí continuó una trayectoria que cerró en 2023, cuando colgó el delantal y se despidió de su Restaurante Viavélez de la capital. Discreto y siempre alejado de los focos, hace dos veranos recibió un homenaje de sus compañeros de profesión en el mismo lugar donde había empezado todo, un gesto que dice mucho sobre cómo se le miraba dentro del oficio: no como una celebridad televisiva, sino como alguien a quien los cocineros respetaban.
NUCA: los cuatro que sentaron las bases sin ruido
Fue además uno de los impulsores de NUCA, las siglas de la Nueva Cocina Asturiana, movimiento que fundó junto a José Antonio Campoviejo, de El Corral del Indianu; Nacho Manzano, de Casa Marcial; y Pedro Martino. Aquel grupo defendía, mucho antes de que se pusiera de moda, que conceptos como territorio, cercanía, producto y tradición podían convivir perfectamente con la innovación. Hoy eso es un lugar común en cualquier carta; entonces era una apuesta.
Su influencia alcanzó a varias generaciones y le granjeó la amistad de nombres como Isaac Loya, del Real Balneario de Salinas; Pedro Morán, de Casa Gerardo; Abel Terente, de El Asador de Abel; y Luis Alberto Martínez, de Casa Fermín. De ahí que la noticia haya provocado una reacción inmediata dentro del gremio. «Una suerte haber coincidido contigo en esta vida», escribió Pedro Martino. «Hasta siempre, queridísimo compañero de viaje», añadió Campoviejo. Junto a Nacho Manzano, los tres contribuyeron a sentar las bases de la cocina asturiana contemporánea, y esa es probablemente la herencia que sobrevive a cualquier guía.
«Cocinaba lo que se me ocurría en cada momento»
Quienes pasaron por su taberna todavía recuerdan platos que en su día rompieron moldes: el gazpacho con sardinas sobre gelatina de pepino; una sorprendente pizza de foie mi-cuit con pastel de queso, setas y compota de manzana y tomate; o el bonito asado con salsa de chocolate y piña, una propuesta que resultaba casi provocadora en su momento. Combinaciones que hoy se leen como modernas y que él firmaba hace más de veinte años.

Preguntado por el secreto de aquellas creaciones, su respuesta era tan poco solemne como su manera de estar en la profesión: «Siempre fui muy anárquico, cocinaba lo que se me ocurría en cada momento y con ilusión; cuando ya has creado unas bases, el propio plato te lleva a él, hay que saber escucharlo». La misma humildad con la que se definía a sí mismo, «uno más entre mil», pese a haber dejado una huella profunda en la gastronomía española. Entre las despedidas de estas horas, la que más ha circulado es la carta que le ha dedicado Pepe Rodríguez, chef de El Bohío y uno de los cocineros más populares del país por su papel en televisión, que se despide de su amigo con una promesa muy suya: «Abriré una botella con algún cero a la derecha».
