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Actualidad

El triple de alcohol en sangre y un homicidio imprudente que la crónica social intentó maquillar como una simple tragedia del destino. Hoy se cumplen 15 años

Pedro Serrano González
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ortega cano carlos parra

Quince años después de la noche en la que José Ortega Cano destrozó la vida de una familia en una carretera sevillana, el ecosistema de los medios y el sector audiovisual español siguen digiriendo las secuelas de un caso que redefinió los límites de la impunidad y el espectáculo en la prensa del corazón. Aquel 28 de mayo de 2011, la caída a los infiernos del diestro —marcado por la alargada sombra del fallecimiento de Rocío Jurado— culminó de la peor manera posible en el kilómetro 28 de la carretera A-8002. El impacto frontal de su Mercedes R-320 contra el humilde Seat Altea de Carlos Parra, un recepcionista de hotel que viajaba hacia su turno de noche, dejó un cadáver sobre el volante, un torero atrapado entre un amasijo de hierros durante dos horas y un posterior periplo judicial que sacudió los cimientos de la opinión pública.

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La maquinaria de la justificación mediática tardó muy pocas horas en ponerse en marcha tras confirmarse el ingreso crítico del viudo de la más grande en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Se habló de depresión, de un hombre sumido en el abandono emocional y de un fatídico infortunio en el asfalto. Sin embargo, las investigaciones y los posteriores procesos judiciales en la capital andaluza arrojaron una luz fría y objetiva que ninguna tertulia televisiva de la época pudo tapar. El torero, que pasó las horas previas al siniestro entre la hospedería La Plata de Castilblanco de los Arroyos y un bar de Burguillos, alegó en el juicio que apenas se había mojado los labios con una copa de champán. El análisis de sangre definitivo desarticuló la farsa de inmediato al registrar una tasa de 1,26 gramos de alcohol por litro de sangre, multiplicando por tres el límite legal permitido.

El atestado de la Guardia Civil resultó demoledor para la defensa del diestro. Los agentes encargados de la inspección ocular determinaron que el automóvil de alta gama invadió por completo el carril contrario a lo largo de sesenta metros, en una zona con línea continua y con una señalización que advertía de la proximidad de una curva peligrosa. No existió ninguna maniobra brusca de esquiva ni fallos mecánicos; la conducción errática y temeraria ya había sido denunciada minutos antes por otros conductores a través de tres llamadas desesperadas al servicio de emergencias 112, alertando de que un vehículo de idénticas características realizaba continuos zigzags y adelantamientos dobles a gran velocidad. El único testigo presencial, el conductor de un tercer coche que recibió el impacto del motor del coche de la víctima —el cual salió despedido a trescientos metros por la violencia del choque—, ratificó punto por punto la versión policial.

Dos años de prisión y un perdón tardío tras el paso por el centro penitenciario

La gravedad del suceso obligó al diestro a permanecer un mes en la Unidad de Cuidados Intensivos, un periodo en el que recibió las constantes atenciones de su familia y la visita de una joven Rocío Carrasco, con quien por entonces todavía mantenía un vínculo cordial antes de la fractura definitiva del clan familiar. Al recibir el alta hospitalaria en silla de ruedas en julio de ese mismo año, el torero compareció ante las cámaras de los programas de televisión con una de esas frases destinadas a la posteridad de la crónica negra: «Ha sido el peor toro que he toreado en mi vida». La ligereza de la metáfora taurina frente a la muerte de un ciudadano inocente encendió las alarmas de los sectores más críticos, que exigían una condena ejemplar libre de privilegios por su condición de personaje público.

La resolución de los tribunales llegó dos años después del suceso, confirmando que el Mercedes circulaba a 125 kilómetros por hora en un tramo limitado a 90. La justicia dictó sentencia firme: una condena de dos años, seis meses y un día de prisión por los delitos de homicidio imprudente y conducción temeraria, la retirada del permiso de conducir durante tres años y medio, y una indemnización económica de 120.000 euros para la viuda de la víctima y 19.000 euros para cada uno de sus dos hijos. El 23 de abril de 2014, el torero cruzaba las puertas del Centro Penitenciario de Zuera, en Zaragoza, para empezar a cumplir la pena. Fue solo a las puertas de su primer permiso carcelario cuando verbalizó una disculpa pública hacia los familiares de la víctima, asegurando que el arrepentimiento le acompañaba desde el primer día, cerrando así un capítulo oscuro que transformó los debates de la televisión nacional en un severo juicio a la irresponsabilidad al volante.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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