El público ya estaba dentro. Las puertas de los Jardines de Viveros se habían abierto a las ocho de la tarde y cientos de personas esperaban con su entrada en la mano para ver a Ana Torroja sobre el escenario. Una hora después, no había concierto: había un desalojo. El Ayuntamiento de Valencia suspendió el recital a última hora tras el nuevo boletín de la Generalitat, que alertaba de la posibilidad de reventones térmicos —fuertes rachas de viento provocadas por el calor extremo— en plena alerta roja. Con el recinto ya abierto y el aforo entrando, la organización no tuvo más remedio que vaciarlo.
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Qué pasa con las entradas
Es la pregunta que se hicieron todos los que se quedaron con la noche a medias, y la respuesta es tranquilizadora: el dinero se devuelve íntegro. Las devoluciones se realizarán por el mismo medio por el que se compraron las entradas, sin que el comprador tenga que hacer ninguna gestión extraordinaria. Quien necesite información adicional o tenga alguna incidencia con su compra puede dirigirse a la Caja Central de El Corte Inglés, que gestiona la venta de los Conciertos de Viveros. Nadie va a perder su dinero por una cancelación que no ha dependido ni del público ni de la artista.

La decisión, además, no fue un capricho ni una precaución exagerada. Los boletines meteorológicos apuntaban a temperaturas capaces de superar los 40 grados y, sobre todo, al riesgo de esos reventones térmicos que pueden generar rachas de viento violentas y repentinas. En un recinto al aire libre, con estructuras, torres de sonido y focos colgando sobre miles de personas, ese escenario es sencillamente inasumible. Cualquier responsable que hubiera decidido seguir adelante habría estado jugando con la seguridad del público.
Un verano que se está comiendo los conciertos
Lo de la cantante de Mecano no es un caso aislado, y ahí está lo verdaderamente preocupante del asunto. El mismo temporal de calor se ha llevado por delante otra cita del ciclo: el concierto de UB40, previsto para este miércoles en el mismo escenario, también ha quedado suspendido por la alerta roja. Dos noches consecutivas de los Conciertos de Viveros canceladas por el mismo motivo, en uno de los ciclos de verano con más solera de la ciudad.
La escena de un recinto lleno que hay que desalojar antes de que empiece nada resume bastante bien el verano que está viviendo la industria musical española: giras planificadas con un año de antelación, escenarios montados, equipos desplazados y públicos ilusionados que se topan de frente con un clima cada vez más extremo e imprevisible. Ya no se trata solo de que haga calor, sino de que las condiciones se vuelven directamente peligrosas para celebrar un espectáculo al aire libre.
Sin fecha alternativa, de momento
Por ahora no hay anuncio de un aplazamiento con nueva fecha, y la vía abierta es la de la devolución. La artista, que atraviesa la recta final de su gira, no ha podido subirse a un escenario que llevaba semanas esperándola, y su público valenciano se quedó a las puertas —literalmente— de un concierto que ya tenía todo listo salvo lo único que nadie controla: el tiempo.
Queda el consuelo de que la decisión se tomó a tiempo. Con el recinto abierto, el público entrando y una alerta roja encima, apurar habría sido temerario. Nadie quiere que un concierto acabe siendo noticia por otra cosa. Así que esta vez ganó la prudencia, aunque el precio fuera dejar a miles de personas con la entrada en la mano y la noche rota.
