El arranque de una de las citas culturales más prestigiosas de la capital ha servido para destapar, una vez más, los delirios de grandeza y el tenso ambiente familiar que rodea a la última generación del Clan Campos. En la jornada inaugural de la Feria del Libro de Madrid, la excolaboradora televisiva Alejandra Rubio protagonizó su estreno como escritora firmando ejemplares de su novela, un debut empañado por su preocupante actitud de diva ante la prensa y por la burda estrategia orquestada para apartar de los focos a su primo, José María Almoguera.
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La puesta en escena de la caseta de firmas estuvo minuciosamente calculada para proyectar una falsa imagen de armonía familiar ante las agencias de información. El modelo y actor ocasional Carlo Costanzia asumió el papel de escudero defensivo ante los micrófonos de los reporteros, intentando convencer a la opinión pública de que en la familia reina una paz absoluta y que no existían distinciones con ningún miembro del clan. «Todos están invitados», llegó a asegurar el hijo de la aristocracia de manera categórica, afirmando que el ofrecimiento estaba hecho desde hacía semanas y que, tras la convocatoria formal, cada uno hace simplemente lo que buenamente «puede o quiere».
Esta versión oficial constituye una falacia en toda regla destinada a tratar al público como si fuera tonto y careciera de memoria. La realidad que se esconde detrás de las bambalinas del evento literario es que existió un intento deliberado de apartar a José María Almoguera del acto central. Para cubrir las apariencias ante la prensa y camuflar la nula relación que mantienen con él, el entorno de la joven le hizo llegar una invitación obligada y de extrema última hora, un movimiento hostil con el que pretendían forzar su ausencia y simular que la ruptura filial es inexistente. El clan sigue apostando por transmitir falsedades, pretendiendo que la preocupante no relación con Almoguera quede diluida bajo el amparo de los libros.
El amparo del suegro italiano frente al desplante laboral de Terelu Campos
Ante el clamoroso vacío de las mujeres de su propia sangre, el único respaldo familiar que recibió la joven provino de la familia política. Carlo Costanzia di Castiglione viajó expresamente desde Italia para personarse en el Retiro madrileño y arropar a su nuera. Este movimiento no es un gesto cualquiera, sino una acción de extrema importancia técnica, puesto que representa al primer miembro de la saga que accede a validar de forma presencial un evento literario de la tertuliana. El contraste con su propia madre resulta demoledor: Terelu Campos no participó en la cita cultural, prefiriendo cumplir con su jornada laboral en el plató del programa nocturno ¡De Viernes! de Telecinco antes que acudir a sostener la pluma de su hija.
El verdadero escándalo de la jornada inaugural se desató en el instante reservado para el posado gráfico ante los medios de comunicación. En las secuencias captadas por las cámaras de Europa Press, la improvisada escritora evidenció una actitud soberbia y despectiva, actuando como si se creyese la ganadora del prestigioso premio Pulitzer. Mostrando una preocupante falta de madurez profesional, la joven pretendió imponer su ley a los reporteros gráficos, ordenando de malas maneras el lugar y el momento exacto en el que debían realizarse las fotografías, mientras se quejaba absolutamente de todo el despliegue organizativo como una niña malcriada.
Se trata de un preocupante retrato de capricho por parte de una colaboradora que dice haber escrito una novela y que ocupa un espacio privilegiado en la Feria del Libro de Madrid única y exclusivamente por los privilegios derivados de su condición de «hija de», evidenciando que el linaje pesa más que el talento literario en la industria actual.
