El verano que acaba de terminar ha sido el más raro de cuantos han vivido juntos Enrique Ponce y Ana Soria. El entorno almeriense de la pareja cierra filas y asegura que están fenomenal, pero en el mundo del toro los comentarios apuntan en dirección contraria: hay siete indicios encima de la mesa que sugieren un enfriamiento entre el diestro de Chiva, de 54 años, y la joven jurista, de 27.
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Ni Ponce ni ella han confirmado nada. Tampoco hay una ruptura anunciada ni un comunicado que la sostenga. Lo que hay es una acumulación de gestos que, sumados, dibujan una etapa peculiar en la relación que más titulares regaló a la prensa rosa en los veranos de la pandemia. El círculo íntimo de ella intenta cortar de raíz cualquier suceso noticiable, y la única respuesta que ha dado él cuando se le ha preguntado por el asunto cabe en tres palabras.
Un verano por separado y dos ausencias seguidas

Este año la pareja no ha querido disfrutar de las vacaciones junta. Mientras Ponce ha estado trabajando como apoderado del matador David de Miranda, ella ha optado por vivir la temporada estival en compañía de sus amigas. Soria, que se graduó hace unas semanas del Máster en Abogacía que cursó, ha pasado un verano marcado por planes juveniles y momentos en familia, con muchos seres queridos alrededor y sin rastro del torero. «Está apoyando mucho a su hermano, que ha abierto una tasca en San José con unos amigos», explican desde su círculo más cercano. La distancia no se ha limitado a las playas de Almería: se ha notado también en las citas que a él le importan.
Porque a muchos les extrañó que la joven jurista no apareciese en la presentación del libro que repasa la trayectoria taurina de su pareja. Ponce presentó Punto Final en Las Ventas la pasada primavera, un volumen muy emotivo en el que Paco Delgado describe sus últimas diez temporadas en los ruedos, y la ausencia de Soria hizo saltar las alarmas. «Todo bien, gracias», fue lo único que contestó él al respecto. El de Las Ventas no ha sido además el único plantón: la Semana pasada tampoco se la vio en el homenaje que el Club Taurino de Bilbao dedicó al maestro, un acto en el que sí se dieron cita destacados miembros de su entorno y donde su hueco se notó todavía más. Desde aquella entrevista conjunta en televisión en la que su imagen salió un tanto maltrecha, ella ha evitado exponerse junto a él.
La finca que ella no pisa y la familia que nunca lo digirió

El cuarto punto de distancia es geográfico y viene de lejos: a Soria no le gusta visitar La Cetrina, el gran emblema de la vida torera de él. Por mucho amor que tuviera al diestro, vivir en una hacienda situada en un pueblo de Jaén nunca ha sido negociable para ella. Los trabajadores de la finca aseguran que por allí no pasa, mientras que él sí suele acercarse a la dehesa para supervisar los negocios que ha desplegado en ella: una plantación de olivares y una finca de bodas. El emblema de una carrera entera, y la pareja del titular de esa carrera sin pisarlo.
A eso se suman las reticencias familiares. La figura de Soria no ha sido fácil de digerir para la familia del torero. Él sostiene que la relación con la joven almeriense empezó en 2020, pero un lapsus durante una entrevista fijó el arranque, al menos, dos años antes. «Ese día corté Cuatro orejas», declaró recordando el momento en que se fijó en ella. Con esas palabras destapó sin querer que hablaba de una faena de agosto de 2017, porque es una hazaña de su carrera que no se repitió. Ponce es padre de dos hijas y, según publicaron diferentes medios, les molestó mucho descubrir la relación de su padre a través de las redes sociales. Se ha publicado además que existen ciertos desencuentros relacionados con el dinero que él debe pasar a sus descendientes.
Organizaron una boda de Estado y la suya nunca llegó

El sexto indicio es una promesa que se quedó en el aire. El impresionante enlace que la pareja organizó hace dos años al exmagistrado Baltasar Garzón y a la exfiscal general Dolores Delgado dio pie a la noticia de que ellos también iban a casarse, una información que se presentó entonces como ampliamente contrastada. No ha habido «sí, quiero», y por qué no lo ha habido solo lo saben ellos. Nadie ha explicado si la boda se aplazó, se descartó o simplemente nunca llegó a estar sobre la mesa.

Y queda el séptimo, el que más pesa en el ambiente que él pisa cada tarde: el mundo taurino no termina de aceptar a la joven pareja del matador. Los motivos que se manejan en el sector no serían la diferencia de edad de 26 años entre ellos, sino otros factores más profundos, desde las amistades de ella vinculadas al Gobierno hasta el desplante que su figura supone para Paloma Cuevas, que desciende de una saga taurina mucho más respetada y querida en los cosos que la familia Soria por ser hija del matador Victoriano Valencia. Ese rechazo no es nuevo, pero se ha vuelto más audible ahora que la pareja no se deja ver junta.
De la pandemia a un verano en silencio

La relación se hizo pública en el verano de 2020, en plena desescalada, y desde entonces ha funcionado como un termómetro de la temporada estival: cada agosto traía imágenes, entrevistas y una exposición que ellos mismos alimentaban. Ese ciclo se ha roto justo este año, y se ha roto en los dos frentes a la vez, el de las vacaciones y el de los actos profesionales de él.
El asunto económico con sus hijas tampoco es un capítulo cerrado: este mismo verano contamos que el torero y Paloma Cuevas mantienen un pulso por la pensión de las dos jóvenes, un frente abierto que enlaza directamente con las reticencias familiares que ahora vuelven a citarse entre los indicios. Con el entorno de ella insistiendo en que todo está fenomenal y sin una sola palabra de los protagonistas, la próxima temporada dirá si esto fue un verano atípico o el principio de otra cosa.
