Aldo Comas y Macarena Gómez incendian la alfombra roja de los Premios Goya al despreciar la histórica herencia reivindicativa de la Academia del Cine, reduciendo la figura del artista a un simple «bufón» sin derecho a voz ante las injusticias internacionales.
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La alfombra roja de los Premios Goya ha sido, históricamente, el altavoz de una industria que se niega a ser un simple decorado. Desde aquel valiente «No a la guerra» de 2003, el cine español demostró que su compromiso no se queda en el guion. Sin embargo, en esta 40ª edición celebrada en Barcelona, Aldo Comas y Macarena Gómez han decidido dinamitar ese legado con un discurso que destila cinismo y una preocupante falta de empatía hacia el papel social del artista en la sociedad civil.
En un momento de máxima tensión internacional, la respuesta de Comas a las preguntas sobre la paz ha sido un ataque directo a la esencia de la gala. «Veo muchos pins de todo, pero de Irán no», soltó con desdén, antes de lanzar la frase que ha indignado al sector: «Somos bufones, cantantes, pintores y actores. Que opinen los demás». Esta autodefinición como «bufones» no es solo un insulto a la dignidad de sus compañeros de la Academia del Cine, sino una invitación al silencio cómplice y a la amnesia colectiva frente a la barbarie de los conflictos bélicos.
El intento de silenciar la protesta: una reincidencia polémica
Macarena Gómez no tardó en secundar esta maniobra de distracción. Mientras el auditorio se preparaba para ser un altavoz contra la violencia, la actriz cuestionaba la idoneidad del foro: «No creo que una gala de cine sea para…». Este intento de censurar el mensaje político de los Goya choca frontalmente con una ceremonia que siempre ha sido un espacio seguro para denunciar la represión y los abusos de poder.
Aldo Comas denuncia que “nadie habla” de los 50.000 muertos recientes en Irán y sugiere que “igual hay que acabar con regímenes teocráticos”. La actriz Macarena Gómez responde que una gala de cine no es lugar para hablar de la guerra https://t.co/MSqDAfmhif #Goya2026 pic.twitter.com/Sx5tJox7va
— Europa Press (@europapress) February 28, 2026
Lo más grave es que no es un hecho aislado en la trayectoria de la pareja. En 2024, ambos ya sembraron la polémica al intentar desacreditar las denuncias de violencia machista en redes sociales, tildando de «caza de brujas» el necesario movimiento de denuncia pública en plataformas como Instagram y enviando a las víctimas a unos juzgados que, a menudo, las ignoran.
"Están todos los tíos cagados". Macarena Gómez y Aldo Comas critican a las mujeres que denuncian el acoso por redes y aseguran que "hay gente que se ha suicidado" y que se "está haciendo daño a las carreras de muchos hombres": "Que pare ya este movimiento" https://t.co/iRLzOoYfmq pic.twitter.com/6ry16i6uPd
— Europa Press (@europapress) December 16, 2024
Anoche, bajo los focos del Auditorio Fòrum, volvieron a utilizar la misma estrategia: desviar la atención y restarle valor a la palabra del artista cuando esta se vuelve incómoda para el statu quo.
¿Cultura o simple entretenimiento vacío?
El discurso de Aldo Comas sobre los «regímenes teocráticos», utilizado más como un dardo contra los pins de sus colegas que como una defensa real de las víctimas, retrata a una pareja que prefiere el escapismo al compromiso ético. Si el artista acepta el papel de «bufón» que solo debe entretener, renuncia a su capacidad de transformar la sociedad y denunciar la vulneración de los derechos humanos.
La fragmentación que proponen Comas y Gómez amenaza con romper la unidad que el cine español proyectó al mundo durante la Guerra de Irak en 2003. Por suerte, la historia de los Goya deja claro que la industria es mucho más que un desfile de vanidades; es una herramienta de denuncia necesaria, por mucho que algunos prefieran esconderse tras una máscara de indiferencia para eludir su responsabilidad como ciudadanos con proyección pública.
