La icónica actriz Aitana Sánchez-Gijón atraviesa su momento más delicado tras el fallecimiento de su madre, la catedrática italiana Fiorella de Angelis, quien partió este domingo en Madrid rodeada de su núcleo más cercano. Arropada por sus hijos Teo y Bruna Lucadamo, la intérprete ha dado su último adiós en una ceremonia marcada por el silencio y la discreción absoluta.
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Aitana Sánchez-Gijón se enfrenta a una de esas escenas que ningún guion puede dulcificar. La actriz, que siempre ha mantenido una barrera infranqueable entre su brillante carrera profesional y su vida privada, se ha visto obligada a transitar por el duelo más amargo de forma repentina. Según ha confirmado Europa Press, su madre, Fiorella de Angelis, fallecía este domingo 26 de abril en la capital española. La noticia llega apenas unas horas después de que Aitana cerrara un ciclo profesional importante, despidiéndose del Teatro Español tras semanas en cartel con la obra ‘La malquerida’, una coincidencia temporal que añade un matiz todavía más sombrío a su situación personal.

La salud de Fiorella había experimentado un empeoramiento reciente, un proceso que la familia llevó con la elegancia y el mutismo que caracteriza a la estirpe. La madre de la actriz no era solo un referente afectivo; era el pilar que conectaba a Aitana con sus raíces italianas y una figura de gran calado intelectual que siempre prefirió el segundo plano, permitiendo que el talento de su hija brillara sin interferencias.
Una despedida bajo el sol de Madrid

Este lunes, la atmósfera en las inmediaciones del domicilio de la actriz era de un respeto absoluto. Aitana Sánchez-Gijón reaparecía visiblemente afectada, ocultando su mirada tras unas gafas de sol que no lograban disimular la pesadumbre de quien acaba de perder a su brújula vital. Sin fuerzas para articular palabra ante los medios, la intérprete se dirigía hacia el crematorio de la M-30 para cumplir con el último rito de despedida.
El acto se desarrolló en la más estricta intimidad, un deseo expreso de la familia para proteger un momento tan sagrado. No hubo grandes despliegues ni la presencia masiva de compañeros de profesión que suele caracterizar estos sepelios en el mundo del arte. Aitana quiso que el último viaje de Fiorella fuera custodiado únicamente por aquellos que compartieron su mesa y su día a día.
En el recinto, la imagen más conmovedora fue ver a la actriz caminar junto al féretro desde el coche fúnebre hasta la sala de cremación, un trayecto corto en distancia pero infinito en carga emocional. En todo momento, Aitana estuvo escoltada por sus dos grandes pilares actuales, sus hijos, quienes se han convertido en su principal sustento para sobrellevar este mazazo emocional que cambia para siempre la configuración de su hogar.
El refugio en Bruna y Teo Lucadamo
La presencia de sus hijos, Bruna y Teo Lucadamo, ha sido el elemento diferenciador en este proceso de duelo. Bruna, que ha decidido seguir los pasos de su madre en el complejo mundo de la interpretación, se mostró especialmente atenta con su progenitora, demostrando una madurez que trasciende su juventud. Los nietos de Fiorella mantenían un vínculo muy estrecho con su abuela, lo que ha convertido este adiós en un dolor compartido por tres generaciones.
Aitana siempre ha defendido la importancia de haber mantenido los pies en el suelo a pesar del éxito temprano. En declaraciones que cobran hoy una relevancia especial, la actriz recordaba sus inicios con una lucidez aplastante: “Yo empecé a trabajar en serio a los 16 años y podía haberlo vuelto muy tonta”. Esa base sólida, esa capacidad para distinguir lo efímero del aplauso de lo eterno del cariño familiar, es la herencia directa de la educación que Fiorella de Angelis le proporcionó.
Esa estructura familiar robusta es la que ahora permite a la actriz enfrentar el vacío. Teo y Bruna no son solo sus hijos; son el legado vivo de los valores que Fiorella sembró en Aitana y que ella, a su vez, ha sabido transmitirles. El apoyo mutuo entre los tres en el crematorio de la M-30 fue la representación gráfica de una familia que se cierra sobre sí misma para sanar sus heridas.
