El Festival Internacional de Teatro de Molina de Segura premiará este año la trayectoria de Lola Herrera. Lo han anunciado este martes la consejera de Turismo, Cultura y Deportes, Carmen Conesa, y el alcalde de la localidad, José Ángel Alfonso, al presentar la 57 edición de un certamen que se celebrará del 23 de septiembre al 2 de octubre con 29 espectáculos. Y el reconocimiento llega en una semana en la que la actriz, de 91 años recién cumplidos, ha estado contando precisamente eso: cómo empezó la trayectoria que ahora le premian.
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Un festival de 57 ediciones que se ha echado a la calle

La cita molinense con las tablas cumple 57 ediciones y llega con el respaldo de la Comunidad Autónoma a través del Instituto de las Industrias Culturales y las Artes. La programación, presentada este martes, tiene una seña de identidad que sus responsables reivindicaron por delante de cualquier otra: los espectáculos de calle gratuitos, que mezclan compañías internacionales, nacionales y regionales. Conesa lo defendió en esos términos al presentarla: «Desde el Gobierno regional trabajamos en la búsqueda constante por facilitar que la cultura sea accesible a todos, estando al alcance de cada ciudadano y permitiendo que se pueda vivir con intensidad de una forma inclusiva». Y remató con la idea que explica el modelo: «Una de las grandezas del festival de Molina de Segura, especialmente en estas últimas ediciones, es que está vivo en las distintas calles y plazas que se convierten en escenarios».
El cartel internacional de esta edición se sostiene sobre nombres que no son los habituales de una programación de provincias. Actúa Matthew Caws, líder de Nada Surf, en concierto; llega el circo contemporáneo de Les Zèles d’Obus, de la compañía Cie Benoît Charpe; la propuesta onírica Les Allumeurs d’Étoiles, de Compagnie Lilou; el espectáculo Rococó, de la compañía italoargentina Rampante, y los títeres del danés Alex Mihailovski junto a Mr. Barti. Completa ese bloque la artista portuguesa Margarida Montenÿ con Blue, una creación de circo contemporáneo y acrobacia aérea. Del ámbito nacional destaca Contra Ana, de La Contraria, que se llevó el Premio Max Revelación 2025, además de Caos, de Teatre de l’Abast, Gota, de Txema Muñoz, y Ávol, de Circ Bover.
El talento de casa, con Muerdo y el teatro joven de la villa
La otra pata del cartel es la regional, y ocupa una porción del programa que no suele verse en festivales de este tamaño. Pasan por él Error de lectura, de Andrea Carrión; la actuación de Muerdo, que presenta Volver a donde nacen las canciones; Chumbo y Pala: Vacaciones en el mar, de La Higuera de la Poca Vergüenza; Cri, cri, crack, de Yampo Teatro; Abelmagia con El poder de la magia; Candelaria, de Milsa Maúrtua; UpArte con Sísifos, y el Grupo de Teatro Joven Villa de Molina con Los buscavidas. Diez días de programación, del 23 de septiembre al 2 de octubre, para un municipio que lleva más de medio siglo sosteniendo el mismo festival.

En ese contexto se entiende mejor a quién han decidido premiar. Lola Herrera es una de las grandes damas de la escena española, vallisoletana, con una carrera que ha atravesado el teatro, el cine y la televisión y que sigue sosteniendo con una lucidez que asombra a quien la ve sobre un escenario. No es un premio a una carrera cerrada: la actriz continúa en activo y sigue apareciendo en entrevistas y programas, contando su oficio con la misma naturalidad con la que habla de lo que desayuna. Y sigue moviendo la aguja cuando se sienta delante de una cámara: en marzo, su encuentro con Jordi Évole firmó un 8,4% y superó el millón de espectadores, por encima de Cuarto Milenio aquella noche. Un galardón a la trayectoria, en su caso, es un galardón a algo que todavía está pasando.
«Hice muy bien de no irme a la mercería»

La coincidencia de fechas tiene su gracia, porque la trayectoria que premian la ha explicado ella misma estos días en el pódcast Estirando el chicle, donde repasó con Vicky y Carol cómo llegó al teatro. Y no llegó de niña, como suele contarse de los actores de su generación: llegó desde Radio Madrid, donde su voz ya había gustado y donde podría haberse quedado perfectamente. Fue allí donde le propusieron subirse por primera vez a un escenario, en el Teatro de la Comedia, y aceptó con dudas y con miedo. «A los pocos días, cuando se me pasó el susto, empecé a disfrutar y ahí descubrí yo el teatro», contó. Lo que encontró encima de las tablas no se parecía a nada: «Ahí descubrí que era un mundo donde te pasaban cosas que no te pasaban en ninguna parte».

Aquello inclinó la balanza para siempre. Se despidió de la radio y eligió quedarse en el teatro incluso en su etapa personal más dura, con dos hijos a su cargo y, según su propia expresión, «con el alma hecha pedazos». De ahí sale la reflexión que ha dejado esta semana sobre el trabajo, que va bastante más allá de su profesión: «Sería estupendo que buscásemos trabajos que nos apasionen, que nos gusten, que nos atraigan», dijo, antes de rebajarlo a algo más alcanzable: «Ya no te voy a decir pasión, pero vamos, o sea, que tengan un sentido en nuestras vidas». Y sobre si acertó al dejar la radio por un oficio mucho más incierto, lo zanjó con una frase que resume 70 años de carrera mejor que cualquier palmarés: «Yo creo que hice muy bien de no irme a la mercería».
