Laura Madrueño se lo contó primero a Jesús Calleja, en un barco y en mitad del océano Índico: «No sé cómo decírtelo, pero he decidido no seguir». La frase se ha visto ahora en Universo Calleja, pero se grabó el pasado enero, cuando Telecinco todavía no había anunciado que la presentadora dejaba Supervivientes. Es decir, que el programa tenía la noticia meses antes que nadie y la ha guardado hasta esta semana, con la presentadora explicando por fin, y con detalle, por qué se bajó del reality más duro de la casa.
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«Este año me ha llevado al límite»: el desgaste que no se veía en pantalla
La entrega llevó a Calleja hasta las Islas Maldivas con Madrueño, José Carlos Montoya y Lorena Castell, y la conversación llegó donde siempre llega en ese programa: en una travesía en barco, sin cámaras alrededor haciendo ruido. Ahí la periodista soltó la frase y ahí la desarrolló: «He decidido poner fin a esta etapa de mi vida. Ha terminado para mí. Han sido tres años maravillosos, en tres años he hecho seis ediciones, he pasado más tiempo en Honduras que en mi casa. Supervivientes me ha enseñado muchísimo a nivel profesional, personal, pero creo que ya lo he vivido todo allí. Necesito evolucionar». Calleja le preguntó directamente si aquello la había agotado, y la respuesta no dejó margen: «Sí, mentalmente. Este año me ha llevado al límite».

Lo que vino después es la parte que rara vez se cuenta de un formato que se vende como aventura. «Hay que ser muy fuerte para soportar la soledad, la adrenalina, la soledad de la fama, las críticas buenas, malas», enumeró. Y puso números al desgaste: «Este año he estado siete meses, y el año anterior seis sin venir a España». Trece meses fuera de casa en dos temporadas, con la edición All Stars añadida al calendario, dan para entender la frase con la que cerró el asunto: «Es muy difícil, se te para tu vida, te afecta. Supervivientes ha sido un paréntesis en mi vida». Y de ahí, la conclusión que ha acabado siendo el titular de la conversación: «Si algo he aprendido es que hay que cuidar los pilares y mantenerlos, y esos están en tu casa. Honduras no es mi casa».
Salió llorando del primer ensayo: «Yo no puedo hacer esto»
El relato del principio es todavía más duro, y explica bastante bien lo que costó el puesto. Madrueño llegó a Honduras desde el rincón más pequeño de la cadena: había sido la chica del tiempo de Telecinco. «Llevaba diez años presentando en un set de un metro cuadrado. Un programa grabado maravilloso que no tenía cue, pero de golpe estaba en una playa enorme, con cámaras que no sabían ni dónde estaban, me tenían que levantar la mano porque las distancias son enormes. No tienes una tele donde te ves, no ves Madrid, estás a ciegas total». La primera semana de ensayos terminó como termina casi todo lo que se hace con miedo: «Salí de la playa de juegos llorando. Me senté delante del mar con un nudo en la garganta diciendo: yo no puedo hacer esto».

Contó también el método con el que el equipo intentó levantarla, que suena a entrenamiento deportivo más que a televisión: «El director me decía: ¿de quién es esta playa?, y yo llorando decía: mía, porque me moría. Para empoderarme, para que me lo creyera, que era la presentadora de Supervivientes, porque no me lo creía». Antes de viajar se había hecho un maratón del formato para prepararse —«me puse a ver Supervivientes a muerte antes de ir, el que presentó Mario Picazo, Raquel Sánchez Silva, para inspirarme, obviamente también a Lara»—, y dejó claro su referente: «Sobre todo me inspiré en Raquel». Se había blindado además contra las críticas después de ocho años viendo a Lara Álvarez en ese papel, y le pasó lo contrario de lo que temía: «Prácticamente fue todo bueno y casi no supe asimilar aquello».
El palafito, el pinganillo mudo y la autoridad en la playa
La confesión que se ha llevado la atención es su «metedura de pata» mayor, y tiene su gracia porque nadie le había avisado. Al primer expulsado de una edición le soltó, tan tranquila, que había un Palafito: era secreto y ella no lo sabía. «Escuché un silencio por pinganillo que pensaba que se había estropeado», recordó. Nadie la riñó, entre otras cosas porque el error no era suyo: «No me lo habían contado que era secreto». También describió lo que exige el puesto una vez pasada la novedad, que es un equilibrio incómodo: «Nuestro papel es muy difícil, porque tengo que tener una autoridad para que no se me suban a la chepa, porque muchos vienen de haber hecho mucha tele. Pero también un punto de humanidad porque les ves muy jodidos».

Queda el detalle que convierte la charla en algo más que una entrevista de sobremesa: cuando Madrueño le dijo a Calleja que lo dejaba, la salida no era pública, y según señala la propia web de Telecinco el viaje se grabó en enero. El presentador reaccionó con sorpresa genuina porque estaba recibiendo una exclusiva sin pedirla. Del rendimiento del programa que ha guardado esa confesión ya dimos cuenta esta misma mañana, cuando Telecinco firmó un 7,4% con ‘Universo Calleja’ y el cine clásico de La 2 le sacó 117.000 espectadores, en la línea de otras entregas del formato, como la que dejó a Arantxa Sánchez Vicario rota al recordar sus años más amargos. El formato lleva el verano entero funcionando igual: sacar a un rostro conocido de su terreno y esperar a que hable de lo que en plató no habla.
