El culebrón de la casa de María Teresa Campos en Málaga acaba de dar un giro que nadie vio venir, y lo ha protagonizado una voz inesperada. Makoke se sentó este sábado en Fiesta y soltó una bomba que apunta directamente al corazón del relato oficial: el hombre al que las Campos han convertido en «el traidor» de la familia, el responsable de la inmobiliaria Nacho Picatoste, es familiar suyo. Y, según la colaboradora, ni publicó nada a espaldas de nadie ni merece el linchamiento que está sufriendo.
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Makoke rompe el relato: «Él es de mi familia»

La revelación llegó en pleno directo del programa de Emma García. Makoke, que nació en Málaga y vivió allí buena parte de su juventud, dejó claro que conoce, y muy bien, a la persona a la que Terelu Campos y su hermana han estado señalando durante toda la semana. «Lo que se ha dicho durante la semana no es cierto; resulta que yo tengo mucha relación con personas que me han contado que la realidad no tiene nada que ver con lo que se ha dicho. Estas personas me han pedido que no cuente nada porque lo están pasando muy mal», arrancó, visiblemente incómoda con el cariz que ha tomado el asunto.
Y entonces puso nombre y apellido a su vínculo con el señalado: «El señor Nacho Picatoste —la persona que ha publicado estas fotografías— es familia mía; son personas que llevan toda la vida en el negocio inmobiliario, que llevan toda la vida trabajando, y lo está pasando muy mal con todo lo que se está diciendo de él». La colaboradora reivindicó así a un profesional al que, asegura, se está machacando de forma injusta, y quiso poner cara humana a quien hasta ahora era, en el relato televisivo, poco más que un villano anónimo.
El dato que contradice a las Campos
Pero lo verdaderamente explosivo no fue el parentesco, sino la afirmación con la que Makoke desmontó la versión que la familia lleva días defendiendo. «Yo os aseguro que él no ha publicado esas fotografías sin el consentimiento de las propietarias de la casa», sentenció. La frase, dicha con rotundidad, choca frontalmente con lo que han mantenido Terelu Campos y Carmen Borrego, que insisten en que las imágenes aparecieron en el portal inmobiliario sin su permiso. Si el testimonio de la colaboradora es cierto, la incógnita ya no sería quién filtró las fotos, sino por qué se niega ahora un consentimiento que, supuestamente, sí existió.
El detalle no es menor, porque reordena todo el tablero. Conviene recordar que fue Terelu Campos quien, al ver las fotografías, apuntó públicamente a su sobrino José María Almoguera, extremo que el hijo de Carmen Borrego negó con contundencia en el plató de ¡De Viernes!, donde llegó a lamentar que su imagen quedara «deplorable». Con el sobrino desmarcado y el responsable de la agencia, Nacho Picatoste, admitiendo que fue él quien colgó las imágenes, la aparición de Makoke con un vínculo familiar directo y una versión que apunta al consentimiento de las dueñas añade una capa más a un enredo que cada día suma protagonistas y contradicciones.
Un enredo que no deja de crecer
El origen de todo está en el céntrico piso de la calle Larios, aquel refugio malagueño que durante años fue el punto de encuentro de la familia en las vacaciones de Semana Santa y verano y que, desde la muerte de María Teresa Campos, permanece cerrado casi todo el año. Esta semana, unas fotografías de dudosa calidad de su interior aparecieron en un conocido portal de compraventa con un precio de un millón y medio de euros, y saltaron todas las alarmas. Las hermanas negaron de inmediato haber puesto la vivienda a la venta, y desde entonces el asunto no ha dejado de engordar a base de acusaciones cruzadas.
La intervención de Makoke tiene la virtud de mirar el conflicto desde el otro lado del mostrador: el de quien, según ella, está pagando un precio desproporcionado por un supuesto error de gestión. Habrá que ver si su versión se sostiene y si las Campos responden a una acusación velada —la del consentimiento— que las coloca en una posición mucho más incómoda que la de simples víctimas de una filtración. De momento, lo que parecía una historia de fotos robadas empieza a parecerse cada vez más a un enredo doméstico en el que nadie termina de contar toda la verdad.
