Irene Rosales se ha sentado en el plató de Telecinco para diseccionar su convulsa historia con Kiko Rivera en pleno terremoto por la reconciliación del DJ con Isabel Pantoja. En una entrevista marcada por la crudeza, la sevillana ha abordado desde la ruptura de su matrimonio y las adicciones del artista hasta el actual distanciamiento que afecta a sus hijas, sin esquivar la comparación con la nueva pareja de su exmarido.
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La resaca de las audiencias del viernes ha dejado claro que el interés por el clan Pantoja sigue vigente, y gran parte de culpa la tiene el scoop de Irene Rosales. La que fuera mujer de Kiko Rivera ha concedido su entrevista más difícil en ‘¡De Viernes!’, desvelando que la cordialidad que mantenían tras su divorcio —confirmado en exclusiva por SEMANA en febrero de 2026— ha saltado por los aires. Rosales confiesa que, tras la Navidad, notó un cambio radical: «Él está más distante y se limita a contestar lo necesario. Es la relación que hay ahora», reveló a Santi Acosta.
Este distanciamiento tiene una lectura amarga para Irene, quien lamenta que sus hijas sean conscientes de la tensión. «Han visto cómo hablábamos por teléfono y ahora no es así. Me parece una auténtica bobada porque las que van a sufrir son ellas», sentenció, asegurando que se pregunta «todos los días» por qué no han podido sanar las heridas para mantener una amistad.
Infidelidades y el polémico «Ferrari por un Twingo»
Uno de los puntos más tensos de la noche llegó al abordar las faltas de respeto durante sus once años de unión. Irene fue tajante al reconocer que el concepto de su matrimonio estaba «equivocado» por ambas partes: «No ha habido respeto, no se ha sabido lo que es el amor ni la fidelidad«.
A pesar de haber perdonado infidelidades bajo la premisa de «borrón y cuenta nueva», la sevillana admite el desgaste de un rol que no le correspondía: «Me dolió reconocer que tenía un rol de madre más que de mujer».
Sobre el dardo que Kiko lanzó en redes sociales afirmando que había «cambiado un Ferrari por un Twingo» —en alusión a su nueva pareja, Lola—, Irene respondió con una mezcla de ironía y tristeza: «Feliz de que le dedique una canción, a mí no me la ha hecho. No le habré cogido inspirado».
El drama de las adicciones y el apoyo en la cárcel
Rosales también echó la vista atrás hacia los momentos más oscuros de la familia, como el paso de Isabel Pantoja por la cárcel de Alcalá de Guadaíra en 2014. «Lo único que podía hacer era apoyarlo. Él se refugia en mí; fue acostumbrarme a un mundo que no sabía», recordó.
Fue en esa etapa cuando Irene puso a Kiko contra las cuerdas por sus adicciones: «O me dices la realidad o me voy. Llamamos a su madre y fue uno de los mayores disgustos: que su hijo estaba enfermo».
La entrevista dejó al descubierto que, aunque se barajó el ingreso en un centro, el revuelo mediático y su reciente maternidad lo impidieron, optando por psiquiatras y psicólogos. Todo este «desgaste emocional» ha pasado factura a una Irene que se ve reflejada en su madre, fallecida en 2020: «Era muy sufridora, como yo. Mi problema no va a ser prioritario y esto agota».
