El plató de El Tiempo Justo se ha transformado en el escenario de un bochornoso espectáculo mediático donde la soberbia de los colaboradores habituales ha quedado completamente desarmada ante la cruda realidad del periodismo de calle. Lo que comenzó como la crónica de un tenso encuentro entre Borja Thyssen y un fotógrafo derivó en una encerrona dialéctica en la que Gloria Camila y Marta López intentaron, sin éxito ni argumentos, imponer su particular censura y controlar a su antojo el libre ejercicio de la profesión periodística en Mediaset. La hija de José Ortega Cano, evidenciando una desconexión total con el engranaje del negocio que nutre su cuenta bancaria, pretendió desacreditar el testimonio del fotógrafo Raúl García, tildando de «monólogo» una profesión que respeta solo de cara a la galería pero que criminaliza en cuanto los objetivos no bailan al son de sus intereses económicos.
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El choque central de la tarde se desató cuando la joven colaboradora, adoptando esa postura victimista tan ensayada por los personajes de la crónica social, interrumpió el relato del reportero para quejarse de la supuesta falta de privacidad e intimidad, escudándose en las épocas en las que el personaje en cuestión atraviesa una situación sensible. La réplica de Raúl García fue fulminante, desmontando la doble moral de una tertuliana que solo entiende el respeto mediático cuando hay un talón de por medio: «Para lo que os interesa. No eres tú la que me tienes que decir eso». El fotógrafo verbalizó la gran verdad que callan los platós de Telecinco, recordando que la molestia de estos personajes es selectiva y directamente proporcional al beneficio financiero que obtienen de las exclusivas.
Lejos de asumir la contradicción de sus palabras, la tía de Rocío Flores intentó aferrarse a la manida defensa de que los famosos son personas antes que personajes, acusando al sector del acoso constante. El baño de realidad definitivo llegó cuando el propio profesional de la información desveló que solo la había fotografiado en dos ocasiones a lo largo de su trayectoria, revelándole un reciente seguimiento del que ni se había percatado: «Esa te la hice y no hubo acoso ni me viste». La revelación dejó a la colaboradora completamente descolocada y en un absoluto estado de shock en pleno directo vespertino, desarmando por completo su discurso de persecución sistemática y demostrando que su indignación responde más a un intento de control editorial que a una realidad fáctica.
Marta López y el ridículo técnico que obligó a intervenir a Joaquín Prat

La cumbre del despropósito televisivo corrió a cargo de Marta López, quien hizo gala de un desconocimiento absoluto y flagrante sobre los procedimientos más elementales del sector audiovisual. En un ataque de audacia corporativa, la tertuliana cuestionó con vehemencia por qué un fotógrafo de prensa escrita debía portar un micrófono y registrar declaraciones textuales en la vía pública si no ejercía como reportero de televisión. La contestación del profesional de la cámara evidenció la lógica más aplastante del mercado actual: «Porque necesito tener un titular que contextualice las fotos para venderlas».
Ante la incapacidad de la colaboradora para asimilar cómo funciona la venta de material gráfico en las agencias modernas, la tensión en el plató de Mediaset se volvió insostenible. Consciente del ridículo espantoso y de la flagrante incoherencia que estaba exhibiendo su colaboradora ante la audiencia, el presentador Joaquín Prat se vio obligado a intervenir de manera drástica y fulminante para salvar los muebles del formato. «No vamos a entrar en un debate sobre la profesión, Marta», zanjó el comunicador con severidad, cortando el micrófono de raíz a una tertuliana que pretendía dar lecciones de pipeo y periodismo sin conocer siquiera las herramientas básicas que justifican el valor de una noticia en los despachos de la prensa del corazón.

1 comentario
Ví el programa y no fue para tanto lo que pasó, lo comentais como unas noticias escandalosas y para mi tanto Gloria como Marta tienen toda la razón. Se veía al paparazzi en una bicicleta y con un micrófono, jugándose la vida detrás del coche de Borja Thysen y yo ví peligro para los dos. El paparazzi insistía detrás y l lado del coche y Borja aceleraba porque no querría contestar. A mi me parecen muy osados los paparazzis y reporteros