La hija de José Ortega Cano, Gloria Camila, ha vuelto a protagonizar un bochornoso episodio de autoritarismo en el plató de ‘El Tiempo Justo‘. En un intento desesperado por controlar una narrativa que se le escapa de las manos, la joven no dudó en atacar la profesionalidad de Leticia Requejo, poniendo en duda las fuentes de la periodista en un ejercicio de manipulación que ya empieza a ser su sello personal en Telecinco.
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La estrategia del vacío: Cobrar por no contestar

Gloria Camila parece haber perfeccionado un modus operandi tan lucrativo como cuestionable: ocupar una silla de colaboradora para, sistemáticamente, evadir cualquier tema que le resulte incómodo. En su último cara a cara, la socialité se escudó una vez más en el «ámbito privado» para no dar detalles sobre la conversación que mantuvo con su sobrina, Rocío Flores, tras el estallido de su conflicto en redes sociales.
Resulta paradójico que alguien que percibe una remuneración por informar y analizar la actualidad, opte por el mutismo absoluto cuando las preguntas apuntan a su propia realidad. Esta actitud de «ir de paso» por su puesto de trabajo, huyendo de las polémicas que ella misma genera al dejarse de seguir con su familia en Instagram, deja en evidencia una alarmante falta de compromiso con el espectador y con la propia cadena.
El ataque a Leticia Requejo: ¿Quién teme a la verdad?

El momento más tenso de la tarde se produjo cuando Gloria Camila, en un alarde de prepotencia, instó a Leticia Requejo a «cambiar de fuentes». La respuesta de la periodista fue inmediata y contundente, negándose a pasar por el aro de la censura impuesta por la colaboradora: «No me va a venir ni tú ni nadie a decirme quiénes son mis fuentes, ya está bien».
Requejo, cansada de las lecciones de ética de quien evita contrastar su propia vida, defendió su trayectoria: «Por mi trabajo no me tiene que velar nadie, para eso tengo experiencia». Mientras Gloria Camila se dedica a lanzar balones fuera y a desmentir que Manuel Cortés sea el origen de su distanciamiento con Rocío Flores, el periodismo de rigor intenta arrojar luz sobre una familia que parece vivir instalada en la contradicción permanente.
¿Pinocho en el plató? La credibilidad bajo mínimos

La credibilidad de Gloria Camila cotiza a la baja. Su insistencia en que «hay que contrastar antes de dar información» suena a broma pesada cuando viene de alguien que solo suelta la información que le interesa y cuando le conviene. Entre gestos de superioridad y silencios estudiados, la joven colaboradora parece olvidar que en televisión la verdad acaba abriéndose paso, y que las redes sociales, donde dejó de seguir a su sobrina, son el reflejo de una crisis que no se soluciona mandando callar a los profesionales.
