David Broncano ha vuelto a ponerse delante de una cámara de TVE tras el paréntesis del verano y lo ha hecho para destapar el mayor cambio que afronta La Revuelta en su tercera temporada en La 1: el programa se ha mudado al Teatro Albéniz de Madrid, una sala de alrededor de 900 butacas levantada a escasos metros de la Puerta del Sol. La primera promoción del curso permite ver el edificio y calcular sus dimensiones, pero esconde tras un pixelado lo único que de verdad quería mirar el espectador: el escenario.
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Un teatro nuevo y un escenario que nadie puede ver todavía

El vídeo arranca con Broncano recorriendo el interior del recinto y enseñando la sala como quien enseña una casa recién comprada. «Para esta temporada de La Revuelta nos hemos venido a un teatro nuevo. Mirad qué sitio espectacular, qué grande, qué lámparas… está a la altura de lo que España espera de nosotros», bromea el humorista mientras la cámara le acompaña por un patio de butacas que triplica en solemnidad al que ha ocupado hasta ahora. En otro momento de la promoción vuelve sobre la misma idea con una fórmula todavía más directa, subrayando que se han venido «a un teatro nuevo, espectacular, más grande». El recinto se encuentra en pleno proceso de acondicionamiento para poder acoger tanto las grabaciones como las emisiones diarias del formato, una obra que avanza a contrarreloj con septiembre ya a la vuelta de la esquina y que explica que el equipo haya optado por rodar la promoción entre paredes que todavía no están terminadas del todo.
¡Tenemos nuevo teatro para @LaRevuelta_TVE!
— RTVE Comunicación y Participación (@RTVE_Com) August 16, 2026
David Broncano te lo enseña junto a Jorge Ponce
El programa más esperado vuelve en septiembre con muchas más novedades… o no 🤷♂️ pic.twitter.com/aYxyEFSEwA
El golpe de efecto llega cuando el presentador intenta girar la cámara hacia el plató. La imagen se emborrona por completo y aparece un pixelado que tapa el escenario entero, con la voz de Jorge Ponce saliendo desde detrás de ese mosaico digital: «Hasta que no empiece la temporada, esto está pixelado, por eso estoy desnudo». El presentador cierra la pieza con una promesa lanzada directamente a cámara, «el año va a ser increíble, tenemos muchas ganas de veros», y la propia cadena remató la jugada al lanzar el vídeo con un mensaje que juega a lo mismo: anunciaba que ya tienen nuevo teatro, que el programa vuelve en septiembre «con muchas más novedades… o no» y que era el propio Broncano quien iba a enseñarlo acompañado por Ponce. Ni una fecha, ni un solo plano limpio del decorado, ni una pista sobre qué habrá encima de esas tablas cuando se levante el telón.
Novecientas butacas a un paso de la Puerta del Sol

El salto de sala es la novedad de mayor calado que ha confirmado la cadena pública hasta la fecha, y su magnitud se mide en asientos. El Teatro Príncipe, pegado a la Gran Vía madrileña, ronda los 600 espectadores por función; el Albéniz, en la calle de la Paz, se acerca a los 900. Son casi trescientas personas más cada noche en un espacio cuyas entradas se agotaban sistemáticamente, un salto de aforo de casi el cincuenta por ciento que altera de raíz la relación del formato con su público, porque un late night que vive del jaleo de la grada no suena igual con seiscientas gargantas que con novecientas. La mudanza, además, apenas mueve el programa unos cientos de metros dentro del mismo centro de la capital, de una arteria comercial a un edificio histórico plantado entre la Puerta del Sol y la Plaza Mayor.
Lo que se queda atrás pesa tanto como lo que se estrena. El Teatro Príncipe se había convertido en una de las señas de identidad visual del espacio desde su desembarco en la televisión pública, y sobre todo era el trampolín natural de la sección callejera de Ponce, que salía a la acera y encontraba la Gran Vía entera esperándole con sus luminosos, sus turistas y su ruido. Ese decorado gratuito y perfectamente reconocible desaparece del mapa del programa. El nuevo entorno ofrece otra cosa: un tejido de calles estrechas, la plaza más fotografiada del país a dos manzanas y un edificio con ocho décadas de historia a su espalda que estuvo a punto de ser derribado y que fue rescatado y remodelado hasta convertirse en una de las salas más lustrosas del centro de Madrid, el mismo escenario donde Antonio Banderas estrenó su montaje de Company.
Septiembre, sin fecha y con las cartas boca abajo

RTVE no ha puesto todavía día en el calendario. El regreso se anuncia para septiembre y ahí acaba la información disponible, en una decisión que encaja con la costumbre de los dos cursos anteriores, cuando el espacio volvió a antena a los pocos días de arrancar el mes y se plantó en la parrilla antes que El Hormiguero, adelantándose a su rival para arañar unos días de terreno en solitario. Guardarse la fecha de estreno es, a estas alturas del verano, una carta más de la partida del Access prime time, y la cadena la mantiene tapada mientras la competencia hace sus propios cálculos sobre cuándo conviene abrir el curso televisivo.
El traslado sigue siendo el único cambio que TVE y el equipo del programa han dado por bueno de cara al regreso. Nadie ha avanzado si habrá retoques en la estructura, si se caerán o se estrenarán secciones, si el equipo de colaboradores se mantiene intacto o si la mecánica de las entrevistas, con sus preguntas fijas sobre dinero y sexo convertidas ya en marca registrada, sufrirá algún ajuste. La promoción, con ese guiño a las «muchas más novedades… o no», deja la puerta abierta a las dos lecturas y obliga a esperar. Lo que sí queda confirmado es el envoltorio: sala nueva, aforo mayor y una escenografía que la cadena ha decidido convertir en el primer misterio de la temporada, guardada bajo llave hasta el mismo día del estreno.
Dos temporadas más, 31,5 millones y una cuenta pendiente
El movimiento se produce con el futuro del formato ya blindado. La cadena pública renovó el espacio por dos cursos más, de modo que Broncano seguirá al frente al menos hasta junio de 2028, y lo hizo elevando el presupuesto hasta los 31,5 millones de euros para los dos próximos ejercicios, 3,4 millones más que los destinados a las dos primeras temporadas. Esa cifra, que sostiene una maquinaria de guionistas, colaboradores y equipo técnico producida junto a El Terrat, quedó detallada en su día en el repaso a el reparto real de los millones que mueve el programa, y es también la que explica que la mudanza a una sala mayor no llegue como un capricho estético sino como parte de una operación de mayor alcance.
Queda, eso sí, la asignatura pendiente. El segundo curso no repitió el impacto del estreno y terminó por detrás de El Hormiguero en la pelea del access, con Pablo Motos ganando la temporada con claridad y dejando al espacio de La 1 en la segunda posición de la franja. Aquel curso se cerró además a trompicones: el avance de la selección en el Mundial reventó la parrilla y obligó a la cadena a retrasar la despedida del programa hasta el jueves 16 de julio para encajarla entre el fútbol. La mudanza al Albéniz, avanzada el pasado marzo con el nombre de la sala sobre la mesa, llega por tanto con una encomienda muy concreta encima de la mesa: recuperar el terreno perdido en la franja más cara de la televisión española. Novecientas butacas son un altavoz mayor, pero también un patio de butacas más difícil de llenar cada noche.
