Amor Romeira protagoniza el cortometraje ‘ZOE‘, que se estrena hoy en una premiere el Museo de América y estará disponible en RTVE Play desde el 31 de marzo con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans. La artista canaria, conocida por su paso por Gran Hermano y su trabajo en Telecinco, interpreta a Gina Rodríguez, una mujer trans asesinada en Perú en 2021 cuyo caso sigue impune. En esta entrevista, Amor habla sin filtros de la conexión emocional que la une al personaje —ella también fue apuñalada en 2012—, de la falta de valentía en la industria para contar historias trans con profundidad, del terror político que siente ante la extrema derecha y de su convicción de que quien vea ZOE y no sienta nada «no tiene corazón». Además, avanza su próximo proyecto musical: un remix con Manny Manuel de Si Una Vez, fruto de su tributo a Selena y Jennifer López.
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Interpretar para cerrar heridas
Para Amor Romeira, ‘ZOE’ no es solo un proyecto profesional, es una forma de reconciliarse con el pasado. «Cuando leí el guión me ericé viva, empaticé muchísimo con la historia y supe que yo tenía que darle vida a Gina Rodríguez», cuenta. El personaje, basado en una mujer trans peruana asesinada en 2021, activó en ella recuerdos dolorosos. «En el momento en el que leí su historia y su tragedia, mi cuerpo vibró, mi cuerpo se emocionó, mi cuerpo pensó: ‘podrías haber sido tú’, porque al ella morir por recibir una apuñalada, me trasladó al 2012 cuando me apuñalaron a mí».

Ese episodio de violencia marca un antes y un después en su relación con ZOE. «El cuerpo me generó esa necesidad incluso de cerrar una herida mía, dándole vida a su tragedia, a su historia», explica.
Para Romeira, interpretar a Gina no ha sido solo un ejercicio actoral, sino una forma de canalizar el miedo, la rabia y la empatía hacia las mujeres trans que viven bajo la amenaza constante de la violencia. «Estamos ante un hecho real, un feminicidio transfóbico que queda impune, de hecho todavía no hay justicia para Gina. Cuando se unen todos los factores del talento, tanto en producción, dirección como en interpretación, solo puede salir algo que conmueve, que llega y que vino para mover conciencias».

Más allá de la televisión: el amor por las tablas
Aunque Amor Romeira es reconocida principalmente por su trabajo en televisión —donde, sin falsa modestia, se define como «una de las mejores» colaboradoras—, su verdadero motor artístico está en otro lugar. «Yo amo el escenario, las tablas, la música, la interpretación», confiesa.

Para ella, ZOE representa «ese lado de actriz que a lo mejor mucha gente desconoce», una faceta que le permite explorar emociones que en otros formatos quedan limitadas. «Al final soy artista. Soy colaboradora de televisión, me encanta mi trabajo, pero yo amo dar vida a historias, que la gente conozca otra faceta mía que es de las que más me gusta».
Esa búsqueda de profundidad choca, a veces, con la superficialidad que ella percibe en parte de la industria. Cuando se le pregunta si el colectivo trans sigue siendo utilizado para generar contenido sin trasfondo, Romeira no se anda por las ramas: «No es que se utilice el colectivo para generar sin profundidad, sino que creo que la gente no es valiente del todo».
El miedo político y la falta de valentía

Amor señala que vivimos en un contexto donde «corren más los bulos, la desinformación, la transfobia institucional, donde la transexualidad se ha convertido en un debate de moda». Para ella, someter a la comunidad trans a la opinión pública sobre si merecen derechos o no es, directamente, una parodia. «Como les digo a mis amigos, ustedes no tienen ese miedo de que cuando llegue un partido político os puedan quitar los derechos o no, yo sí. Yo vivo con un terror de que llegue al poder la extrema derecha y decida que yo no tengo derecho a mantener mi identidad de mujer, que no tengo derecho ni siquiera a tener mis documentos en regla tal cual se corresponden a mi género y mi identidad, y que poco más y me pongan a hacer carretera con la ley de vagos y maleantes».
Ese miedo explica, según ella, por qué hay tan pocas historias trans bien contadas. «Cuando existe también ese miedo de ser tan censurado, cancelado y demás, considero que hay que ser valiente para llevar a la pantalla testimonios LGTBI, incluso de mujeres trans, que es mucho más terrorífico». Y lo que más le duele es la frivolización: «Lo que no se cuenta bien es que trivializan como que ser trans es una moda, como que hoy te apetece ser trans y mañana puedes dejar de serlo. Y eso es el mensaje equivocado. Las personas trans nacen, las personas trans se identifican, las personas trans transicionan, las personas trans existen. Entonces, al existir, merecen el mismo respeto que cualquier otro ser humano».
Amor no oculta su indignación ante el hecho de que, en pleno siglo XXI, todavía se debata si las mujeres trans merecen respeto. «Me parece horroroso que a día de hoy, en el siglo que estamos, en el año que corremos, todavía estemos debatiendo si yo merezco respeto o no».
Gina Rodríguez: una madre para las invisibles

La conexión de Amor con Gina va más allá de la interpretación. Al investigar la vida de la mujer trans asesinada en Perú, descubrió un paralelismo con su propia trayectoria. «Me quedo con esa supervivencia, me quedo con ese detalle de una mujer trans que fue pionera, que caminó mucho antes que muchas otras y se convirtió en una madre para las que vinieron detrás. Como que, en el fondo, yo en el 2007, cuando llegué a la pantallita pequeña, yo tampoco era consciente de la catarsis que iba a ser en este país. Me convertí, sin quererlo, en un referente».
Para Amor, Gina hizo lo mismo desde otro ámbito: «Sin llegar a ser famosa, se convirtió en un referente para esas pequeñas mujeres trans que huían del desprecio familiar y social y acababan en la prostitución. Ella les abrió los brazos y las acogió como una madre. Creo que me quedo con que cada una, en su forma, hizo un camino para ayudar a otras».

Pero el homenaje que supone ZOE también trae rabia. «Sobre todo, el cabreo de que su asesinato esté impune, que no tenga justicia, que su familia no pueda descansar tranquila porque el asesino de su hija, Gina Rodríguez, está en libertad». Amor insiste en que el corto no puede quedarse solo en una pieza audiovisual emotiva: «Me gustaría que la gente pidiera justicia para Gina. Que esto no fue hace 400.000 años, esto fue en el 2021. O sea, que hace nada».
«Si alguien ve ZOE y no siente nada, no tiene corazón»
Cuando se le pregunta qué significaría que alguien viera el cortometraje y quedara indiferente, Amor es tajante. «No puedo ser responsable de lo que pueda sentir una persona o no. Eso ya va cada uno con las empatías y los niveles que tenga como ser humano en general. Yo sé que di todo lo mejor de mí». Y luego, con la franqueza que la caracteriza, añade: «Si la gente ve ZOE y no llora ni se empatiza ni siente nada, no es problema de la historia, es problema de los valores y la empatía que puede tener ese ser humano. Yo creo que si no se empatiza con la historia de Zoe, no se tiene corazón directamente».
La conversación que debe abrir ZOE
Para Amor, el estreno del cortometraje tiene que activar un debate urgente en España: «Sobre todo el debate de que no está todo conseguido, de que aquí somos vulnerables, de que aquí estamos luchando todavía a día de hoy para tener unos derechos que no son eternos, que están tambaleando según qué partido político entre. El asesinato de Gina fue en Perú, pero podía ser perfectamente en España y quedar igual de impune. Como que piensen que somos seres humanos y que nuestra vida es con un peligro».

Amor Romeira deja claro que ZOE no es solo cine. Es memoria, activismo y justicia pendiente. Y, en su caso personal, también sanación.
Música, interpretación y un futuro sin límites

Mientras ZOE llega al público, Amor ya tiene otros proyectos en marcha. Su faceta musical sigue viva: está a punto de sacar un remix con Manny Manuel, estrella puertorriqueña de la salsa, de la canción Si Una Vez. «Todo ha salido gracias al tributo que le hago a Selena y a Jennifer López. Todo pasa por algo», celebra. También tiene «otros proyectos en la mesa de interpretación» que espera que salgan pronto. Su filosofía es clara: «Siempre estaré haciendo todo lo que yo quiera y dando lo mejor de mí».
Porque Amor Romeira no se define por un solo formato. «La palabra que me define es artista», sentencia. Y ZOE, con toda su carga emocional, política y artística, es la prueba más rotunda de ello.
