Hay días en los que la televisión se retrata a sí misma sin necesidad de guion. Y lo que ofreció este martes De lunes a viernes fue, sencillamente, un espectáculo bochornoso: la escenificación en directo del desprecio, la prepotencia y el clasismo de Terelu Campos hacia un compañero que ese mismo día debutaba en la televisión nacional, Óscar Repo. Un ejercicio de soberbia tan gratuito como revelador, que merece ser señalado sin medias tintas. Porque no, no todo vale.
Te recomendamos

Kiko Rivera firma su comunicado para que nadie lo dude y ‘De lunes a viernes’ se ríe del ictus, de la IA y del cortisol de Lola García: un 7,9% de audiencia y dando lecciones de moral

Opinión: cinco años en los que no se movía un papel sin que apareciera publicado y cinco días en los que no ha salido ni una foto: qué ha cambiado en el entorno de Kiko Rivera

Irene Rosales invita a dejar de seguirla y se defiende de quienes la responsabilizan del ictus, pero el gesto que abrió la polémica -el restaurante de lujo con el padre de sus hijas ingresado- no aparece en el vídeo

Opinión: Nadie le ha preguntado nada a Ferran Torres y ya le han contestado tres veces: Pedri, Ana Mena y ahora Marcos Llorente
Una encerrona en toda regla contra un debutante
Óscar Repo llegó a la crónica social desde las redes con una marca reconocible: el humor, la amabilidad y una mirada distendida sobre el mundo del corazón. Este martes vivía su bautismo en una cadena nacional y, en lugar de un recibimiento mínimamente cortés, se encontró con una encerrona en toda regla. Todo arrancó por una supuesta crítica que Terelu creyó ver en uno de sus vídeos —según ella, el colaborador habría dicho que la veterana pidió un aumento de sueldo a la cadena—, un extremo que el youtuber negó, aseguró no recordar y, en todo caso, atribuyó a una información que le habrían trasladado los propios compañeros de la Campos. Daba igual: la sentencia ya estaba dictada antes de empezar.
La colaboradora desplegó entonces un repertorio de desdén difícil de justificar. «Yo no tengo que hablar nada con él, no lo conozco de nada», soltó, para contradecirse minutos después admitiendo que sí lo conocía de las redes e incluso que había comentado el famoso vídeo de la discordia. Le preguntó «¿cómo te llamas?» con estudiada displicencia, para descubrirse luego que se sabía hasta su número de teléfono de memoria. Y remató con un «no ofende quien quiere, sino quien puede», esa frase de manual que se esgrime, precisamente, cuando uno se ha quedado sin argumentos. Todo ello sin apenas dejar hablar al aludido. Cuando el programa los sentó en un cara a cara, la Campos repitió su cantinela: «Me parece absurdo tener que sentarme con una persona que no conozco». Absurdo, quizá, sea negarse a tratar de igual a igual a quien ostenta tu mismo rango laboral. Porque eso es Óscar Repo: un colaborador, ni más ni menos que ella. La única diferencia es que la prepotencia y la falsa chulería no las ejerció él.
Valiente solo con los débiles

Lo más revelador de la tarde no fue el enfado, sino contra quién se dirigió. Terelu Campos eligió sacar la chulería frente a un profesional que pisaba por primera vez un plató nacional, en su jornada más vulnerable. Y da la casualidad de que esa fiereza se le apaga cuando enfrente tiene a alguien con galones o con intereses que le convienen. ¿Dónde estaba esa contundencia cuando, en su presencia, se vertieron acusaciones gravísimas contra Mar Flores por parte del padre de Carlo Costanzia? ¿Por qué con determinados nombres del negocio se muestra sumisa y dispuesta a vender lo que haga falta con tal de arroparlos? La misma que se envuelve en la bandera del feminismo, la misma que fue capaz de romper a llorar hace apenas unos días para defender a su hija en el asunto de Laura Matamoros, no encontró un solo gramo de esa sensibilidad para con un recién llegado que, sencillamente, hacía su trabajo.

Conviene subrayarlo, porque es la clave de todo: Repo no le faltó al respeto en ningún momento. Se limitó a defenderse y a decir la verdad, con educación, mientras ella le negaba una y otra vez el turno de palabra. «¿Pero qué vas a contestar, si yo no he dicho nada para que contestes?», llegó a espetarle cuando por fin el colaborador pidió intervenir. Es el viejo truco de quien monta el número y después se escandaliza de que el otro se atreva a respirar.
Mientras Telecinco se hunde, ella se cree imprescindible
Hubo una frase que resume el problema de fondo. Preguntada por su papel en la cadena —ese que no comenta solo Óscar Repo, sino buena parte de una audiencia que no termina de entender qué aporta el Clan Campos a la parrilla—, Terelu respondió con suficiencia: «Algo bueno haré para estar; los directivos sabrán». Pues miremos los números, que no engañan. Telecinco encadena hundimiento tras hundimiento en todas las franjas del día, superada una jornada sí y otra también por las televisiones autonómicas y relegada a la cuarta posición del cómputo diario. Y qué casualidad: los programas en los que ella figura viajan de mínimo histórico en mínimo histórico. De Lunes a Viernes, sin ir más lejos, se desplomó esta misma semana hasta un pobre 6% de cuota, por debajo de la propia media de la cadena. Si a eso lo llamamos «hacer algo bueno», cuesta imaginar cómo sería hacerlo mal.
El coraje de arropar siempre al que manda

La encerrona tuvo, además, sus coros. Varios colaboradores cerraron filas con la veterana en una demostración de ese peculiar compañerismo que consiste en defender siempre al que tiene la sartén por el mango. Maica Benedicto se sumó incluso a la escena preguntándole a Repo si también pensaba «pelearse» con ella, echando más leña a una hoguera que él no había prendido. Es mucho más cómodo abrazar a quien se presume blindada corporativamente que tender la mano a quien acaba de llegar y no tiene padrinos. A eso, en según qué platós, lo llaman valentía. Permítanme la ironía.

A la veterana le salió, además, un valedor de altura: Carlos Corbacho, que se apresuró a defenderla. Y resulta cuando menos llamativo, porque hablamos del mismo colaborador que aireó en De Viernes una información —la de una supuesta cuenta con dinero de origen ilícito a nombre de la difunta madre de Isabel Pantoja— que acabó siendo falsa y que el propio programa tuvo que rectificar públicamente a instancias del banco, que desmintió que tal cuenta existiera siquiera. Con semejante antecedente, cabría esperar algo más de prudencia antes de repartir lecciones de credibilidad; pero, una vez más, pesó más arrimarse a quien se presume intocable que ser mínimamente justo con el que apenas acababa de llegar.

Menos mal que quedó una voz sensata. María Jesús Ruiz fue la única que sacó la cara por el debutante: «Tampoco es para tanto; Óscar da sus opiniones y comenta la crónica social desde el humor, de forma distendida», recordó, antes de soltar una verdad como un templo: «Los personajes también viven de que haya gente como tú que comente sus movidas». Exacto. El corazón televisivo se alimenta precisamente de miradas como la de Repo; morder la mano que te da de comer, además de feo, es de necios.

Que quede claro de qué va todo esto. Óscar Repo se ganó su hueco desde la pantalla de un móvil, a base de gracia, cercanía y honestidad, sin herencias ni apellidos que le abrieran las puertas. Este martes no cometió más «delito» que el de decir en voz alta lo que piensa buena parte de la audiencia. Y por eso mismo se le organizó una encerrona: porque incomoda que alguien de fuera nombre lo que muchos, dentro, prefieren no escuchar. Terelu Campos tuvo una tarde para demostrar altura y eligió la prepotencia. Nosotros elegimos, sin ninguna duda, el lado de Óscar Repo. Y con él, el de una televisión menos endogámica, menos soberbia y bastante más respirable.
