Alejandra Rubio vuelve a subestimar la inteligencia del espectador. La hija de Terelu Campos, que juró por activa y por pasiva que el derecho y el canto eran su destino para evitar el «famoseo», ahora se envuelve en la bandera de las letras con una novela bajo el brazo. Un movimiento que huele más a estrategia de marketing para blanquear su imagen de personaje de exclusivas que a una verdadera vocación artística. Entre rumores de embarazos y conflictos familiares, la nieta de Teresa Campos pretende ahora que la llamemos escritora.
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Hay que reconocerle a Alejandra Rubio una capacidad de resistencia asombrosa, aunque sea para sostener una mentira que cae por su propio peso. Desde que cumplió los 18 años, la sobrina de Carmen Borrego ha mantenido el discurso de que ella no es, ni quiere ser, un personaje del corazón. Sin embargo, la realidad es tozuda: sus colaboraciones en Telecinco se alimentan precisamente de su vida privada, esa que dice no airear pero que protagoniza culebrones diarios, ya sea por su relación con Carlo Costanzia o por las guerras cruzadas entre los Matamoros y los Costanzia.
Del plató a la pluma: ¿Vocación o blanqueamiento?
Lo último de «Ale Rubio» —nombre artístico que ya figura en su portada— es dar el salto al estrellato literario con su primera novela de la mano de Editorial Planeta. Resulta curioso que alguien que hace apenas unos días en ‘Vamos a ver’ era incapaz de articular con coherencia narrativa la noticia sobre el suceso de sus amigos los Gemeliers, aparezca ahora como la nueva promesa de la ficción. Ni su madre, Terelu Campos, se atrevió a tanto; ella al menos tuvo la honestidad de firmar unas memorias, Frente al espejo, con la ayuda profesional de Kike Calleja. Alejandra, en cambio, apuesta por la novela, tratando temas tan «novedosos» como el triángulo amoroso y la traición.

La sospecha es inevitable y flota en el aire: ¿ha escrito ella realmente este libro o se lo han escrito?. Resulta difícil creer en la «apasionada de la lectura» cuando su trayectoria profesional ha dado más tumbos que una veleta: del Derecho a la interpretación, pasando por el canto y terminando, cómo no, en el sillón de colaboradora que tanto despreciaba.
¿Inspiración real o falta de imaginación?
La sinopsis de la obra, que saldrá a la venta el 13 de mayo, parece un calco de su propia biografía reciente. El protagonista, un tal Ulises, se describe como un joven «recién salido de prisión», guapo y tatuado. Cualquier parecido con la realidad de su pareja, Carlo Costanzia, parece ser algo más que una coincidencia literaria. Es el colmo del cinismo: negar ser un personaje rosa mientras vendes una novela que parece alimentarse del morbo de tu propia vida privada.
Mientras se especula con un segundo embarazo y las supuestas cifras astronómicas que estaría pidiendo por una exclusiva, Alejandra juega a ser literata. ¿Aspira a la hazaña de Sandra Barneda, finalista del Premio Planeta en 2020, o simplemente busca un nuevo disfraz para seguir negando que vive de lo que siempre dijo detestar?. Al final, el papel lo aguanta todo, pero el espectador —y ahora el lector— tiene memoria.
