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Opinión: Usted encendió la cámara, señora Mohedano, y nosotros estábamos escuchando: no le vamos a pedir perdón por hacer periodismo con lo que vociferó en abierto

Pedro Serrano González
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Opinión: Usted encendió la cámara, señora Mohedano, y nosotros estábamos escuchando

Hay una frase que resume el malentendido en el que vive parte del famoseo español, y la ha escrito esta mañana Rosario Mohedano en el muro de nuestra propia publicación: «Yo hago un directo para quien me sigue, otros lo ven interesante y hacen dinero compartiéndolo en sus redes». Señora, permítanos una precisión elemental, de manual de primero de carrera: cuando usted enciende una cámara y habla en abierto, ante miles de personas, sobre una causa judicial que está a las puertas de la Audiencia Provincial y sobre el hombre que mandó veinticuatro años en la mayor televisión privada de este país, eso no es una confidencia entre amigas. Eso es un acto público. Y contarlo no es «hacer dinero»: se llama periodismo.

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Opinión: Usted encendió la cámara, señora Mohedano, y nosotros estábamos escuchando

Vibras en Corte publicó ayer, en exclusiva, lo que la cantante dijo en un directo abierto en sus redes: que Paolo Vasile «decía: si haces sangre, te vamos a pagar más», que «era el que tenía un montón de corruptos» y que sobre la causa del llamado caso ‘Sálvame‘ ella ya lo sabe todo: «Ya queda poco. Yo ya lo sé». Palabras suyas. Literales. Grabadas por ella misma, en su cuenta, sin que nadie forzara ninguna puerta, sin cámara oculta, sin intermediarios y sin un solo euro de por medio. Hoy, en lugar de sostener lo que dijo, ha optado por el camino más transitado del género: victimizarse, recular a medias y señalar al mensajero. Con una historia en la que nos etiqueta y un comentario en el que nos acusa de lucrarnos con su voz.

«Un directo que ni dejé compartido»: sobre la extraña idea de que lo público es privado si a uno le conviene

Escribe la artista que hemos utilizado «un directo que hice hace 5 días», que «ni dejé compartido», y que «lo trabajan a su beneficio colocando cada palabra a su interés». Vayamos por partes, porque cada una de esas afirmaciones se desmonta sola. Primera: no guardar un vídeo en el perfil no lo convierte en privado; lo emitió en abierto, para quien quisiera entrar, desde una cuenta verificada y pública. En derecho y en periodismo, lo que se difunde públicamente es público, y no existe un botón que permita desactivar a posteriori lo que uno ya ha dicho ante una audiencia. Segunda, y conviene que quede muy claro porque afecta a la insinuación más torticera de todas: este medio no la sigue, no la vigila y no ha rebuscado en su perfil. Nosotros vimos ese directo mientras ella lo estaba emitiendo, en tiempo real, porque así funciona exactamente un directo abierto: la propia plataforma lo ofrece a quien está conectado, lo siga o no. Nos saltó, escuchamos lo que estaba diciendo, valoramos —como hace cualquier redacción— si aquello era noticiable, concluimos que evidentemente lo era, y lo grabamos y lo difundimos. Punto. No hubo intrusión, ni pirateo, ni acceso a nada cerrado: hubo un periodista escuchando lo que una persona pública gritaba en abierto ante quien quisiera oírlo. Que ahora se agarre al calendario para sugerir que la hemos exhumado del archivo es, sencillamente, otra cortina de humo.

Tercera, la más grave, porque toca a nuestra honestidad profesional: dice que colocamos «cada palabra a su interés». Basta con leer la información publicada para comprobar exactamente lo contrario. Aquel artículo reprodujo sus frases íntegras y en vídeo, sin recortes tramposos, y además incorporó todo lo que ella no dijo y que resultaba imprescindible para no cometer una injusticia: que Paolo Vasile no está imputado, ni investigado, ni procesado en esa causa; que Mediaset figura solo como responsable civil subsidiario y ningún directivo está encausado; que el Ministerio Fiscal llegó a pedir el sobreseimiento para uno de los acusados; y que a todos ellos les ampara la presunción de inocencia. Es decir: fuimos nosotros quienes pusimos el cinturón de seguridad que ella no se puso al lanzar acusaciones de semejante calibre. Si algo hizo este medio con sus declaraciones fue protegerla de sí misma, y de paso proteger al aludido. Que ese ejercicio de rigor se despache ahora como manipulación no ofende: retrata.

«No intereso, pero minutan»… y a renglón seguido: «Haré más directos, os dan de comer, atentos»

El párrafo estrella de su historia merece enmarcarse, porque contiene la contradicción más elocuente que ha firmado nadie en esta industria en lo que va de verano. Empieza asegurando que «no intereso», sigue lamentando que se «minute» lo que cuenta y termina, sin despeinarse, con este anuncio: «Haré más directos, os dan de comer, atentos 😘». Léalo otra vez el lector, despacio. En cinco líneas, la misma persona sostiene que carece de interés informativo y, acto seguido, convoca a la prensa a sus próximas emisiones y presume de alimentarla. No se puede reclamar el derecho a no ser noticia mientras se programa la siguiente entrega. O no interesa, y entonces sobra el aviso; o interesa —y vaya si interesa—, y entonces sobra la queja. Elija usted, que es su relato.

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Y añade que quienes la cubren «ven a una mujer que no se calla, que avanza valiente en la vida, que ha aprendido de sus errores, luchadora, trabajadora y muy familiar». Nadie ha discutido aquí ninguna de esas cualidades: se le reconoce el mérito de subirse a un escenario y defender su repertorio, como ella misma reivindicó en ese mismo directo. Pero conviene no confundir los términos, porque el elogio propio no es un salvoconducto. Una mujer que no se calla es, por definición, una mujer que habla. Y lo que se habla en público, se publica. Ese es todo el misterio.

El detalle que lo deja todo en su sitio: el 25 de junio eligió nuestro muro para atacar a su prima

Aquí llega el dato que convierte el reproche de hoy en una pirueta imposible. El pasado 25 de junio, el día del estreno del documental de Rocío Carrasco en Movistar+, Rosario Mohedano no acudió a un plató ni convocó a una revista: se metió en el Instagram de Vibras en Corte y escribió, de su puño y letra, bajo una publicación nuestra, el zarpazo más comentado de la jornada contra su prima: «Así ha sido toda la vida en temas de familia… años y años… y años… abandonados en un armario. Su madre lo sufrió, su padre también, ahora son sus hijos». Aquel comentario lo publicamos, como es lógico, y le dimos la relevancia que tenía. Entonces este medio no le pareció un negocio: le pareció un altavoz. Y lo usó.

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Ahí reside la incoherencia que hoy le explota en las manos. Cuando el foco le sirve para ajustar cuentas familiares, se sienta a escribir en nuestra casa. Cuando el mismo foco recoge lo que ella misma decidió gritar en abierto, entonces somos los que «hacen dinero» con su voz. Es el viejo vicio de una parte de este oficio: querer el micrófono sin el espejo. Pero los medios no somos un servicio de mensajería a la carta que difunde lo que conviene al remitente y entierra lo que no. Publicamos lo que es público y lo que es noticia, le guste o no le guste al protagonista. Ese es el trato, y ella lo conoce mejor que nadie: lleva en esto toda la vida.

La casa que «pagaba por hacer sangre» es la misma en la que hoy cobra su madre

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Y llegamos al punto que ninguna historia de Instagram va a poder borrar. La señora Mohedano acusa a la cúpula de Mediaset de retribuir a quien «hiciera sangre» y de rodearse de «un montón de corruptos». Pues bien: esa misma casa, la de la maldad estructural y la sangre pagada a tanto el minuto, es exactamente la que desde el pasado 6 de julio sienta a su madre, Rosa Benito, como colaboradora en el plató de De lunes a viernes, en Telecinco. La misma cadena que le levantó el veto y la reincorporó a su nómina, en un formato que recupera precisamente a los rostros del universo del que ella reniega. Y no es solo su madre: la propia artista fue colaboradora de esa cadena —en A tu lado, en el propio Sálvame y en ¡Qué tiempo tan feliz!, hasta 2014—, es decir, cobró de esa misma televisión durante años, y de ella salieron los ingresos que sostuvieron a su familia mientras el modelo que hoy describe como criminal funcionaba a pleno rendimiento.

Nadie discute su derecho a denunciarlo: faltaría más, y de hecho los tribunales le han dado la razón —Mediaset fue condenada en 2018 a indemnizar a su marido, y la productora reconoció los hechos y pagó en 2022—. Pero el que ha sido víctima de un sistema no queda automáticamente vacunado contra la coherencia. No se puede facturar de una cadena, y que facture tu madre hoy mismo, y presentarse a la vez como la única voz limpia frente a ella. Eso no es valentía: es tener la merienda puesta en las dos mesas. Y conviene decirlo con todas las letras, porque es una opinión de este periódico y la sostenemos: quien vive del foco no puede exigir que el foco se apague justo cuando le ilumina las contradicciones.

El derecho a la información no se negocia con un emoji

Vayamos al fondo jurídico, ya que ella ha querido llevar esto al terreno del agravio. Este medio se ampara en el derecho fundamental a la información, que protege la difusión de hechos veraces y de interés general, muy especialmente cuando los protagoniza una persona con proyección pública que se pronuncia voluntariamente y en abierto sobre un asunto de relevancia: un procedimiento penal con nueve acusados que ya tiene abierto el juicio oral. Reprodujimos sus palabras literales, identificamos su origen, no ocultamos su contexto y añadimos los datos que matizaban y corregían sus afirmaciones. Eso es, exactamente, lo que la doctrina llama trabajo diligente. Lo demás —lo del beneficio, lo de la manipulación, lo de la palabra colocada— son adjetivos lanzados desde una historia que caduca en veinticuatro horas.

Así que aquí queda la respuesta de este periódico, sin acritud y sin un solo insulto, que no es nuestro estilo ni nuestra necesidad. Si no quiere que se sepan determinadas cosas, no las diga públicamente. Es un consejo gratuito y de eficacia probada. Y si decide decirlas —está en su perfectísimo derecho, y además nos parece saludable que un país conozca lo que piensan quienes vivieron aquello por dentro—, sepa que las publicaremos con el mismo rigor con el que las publicamos ayer: enteras, contrastadas, con la presunción de inocencia intacta para todos los aludidos y sin cobrarle a usted ni un céntimo por el servicio. Nos anuncia más directos y nos pide que estemos atentos. Descuide, señora Mohedano: lo estaremos. Es nuestro oficio, y lo ejercemos gratis, que es más de lo que se puede decir de casi todos los platós en los que ha estado sentada su familia.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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