Esta noche, cuando La Roja salte al césped de Nueva Jersey a por su segunda estrella frente a Argentina, no solo estará en juego la gloria eterna: cada futbolista se disputa también una prima millonaria que las estimaciones sitúan muy por encima de los 600.000 euros. Y, sin embargo, el gran vencedor económico de la noche, gane quien gane el partido, tiene nombre y apellidos que no aparecen en ninguna alineación: Hacienda, que se quedará con prácticamente la mitad de lo que embolse cada campeón.
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El premio de la FIFA y el reparto de la Federación
Conviene aclarar primero de dónde sale ese dineral. La FIFA abonará alrededor de 44 millones de euros a la federación que se proclame campeona del Mundial 2026, una cifra récord acorde con el tamaño colosal de este torneo. Pero los jugadores no reciben ese dinero de manera directa: el ingreso lo percibe la Real Federación Española de Fútbol, que es quien luego reparte las primas entre la plantilla y el cuerpo técnico según el acuerdo previamente pactado con los futbolistas. Antes de ese reparto, además, el organismo debe hacer frente a los cuantiosos gastos de la expedición —preparación, logística, viajes, hoteles, seguridad, personal e instalaciones—, de modo que la cantidad final que llega a cada bolsillo es el resultado de una compleja operación contable.
Ese modelo de reparto explica por qué la cifra exacta que cobrará cada internacional no se conoce con total precisión hasta que se sella el acuerdo definitivo. Lo que sí está claro es que ganar el campeonato del mundo dispararía los ingresos de los jugadores hasta cotas que ningún otro título les había reportado hasta ahora.
Más de 600.000 euros por cabeza, a la espera del pacto final
Las estimaciones más difundidas coinciden en situar la prima individual por conquistar el Mundial por encima de los 600.000 euros brutos por jugador, y algunas proyecciones la elevan incluso más allá de los 800.000, muy por encima de lo que cobraron los internacionales tras levantar la Eurocopa de 2024. Se trataría, en cualquier caso, del mayor premio económico jamás repartido a una Selección Española, un incentivo a la altura de la gesta histórica que supondría sumar el segundo entorchado mundialista dieciséis años después del de Sudáfrica.
Para una plantilla en la que conviven veteranos consagrados con las jóvenes perlas que han deslumbrado en el torneo, esa prima representa una recompensa simbólica más que una necesidad económica, dados los astronómicos salarios que muchos de ellos perciben en sus clubes. Pero, como suele ocurrir en el fútbol, el dinero es también una forma de reconocimiento, y ganar el Mundial cotiza como ninguna otra hazaña sobre el planeta.
El otro gran finalista de la noche: el fisco
Aquí es donde la historia da un giro tan inevitable como poco glamuroso. Al tratarse de un rendimiento del trabajo que se suma a los ya elevadísimos ingresos anuales de los futbolistas, esa prima tributa en el tramo más alto del IRPF, que en las comunidades autónomas con mayor gravamen se acerca al 47% e incluso lo supera. En la práctica, eso significa que Hacienda se quedará con prácticamente la mitad de cada premio, de manera que de esos más de 600.000 euros brutos apenas superarían los 300.000 netos los que acabarían realmente en el bolsillo de cada jugador.
La paradoja es evidente: mientras once futbolistas dejan hasta la última gota de sudor sobre el terreno de juego persiguiendo un sueño, el Estado observa desde la grada con la certeza de que, pase lo que pase, se llevará una tajada difícil de igualar. No deja de ser una estampa curiosa la de un país entero conteniendo la respiración por sus héroes mientras, en la sombra, el fisco afila el lápiz. Sea como fuere, ni la mordida más voraz podría empañar lo que significaría para La Roja y para millones de aficionados que esta noche, en el gran escenario del fútbol mundial, vuelva a ondear la segunda estrella. Eso, sencillamente, no tiene precio.
