El día en que España se juega la gloria en la final del Mundial de fútbol, una de sus actrices más internacionales ha decidido mirar hacia el bando contrario. Ester Expósito ha reaparecido por sorpresa en el torneo, pero no para vestirse de rojo y arropar a su selección, sino para lucir la camiseta de Francia y el dorsal de su chico, Kylian Mbappé. Un gesto que, más allá de lo romántico, ha dejado a más de uno con una ceja levantada: el amor, por delante de la bandera.
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La imagen que ha dado la vuelta a las redes
La instantánea que ha encendido la conversación muestra a la intérprete madrileña posando con la camiseta y el pantalón de Les Bleus, luciendo bien visible el número diez, el que porta el astro galo. La imagen la compartió el propio futbolista en sus perfiles para borrarla apenas unos segundos después, según desveló el periodista Javi de Hoyos, aunque el intento de discreción llegó tarde: numerosos usuarios ya habían inmortalizado la fotografía. El resultado es tan revelador como llamativo: una de las embajadoras de la ficción española, envuelta en los colores del país rival justo en la semana más importante para el fútbol nacional. No conviene olvidar que hablamos de una intérprete catapultada a la fama mundial gracias a ‘Élite‘, uno de los grandes fenómenos internacionales de Netflix, y convertida desde entonces en uno de los rostros más reconocibles de nuestro país fuera de nuestras fronteras. Precisamente por ese peso como escaparate de la marca España, su elección de vestuario adquiere una carga simbólica que va mucho más allá de una simple anécdota sentimental.

Que una figura del star system patrio pasee la elástica de otra selección no es delito alguno, faltaría más, pero el momento elegido no podía ser más delicado. Con toda España volcada en la cita más trascendental de su selección en dieciséis años, ver a una de sus caras más reconocibles ataviada con la camiseta gala resulta, cuando menos, un contraste difícil de digerir para buena parte de la afición, que no ha tardado en hacérselo saber en las redes sociales.
Ausente con los suyos, presente con Francia
Lo que agranda aún más el gesto es el contexto que lo rodea. A lo largo de todo el campeonato, Ester Expósito había mantenido un hermetismo absoluto, sin acudir a un solo encuentro y guardando un silencio sepulcral sobre el delantero, hasta el punto de permanecer en Madrid durante la trascendental semifinal que enfrentó a Francia con España. Ni un gesto de apoyo público a su país en las rondas decisivas, ni una palabra en clave patriótica cuando la selección firmaba una gesta tras otra camino de la final.

Su única aparición llegó, precisamente, para el último baile de Mbappé en el torneo: el partido por el tercer y cuarto puesto, en el que Francia cayó por un abultado 4-6 ante Inglaterra en el Miami Stadium. La actriz eligió esa cita, y no ninguna de las de la Roja, para dejarse ver por fin en las gradas y, además, hacerlo enfundada en los colores galos. Una escenografía que, por muy comprensible que sea desde el prisma sentimental, envía un mensaje inequívoco sobre dónde estaban puestas sus prioridades estos días.
Cuando el corazón pesa más que los colores
Nadie discute que el amor no entiende de fronteras ni de banderas, y que la protagonista de ‘Élite’ está en su pleno derecho de apoyar a su pareja allá donde juegue. Pero en el terreno de lo simbólico, y más para una figura pública de semejante proyección, la elección de exhibir la camiseta de Francia mientras su país libra la batalla más importante del fútbol mundial resulta, como poco, un desplante llamativo hacia quienes esperaban verla arrimar el hombro con los suyos. El gesto, lejos de pasar desapercibido, se ha convertido en munición para el debate.
Así las cosas, mientras millones de españoles se preparan para vivir en carne viva la gran final de esta noche, la imagen de Ester Expósito con la equipación del combinado galo quedará como una de las postales más comentadas y controvertidas de la jornada. Un recordatorio de que, en tiempos de fervor colectivo, hasta el detalle más íntimo se convierte en declaración pública. Y la suya, esta vez, ha sonado a todo menos a himno nacional.
