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Corazón

El ramo no fue para sus hijos: Susanna Griso se lo regala a la hija de Luis Enríquez y el novio confiesa que verla llegar le cortó la respiración

Pedro Serrano González
7 min 30
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Hay un gesto en toda boda que se lee mejor que cualquier discurso, y en la de Susanna Griso ese gesto tenía destinataria antes incluso de que empezara la fiesta. La presentadora de Espejo Público desveló ante los reporteros acreditados que su ramo no iba a ir a parar a ninguna de sus hijas, sino a Blanca, la hija de Luis Enríquez Nistal, el hombre con el que acababa de casarse. «Mis hijos de momento no están por la labor», bromeó. En una boda cuyos padrinos fueron los siete hijos de los dos, esa flor cambiando de familia es la fotografía exacta de lo que se celebraba en S’Agaró.

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«Me ha cortado la respiración»: lo que dijeron nada más salir

Poco después del «sí, quiero», los recién casados reaparecieron para atender a la prensa acreditada, y lo hicieron con una complicidad que no parecía ensayada. Luis Enríquez no escatimó al recordar el instante en que vio avanzar a la novia: «Maravillosa, impresionante… me ha cortado la respiración». Y remató mirándola: «Estás bastante de novia, novia». Ella, por su parte, explicó que el vestido fue enteramente decisión de su diseñadora y amiga de toda la vida, Rosa Estévez, de la firma Cortana: «Le dije que era algo informal, ni siquiera tenía claro que debiese ser un blanco roto. Pero ella decidió que sí, le gustó este escote para lucir las clavículas y ha sido todo cosa suya. Lo ha clavado». Es un matiz que reordena la lectura del estilismo: el vestido palabra de honor que fue el secreto mejor guardado de la jornada no respondía a un capricho de la novia, sino al criterio de quien lo cosió.

Los dos coincidieron en explicar la calma con la que llegaron al altar apelando a la experiencia. «Lo que tiene la segunda nupcia es que te lo tomas todo con más calma y disfrutas de cada minuto», resumió la periodista. El novio, que había bromeado sobre lo poco que la gente respeta los códigos de vestimenta, condensó el espíritu del día en una frase: «Es un momento de celebración, una fiesta con la gente que vale la pena y sin ninguna pretensión más». Hubo también un susto que no llegó a serlo, y que ella contó con alivio: «Yo me estaba maquillando cuando ha llovido y he pensado: «¡Dios mío, todas las flores!». Que es a lo que más tiempo le he dedicado. Dije «se van a estropear», pero no, han aguantado intactas y además ha bajado un poquito la temperatura, así que todo ha acompañado». La ceremonia civil, oficiada por Jaime de los Santos, arrancó a las ocho, tal y como estaba previsto.

El discurso que no esperaba y las lágrimas que sí

Si algo descolocó a la novia no fue el tiempo ni el vestido, sino su propio hijo. «No me esperaba que hablase mi hijo, que ha hablado un poco en nombre de todos. Ha habido lagrimilla», confesó. El detalle encaja con el diseño entero del enlace, que ya se había planteado sin mesas asignadas y con los siete hijos de la pareja ejerciendo de padrinos: no era una boda de protocolo, era una boda diseñada para que las dos familias se mezclaran. Ella es madre de Jan, Mireia y Dorcette; él, de Blanca, Santi, Lola y Luis. Siete padrinos y ninguna jerarquía.

Visto así, el destino del ramo deja de ser una anécdota simpática y pasa a ser coherente. Lo tradicional es lanzarlo o entregárselo a alguien del propio clan; ella eligió entregárselo a una hija de él. En una segunda boda, con siete hijos de relaciones anteriores metidos de lleno en la ceremonia, ese gesto dice más sobre cómo se ha construido esta familia que cualquiera de los discursos. La consigna estética del día, el boho chic, funcionó en la misma dirección: guayabera rosa y pantalón beige para el novio, que fue de los primeros en llegar, y ningún rigor de etiqueta para nadie más. La víspera, el viernes 24, la pareja ya había reunido a los invitados en una preboda en la playa de Sa Conca, un cóctel en un chiringuito frente al mar amenizado por un DJ.

Quién estaba: ‘Espejo Público’ al completo y los amigos de fuera del plató

La lista de invitados confirma dónde tiene Susanna Griso sus lealtades. El bloque más numeroso lo formaron sus compañeros de Espejo Público: Lorena García, Gema López, Miquel Valls, Nando Escribano y Pilar Vidal, que fueron además quienes fueron contando a la prensa cómo estaba la novia en las horas previas. «Con muchas ganas de fiesta, parecía que no iba a llegar nunca», soltó Gema López durante la preboda. A ellos se sumaron los colaboradores habituales del magacín Rubén Amón y Ángel Antonio Herrera, este último acompañado de su mujer, Carmen Ro. De la misma cadena acudió Roberto Brasero, que llegó con su hijo Íñigo, ambos vestidos casi igual siguiendo el código: guayabera y pantalón básico.

Fuera del entorno de Antena 3, la nómina se abre a la amistad personal y al oficio del novio. María Zurita, sobrina del rey Juan Carlos y gran amiga de la novia, estuvo desde la preboda deseándoles «la mayor de las felicidades». También la periodista Marta Robles, que se desplazó un día antes y apostó para el enlace por un vestido rojo de encaje con complementos dorados. Y dos parejas de peso: Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara —abogada y, además, colaboradora habitual del programa que conduce la novia—, y Juan Fernández Miranda, compañero de Luis Enríquez en El Confidencial. Es decir: el plató, la amistad de siempre y la redacción del novio, repartidos por el jardín de un hotel de la Costa Brava.

Lo que todavía no se sabe

Con la ceremonia resuelta y los invitados identificados, quedan cabos por atar que ni la pareja ni su entorno han detallado. No se ha comunicado destino de viaje de novios, ni si lo habrá de forma inmediata, algo nada evidente en pleno julio y con siete hijos en la ecuación. Tampoco se ha concretado cuánto se prolongó la celebración ni qué actuaciones incluyó, más allá de que la pareja mencionó «actuaciones» al hablar de la implicación de sus familias. Y queda por ver si la novia se acogerá a algún permiso o si regresará a Espejo Público con la normalidad con la que ha llevado todo lo demás.

Lo que sí se puede afirmar es que la boda se ajustó milimétricamente a lo que se había anunciado: hora, lugar, padrinos y ausencia de protocolo. Ni la lluvia de última hora, que llegó mientras la novia se maquillaba y amenazó unas flores en las que había volcado más tiempo que en ninguna otra cosa, alteró el plan. Y que el detalle que más va a circular de todos —el ramo cruzando de una familia a la otra— salió de la propia protagonista, contado de pasada y entre risas, justo antes de dar media vuelta y marcharse al banquete.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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