Era el único dato que Susanna Griso había conseguido guardarse, y ha durado hasta las ocho de la tarde. La presentadora entró al altar de S’Agaró del brazo de su hijo con un vestido palabra de honor, corsé y falda vaporosa firmado por Cortana, la casa mallorquina de Rosa Esteva. Ni encaje monumental, ni cola, ni protocolo: un diseño de tejido ligero, bohemio y mediterráneo, elegido con una única condición que ella misma había puesto semanas antes: que fuera cómodo.
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El vestido: palabra de honor, corsé y la firma en la que confía desde hace años

Lo que se ha visto en S’Agaró responde punto por punto a lo que ella había anunciado. Griso venía repitiendo que quería un vestido «muy cómodo», capaz de acompañarla durante toda la celebración, porque al tratarse de una ceremonia civil al aire libre y sin protocolo religioso buscaba poder moverse, bailar y aguantar el calor de julio. El resultado es un palabra de honor de silueta relajada, con corsé y falda vaporosa, confeccionado en un tejido ligero de aire bohemio y romántico. Nada estructurado, nada rígido: exactamente lo contrario de la novia tradicional.

La firma no es una sorpresa para quien siga su armario. Detrás está Cortana, la casa fundada por Rosa Esteva, una de las diseñadoras españolas más reconocidas por su apuesta por la moda atemporal, artesanal y ligada al Mediterráneo, con sedas, linos y fibras naturales. La presentadora lleva años confiando en ella y, de hecho, ya vistió de Cortana en la preboda de anoche, aquella cena a pie de playa en un chiringuito de la zona. El resto del look va en la misma dirección: joyas sencillas, un recogido desenfadado con mechones enmarcando el rostro, maquillaje natural y un ramo de pequeñas flores blancas.
La entrada del brazo de su hijo y un alcalde oficiando

La ceremonia arrancó sobre las 20:00 y la imagen que ha dado la vuelta es la de la periodista caminando hacia el altar de la mano de su hijo, sonriente y visiblemente emocionada, ante la mirada de más de doscientos invitados. Antes de sentarse, tuvo un gesto que la retrata: se acercó a saludar a la prensa desplazada hasta allí, ella, que llevaba semanas reconociendo que el interés mediático por su boda era lo único que le daba cierta vergüenza. Después se encontró con Luis Enríquez Nistal frente al alcalde de la localidad, Jaime de los Santos, encargado de oficiar el enlace.
Se confirma también lo que adelantábamos esta mañana: en lugar de dos padrinos, han sido los siete hijos de ambos quienes han ejercido ese papel — Jan, Mireia, Dorcette y Koudus por parte de ella; Blanca, Santi, Lola y Luis por parte de él. Y la celebración mantiene el formato prometido: cóctel, sin mesas asignadas y con la decoración girando en torno a las flores, aunque la propia novia confesó haber delegado casi toda la organización en sus amigas para poder disfrutar de los preparativos sin estrés.

La guayabera del novio tiene remitente

El novio también huyó del convencionalismo, y ahí hay un detalle que no estaba en el guion. Luis Enríquez cambió el traje clásico por una guayabera hecha a medida en rosa fresa, la prenda de la que se venía hablando desde ayer. Lo que no se sabía es de dónde salía: fue un regalo de Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta de El Español, que quiso tener ese detalle con el empresario antes del enlace. Una elección desenfadada que encaja con una boda donde la comodidad ha sido, de principio a fin, el criterio rector.
Queda un punto sin cerrar del todo, y conviene decirlo: sobre el tiempo que llevan juntos, las versiones no coinciden. Mientras algunos medios sitúan la relación en poco más de año y medio, Telecinco habla de «poco más de dos años» y añade un dato que explica bastante el tono familiar de la celebración: antes de la pareja hubo dos décadas de amistad. Sea año y medio o dos años, la boda que se ha visto esta tarde en la Costa Brava es la que ella describió desde el principio: una reunión de familia y amigos, en chanclas si hiciera falta, con vistas al Mediterráneo.
