Edmundo Arrocet ha reaparecido después de un verano entero sin dar señales, y lo ha hecho para contar un susto de salud del que hasta ahora no sabía nada nadie. «Me han visto una mancha y un bulto en un riñón», son sus palabras. El humorista chileno se ha sometido a varios análisis y a varias pruebas y está a la espera de los resultados, sin que por el momento haya ningún diagnóstico cerrado sobre qué es exactamente ese hallazgo.
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«Me han visto una mancha y un bulto en un riñón»

La frase la ha pronunciado el propio Arrocet y llega acompañada de unas imágenes que son las que dispararon todas las alarmas. En ellas se le ve saliendo de un hospital, con un sanitario que le acompaña hasta la misma puerta y con una carpeta bajo el brazo en la que lleva su informe médico. Poco después, ya en la calle, el humorista se sienta en un banco en las inmediaciones del centro y se pone a revisar esos papeles. Es ahí donde se le capta con el gesto descompuesto que ha terminado convirtiendo un reportaje gráfico en una noticia de salud. «A nosotros nos llegan estas imágenes que nos llaman la atención y nos lleva a la preocupación, porque está saliendo del hospital e incluso le acompaña un médico hasta la puerta», ha explicado Jorge Borrajo, el periodista que adelantó las imágenes este martes en Telecinco. «Le vemos con mucha cara de preocupación», ha añadido sobre las fotografías, en una de las cuales aparece con la mano puesta sobre el estómago junto al sanitario que le atiende.
Antes de publicar nada, el periodista optó por descolgar el teléfono y preguntarle directamente al protagonista. «Yo llamo a Edmundo y le explico lo que hemos visto. No quiere entrar en detalles. Lo único que me dice es que, efectivamente, le vieron una mancha y un bulto. Él dice un bulto, no sé si será un quiste, un ‘algo’ en un riñón. Le han tenido que hacer varios análisis, varias pruebas, y está esperando a los resultados», ha relatado. El cómico chileno, por tanto, no ha puesto nombre a lo que le han encontrado ni ha hablado de ninguna enfermedad concreta: se ha limitado a describir el hallazgo con las palabras que le dieron y a reconocer que sigue pendiente de lo que digan los especialistas. Ese es el punto exacto en el que se encuentra ahora mismo: las pruebas están hechas, los resultados no han llegado y el hallazgo sigue sin nombre. El propio Arrocet tampoco quiso ampliar la información cuando el periodista le llamó para contrastar lo que las fotografías mostraban.
Pruebas hechas, resultados pendientes y la recomendación de no moverse
Mientras aguarda esas conclusiones, el humorista habría recibido además la recomendación de no viajar hasta que los médicos aclaren la naturaleza de lo que le han visto, una indicación que encaja con el silencio absoluto de estos meses. «Ojalá que no sea nada», le deseó el periodista al cerrar el asunto en el plató, una fórmula que dice bastante sobre el terreno en el que se mueve todo esto: hay un hallazgo, hay unas pruebas hechas y no hay todavía una respuesta. Nadie ha hablado de gravedad, nadie ha dado un pronóstico y el propio Arrocet ha esquivado entrar en detalles cuando tuvo ocasión de hacerlo.
Esa cautela explica también por qué la noticia ha caído como ha caído. El chileno lleva años acostumbrado a manejar sus apariciones con precisión de relojero, midiendo cuándo habla y de qué habla, y esta vez el material no lo ha puesto él: lo han puesto una cámara y un teleobjetivo en la puerta de un hospital. De ahí que la desaparición de todo el verano, que se había leído como una retirada táctica más, se lea ahora de otra manera. La pregunta que se hacían este martes en el programa que presenta Ion Aramendi era, literalmente, dónde estaba Bigote Arrocet. La respuesta ha llegado por la vía menos esperada.
Un verano en blanco tras meses de pulso con el clan Campos

Para dimensionar ese silencio hay que recordar de dónde venía. El que fue el último gran amor de María Teresa Campos se había pasado el invierno y la primavera cebando la publicación de unas memorias sobre lo vivido con la presentadora que nunca terminan de llegar a las librerías. En febrero lanzaba un órdago pidiendo un cara a cara con todos antes de sacar el libro, y en abril acabó cambiando la foto de la discordia de la portada ante la amenaza legal de la familia. Después de aquello, nada: ni libro, ni serie documental, ni las entrevistas que él mismo anunciaba a cada rato.
El pulso con Terelu Campos y Carmen Borrego había sido el eje de todas sus intervenciones televisivas de los últimos años. Él sostenía que las hijas de la presentadora no le dejaban en paz y que le mencionaban para seguir siendo famosas; ellas respondían desde los platós con la misma dureza. Ese ruido se apagó de golpe con la llegada del verano y no se ha vuelto a encender hasta este martes, ya con otro asunto encima de la mesa y con el propio protagonista puesto en el papel que menos le gusta ocupar: el de quien espera una llamada del hospital.
