El glamour internacional de la alfombra roja europea se ha visto sacudido por una confesión que revela la cara más vulnerable y oculta de la industria cinematográfica. Durante la rueda de prensa oficial en el Festival de Cannes, donde la ópera prima de Javier Calvo y Javier Ambrossi, titulada La bola negra, ha hecho historia al recibir una atronadora ovación de más de 20 minutos por parte de la crítica, su gran estrella femenina ha tomado la palabra. La oscarizada actriz Penélope Cruz ha desvelado, entre la duda y la necesidad de pedagogía sectorial, el terrorífico diagnóstico médico que recibió en los camerinos apenas unos minutos antes de rodar una de las secuencias más complejas e importantes del largometraje.
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Un diagnóstico fulminante entre pelucas y coreografías nocturnas
La pesadilla de la intérprete madrileña se desató durante una de las intensas jornadas de filmación nocturna programadas por la productora Buendía Studios. El plan de rodaje exigía que la protagonista se subiera a un tanque militar para ejecutar una escena musical sorpresa junto a decenas de soldados figurantes, cuya coreografía exacta desconocía para potenciar la frescura interpretativa. Sin embargo, el verdadero giro dramático ocurrió fuera de plano. «Cuando estaba a punto de salir, me estaban poniendo la peluca, me llamó un doctor y me dijo, ‘Una cosa, la prueba del otro día, creo que tienes un aneurisma cerebral'», ha relatado de forma literal la de Alcobendas, rompiendo a llorar de inmediato mientras el estilista Pablo Morillas trataba de terminar su labor de caracterización.
Lejos de abandonar el set de grabación o dejarse arrastrar por el pánico, la actriz interrogó al facultativo sobre los riesgos físicos de afrontar las siguientes doce horas de extenuante actividad física, baile y canto bajo esa supuesta amenaza de derrame. Tras recibir el visto bueno médico para continuar temporalmente, la intérprete tomó la determinación de guardar un silencio sepulcral frente al equipo técnico y los directores para no boicotear las cinco horas de preparación previas que habían liderado los realizadores. «Estar subida en ese tanque pensando que tenía una aneurisma, que al final fue una falsa alarma, y entrando ahí y encontrar la vida… Ese día no me desmayé de milagro», ha confesado con crudeza.
La generosa reacción de los directores ante la falsa alarma
La verdad no salió a la luz hasta la jornada posterior, momento en el que la actriz acudió a los creadores de series míticas como Veneno o La Mesías para poner en su conocimiento la gravedad de la situación. Lejos de priorizar los exigentes costes financieros que arrastra una producción cinematográfica de este calibre en su desembarco internacional, los directores demostraron una enorme catadura moral. «Cuando se lo dije me propusieron parar el rodaje. ‘No pasa nada, paramos'», ha desvelado con visible emoción la protagonista, ensalzando la protección y generosidad de la pareja de creadores durante las 48 horas de agonía que restaban hasta que las pruebas definitivas confirmaron que se trataba de un error de diagnóstico.
Superado el bache de salud, la actriz ha aprovechado el altavoz de la cita cinematográfica francesa para reivindicar el calado político y social de esta obra, centrada en la figura del poeta Federico García Lorca, la identidad y la defensa encendida de las libertades civiles en la época contemporánea. En un contexto global de fuerte polarización ideológica, la de Alcobendas ha defendido la capacidad pedagógica de las salas de exhibición por encima de los canales educativos tradicionales. «Las películas no pueden cambiar el mundo, pero pueden contribuir a hacer las cosas mejor. Lo que te llega de una sala de cine a veces puedes ser más fuerte y poderoso que lo que estudias en el colegio», ha sentenciado con rotundidad antes de iniciar la carrera hacia los galardones de la Academia de Hollywood.
