Hay confesiones que desarman precisamente porque las hace alguien acostumbrado a que todo le salga bien. Penélope Cruz, una de las actrices españolas más laureadas y con una carrera capaz de doblegar a Hollywood, ha reconocido que arrastra un pánico muy concreto y muy cotidiano: conducir. La intérprete madrileña ha admitido que, a sus 52 años, todavía no tiene carné de conducir, y lo ha contado sin dramatismo, entre risas, durante su paso por el popular programa estadounidense Hot Ones, ese formato en el que las estrellas responden a preguntas incómodas mientras devoran alitas de pollo cada vez más picantes.
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La actriz no se anduvo con rodeos al describir lo que siente cuando se pone al volante. Habló de «un miedo muy profundo a conducir», una fobia que ha condicionado su día a día durante décadas y que la ha mantenido siempre en el asiento del copiloto. Lejos de maquillarlo, Cruz lo asumió con naturalidad, consciente de la paradoja que supone que una mujer capaz de sostener rodajes maratonianos en varios idiomas se bloquee ante algo que millones de personas hacen a diario sin pensarlo.
El regalo de Bono que amenaza con acabar con su gran fobia

El relato dio un giro inesperado cuando la actriz reveló quién ha decidido darle el empujón que necesitaba. Nada menos que Bono, el legendario líder de U2 y amigo personal de la intérprete desde hace años, se presentó con un obsequio difícil de superar. «Mi amigo Bono me regaló un coche por mi último cumpleaños. Suena una locura, pero me regaló un coche», contó Cruz, todavía incrédula ante la desmesura del gesto.
El detalle, más allá de la anécdota millonaria, esconde una intención muy clara. La propia actriz reconoció que ese coche funciona como «el empujón definitivo» para, por fin, atreverse a sacarse el carné y sentarse ella misma frente al volante. Un regalo, por tanto, con recado: el músico irlandés no solo le ha puesto el vehículo, sino también la presión cariñosa para que venza de una vez ese temor que la acompaña desde hace tantos años. Queda por ver si la madrileña acepta el desafío o si el flamante automóvil acaba conducido por otras manos mientras ella sigue fiel a su puesto de copiloto.
Cómo Bad Bunny la convirtió, por fin, en una madre «cool»
La conversación dejó otro momento que hizo estallar de risa al plató, esta vez protagonizado por sus hijos y por uno de los artistas más grandes del planeta. Cruz, madre de Leo y Luna, fruto de su matrimonio con el también actor Javier Bardem, explicó cómo fueron precisamente sus pequeños quienes la engancharon a la música de Bad Bunny a base de escucharlo en el coche. Esa devoción familiar terminó llevándola hasta Puerto Rico, donde el cantante la invitó a subirse al escenario durante uno de sus conciertos en la isla.

El gesto tuvo una consecuencia doméstica impagable. Según relató la actriz, sus hijos reaccionaron con una frase que cualquier padre firmaría: «Mamá, por fin podemos decir que eres cool. Podemos decir que eres una madre cool». La intérprete, agradecida y divertida, no dudó a quién dedicar semejante ascenso en el escalafón familiar. «Gracias, Benito. Gracias. Me ha costado todos estos años», bromeó, empleando el nombre real del artista, Benito Antonio Martínez Ocasio, y reconociendo con humor que había hecho falta un fenómeno global para ganarse por fin la aprobación de sus adolescentes.
El susto en pleno vuelo junto a Salma Hayek que nunca había contado

El mismo encuentro dejó una revelación mucho más tensa, de esas que erizan la piel al escucharlas. Cruz recordó un episodio vivido junto a su gran amiga y compañera de reparto Salma Hayek, con quien comparte una complicidad de años. Ambas viajaban caracterizadas de payaso cuando la voz del comandante irrumpió en la cabina para anunciar lo que ningún pasajero quiere oír: «Máscaras de oxígeno, estamos sufriendo una despresurización de cabina».
La imagen resulta casi cinematográfica, dos de las actrices más reconocidas del mundo, disfrazadas y con las mascarillas colgando, enfrentándose a una emergencia real a miles de metros de altura. El desenlace, por fortuna, fue el mejor posible. «Tuvimos mucha suerte. Aterrizamos a salvo», zanjó la intérprete, restándole gravedad a un susto que, sin embargo, dejó constancia del vínculo que la une a la mexicana incluso en los momentos más delicados. Entre el miedo a conducir, el coche de Bono, el bautizo musical de Bad Bunny y aquel aterrizaje de emergencia, la ganadora del Oscar demostró que su vida fuera de los focos da para tantas historias como sus películas.
