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Corazón

Ocho meses después de no dirigirse la palabra en el cumpleaños de Alma, Merchi y David Rodríguez vuelven a coincidir bajo el mismo techo en los 40 de Anabel Pantoja

Pedro Serrano González
8 min 218
merchi david rodriguez

Hace ocho meses, en el primer cumpleaños de la pequeña Alma, Merchi Bernal y David Rodríguez coincidieron en la misma sala y no se miraron. Ni un saludo, ni una palabra, ni una fotografía juntos. Ese fue el retrato que trascendió entonces de la fractura más dolorosa del clan. Y por eso lo del sábado por la noche en la aldea de El Rocío tiene el peso que tiene: la madre de Anabel Pantoja y la pareja de su hija volvieron a estar bajo el mismo techo, en la misma fiesta, celebrando los cuarenta años de la mujer que está atrapada en medio de los dos.

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Los dos en la misma casa: lo que está confirmado y lo que no

Que ambos estuvieron allí no admite discusión. El fisioterapeuta cordobés acompañó a la homenajeada durante toda la celebración, con la niña presente, y se deshizo en halagos al ver el radical cambio de melena de su pareja. Y fue Merchi quien no se separó de su hija en el instante de soplar las velas, con esa tarta de chocolate con forma de cuarenta coronada por velas de bengala. Los dos, en la misma casa alquilada entre las marismas onubenses, durante una noche que se estiró hasta la madrugada entre música flamenca en directo y bailes por bulerías, rodeados de Amor Romeira, Raquel Bollo, Susana Molina, José Obando, Tania Medina y el bailarín Álvaro Cuenca, que se marcó una coreografía improvisada.

Ahora bien, conviene ser escrupuloso con lo que se afirma, porque el asunto es demasiado delicado para adornarlo. La lectura de que Anabel logró «reunirles» deliberadamente, de que está tratando de reconciliarlos y de que su madre le echaría la culpa a su yerno de lo ocurrido con la niña la sostiene en solitario La Razón, sin una sola cita ni un solo documento que la respalde, y nadie más la recoge. Y hay algo que tampoco existe: una fotografía publicada en la que aparezcan juntos. Él comentó públicamente el vídeo del nuevo corte de pelo; ella fue situada junto a la tarta. Pero nadie ha enseñado todavía la imagen de los dos compartiendo plano, y sin esa imagen la palabra reconciliación se queda grande. Del mismo modo, no consta ninguna declaración pública de Merchi Bernal acusando a David Rodríguez de nada. Lo único que se conoce de ella al respecto es lo que reveló el periodista Antonio Rossi sobre su comparecencia judicial: preguntada por si creía la versión de él, respondió que «no pone la mano en el fuego» y que, como no sabía lo que había pasado, no podía decir si lo que él contaba era cierto. Eso no es una acusación. Es un «no lo sé», y la diferencia lo cambia todo.

Un procedimiento abierto, un informe pericial y una presunción de inocencia intacta

Detrás de esta guerra familiar hay una causa judicial que sigue viva y que exige una precisión milimétrica. La bebé ingresó de urgencia en el Hospital Materno Infantil de Gran Canaria en enero de 2025, cuando no tenía ni dos meses, y el centro remitió un parte de lesiones al juzgado. El informe pericial de la Unidad de Valoración Forense del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas concluye que la pequeña sufrió un «zarandeo violento» y sitúa los hechos en la jornada en que la pareja acudió al centro comercial Mogán Mall, cuando la niña se quedó a solas con su padre dentro del coche mientras la influencer hacía unas compras. Él, en su declaración ante la magistrada, sostuvo que la bebé empezó a encontrarse mal y a tener dificultades para respirar, y que lo que le dio fueron unos cachetes de auxilio para reanimarla. Su defensa ha aportado además contraperitajes privados que ensanchan la ventana temporal y sitúan las lesiones entre veinticuatro y setenta y dos horas antes de aquella crisis, lo que difuminaría la autoría.

Conviene por tanto llamar a las cosas por su nombre: eso es un dictamen de peritos dentro de una instrucción abierta, contradicho por otros peritos, y no una sentencia. Los hechos procesales objetivos son estos: ni él ni Anabel Pantoja han sido detenidos en ningún momento, no se ha adoptado contra ellos ninguna medida cautelar, conservan la guardia y custodia de su hija y su condición es la de investigados, no la de acusados ni la de condenados. La causa se instruye en San Bartolomé de Tirajana, en el partido judicial de Las Palmas, y la instrucción fue prorrogada a petición de la Fiscalía para seguir practicando diligencias. La niña, a día de hoy, no presenta secuelas. Lo que está en juego en los próximos meses es si el procedimiento avanza hacia un juicio y, llegado el caso, contra quién: hay quien sostiene, desde el conocimiento del sumario, que la acusación podría no limitarse al fisioterapeuta y alcanzar también a la madre. Nada de eso está decidido.

El origen documentado del abismo entre suegra y yerno tampoco está en un hospital, sino en un juzgado. Fue después de aquella comparecencia de Merchi cuando David Rodríguez pidió al tribunal que investigase también qué ocurre cuando la niña se queda a solas con su abuela y con la pareja de esta, Fernando, que acabó igualmente citado a declarar. Ahí se rompió todo, y de manera irreversible. Desde entonces la crónica ha ido dejando un rastro de desencuentros que nadie se ha molestado en disimular: la ruptura pública entre ambos en la primavera de 2025, la negativa de él a pasar las Navidades con ella, el viaje de Anabel a Canarias con su madre y su hija dejándole fuera de los planes y, sobre todo, aquel primer cumpleaños de Alma del pasado noviembre en el que suegra y yerno coincidieron sin cruzar una sola mirada. Ese es el listón contra el que hay que medir lo del sábado.

Los que no estuvieron: tres ausencias que no significan lo mismo

Ninguno de los Pantoja pisó El Rocío, pero meter las tres ausencias en el mismo saco sería un error, porque no cuentan la misma historia. La de Kiko Rivera tiene explicación y no admite lecturas torcidas: no pudo acudir por compromisos profesionales. El DJ está en plena temporada alta, con la agenda de verano a tope, así que lo suyo es una cuestión de calendario y no un desplante. La de Isa Pantoja es harina de otro costal, sencillamente porque no se conocen los motivos: no hay comunicado, no hay explicación y no hay ningún dato que permita concluir nada. Lo único verificable es que no estaba, y en un clan donde cada silla vacía se convierte en titular, precisamente por eso conviene no especular. Sobre todo cuando el antecedente reciente apunta justo en la dirección contraria: la propia Anabel acudió hace apenas unas semanas al primer cumpleaños de Cairo, el hijo de su prima y de Asraf Beno, y allí se la vio de lo más cómplice.

Distinto, y solo distinto, es el caso de Isabel Pantoja, donde sí existe un roce reciente y documentado que nadie ha desmentido: la tonadillera fichó hace unas semanas como jefe de prensa a Fran Fajardo, precisamente el periodista al que la familia había llevado a los tribunales y el que ha seguido de cerca el caso de la niña. Su sobrina respondió a aquel movimiento con un sonoro portazo. Ahí sí hay un contexto sobre el que apoyarse, aunque tampoco haya explicación oficial de la ausencia. Frente a ese vacío, la homenajeada se rodeó de los suyos de siempre, de su pandilla sevillana de toda la vida, esa que estaba mucho antes de que existieran los platós.

Ni exclusiva pagada ni posado en hotel de lujo: una casa alquilada entre marismas, un vestido largo de corte fluido con fondo blanco y lunares rojos, escote corazón y lazada, y una melena mucho más corta que se ha convertido en el gran titular estético de la noche. Anabel Pantoja, que en realidad no cumple los cuarenta hasta el próximo día 15 y que ha adelantado el festejo como ya hizo el año pasado, atraviesa además un momento profesional en alza como asesora del amor en el nuevo dating de Carlos Lozano en Telecinco, y un momento sentimental que ella misma describió hace unas semanas con una lucidez desarmante: «Yo no sé cuánto aguantaré, ni hasta dónde llegaremos. Ojalá sea para toda la vida, pero el tiempo que esté, voy a aprovecharlo al máximo». Esa es, en el fondo, la fotografía de esta noche. No la de una reconciliación firmada, porque nadie ha enseñado ese abrazo, sino la de una mujer que cumple cuarenta años sosteniendo, con las dos manos y a pulso, una familia partida por la mitad.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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